De Zubiri a Pamplona. Diez de abril de 2015

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Akerreta. Antiguo señorío de los Reyes de Navarra.

Las jornadas son duras para un urbanita como yo que no caminaba más de cuarenta minutos cada día. Por lo menos a mi, el camino me exige tanto que no me deja fuerzas para la imaginación.   La imaginación se excita en el reposo, en el dolce far niente. Esto de andar toda la mañana tensando los músculos, forzando las articulaciones y retorciendo todos tus miembros te deja cansados hasta los pensamientos. Está bien tener un alma fuerte capaz de soportar todo tipo de esfuerzos, pero los que exige el camino van mas allá , te aniquilan. En tus deseos no hay nada más allá de una buena ducha y una cama confortable.

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De Roncesvalles a Zubiri. Nueve de abril de 2015

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Camino a Zubiri

 

Uno todavía es pudoroso, no se si por recelo o desconfianza, pero nunca por cautela ( Ya hace años que no provoco a nadie) . Uno es recatado. Y a uno, que soy yo, le cuesta exhibir no ya su cuerpo desnudo sino incluso a medio vestir.   Seguramente me falta vida social: Tiempo en la piscina pública, en el gimnasio, o en una playa nudista. Y por eso duermo peor en un albergue.

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