Huracán Michael. 9 de octubre de 2018

Bar en Centro Habana. La Habana.

Pasó Michael por la costa más occidental de la isla y nos dejó un día oscuro de viento y lluvia. Creo que anda ya por la península de Florida; pero ayer nos mantuvo inquietos buena parte de la tarde. La televisión, sin dramatismo alguno, nos informaba cada poco tiempo de la dirección y de la fuerza del huracán.

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5 de abril de 2018. Visita breve a Trinidad

Plaza Mayor. Trinidad. Cuba.

Vuelvo de Trinidad, dejo la fiesta atrás.  La visita fue demasiado breve, una equivocación.  Ayer por la noche ya me había arrepentido de haber contratado el taxi para primera hora de esta mañana, pero ya era tarde para darse de baja en un taxi compartido.  Una pena, me hubiera quedado.  Trinidad y sus alrededores, sus playas y el Valle de los Ingenios, necesitan tres días, como mínimo.

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26 de marzo de 2018. Empapándome de La Habana

Hotel Presidente, primera hora de la mañana. Llamo al camarero y le pido un botellín de agua y el camarero diligente y servicial me pregunta: ¿La desea natural? Bueno, póngamela con gas, le digo. Lo siento, con gas no nos queda. Si no le importa la voy a preferir natural. Como desee señor. Y se fue y me trajo la botella de agua natural . Y no pasó nada, ni sonreímos.

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Desencanto. 10 de marzo de 2018

 

Jardín del Hotel Nacional , con La Habana Vieja a fondo y la Humareda de la refinería

No tuve una buena impresión de la Habana en este primer día.  Quizá no debería de escribir nada y esperar a recorrer la ciudad sin el cansancio del viaje y de una noche con tan solo cuatro o cinco horas de descanso. En ese instante antes de conciliar el sueño pensé decepcionado:  Cuarenta días en la Habana van a ser un exceso.

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Me voy a La Habana. 9 de marzo de 2018

 

Aeropuerto de Lavacolla

Una de las mujeres que me cuidó en la infancia estaba convencida de que su felicidad estaba en visitar Cuba y en comprarse una casa en La Virgen de La Cerca.  Para cuando llegó Fidel mi idea de Cuba estaba hecha a semejanza del paraíso del que me hablaban las monjas en el colegio de Las Huérfanas y los catequistas de Salomé.  Y en los primeros años de la revolución nada cambió, continuaron los suspiros caribeños de aquella mujer.   Sigue leyendo