Veinticinco de enero. Amanecer en Waku-Kungo

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Ya me gustaría contaros un despertar diferente, con el sol reventando en la habitación, levantándome el ánimo y obligándome a salir a disfrutar de la mañana.  No fue así.  Me desperté solo después de haber dormido de un tirón. Lo que no me ocurría desde hacía años. Habrá que tener en cuenta las condiciones.  El colchón era duro como una tabla, la almohada indefinible, el aire acondicionado silencioso y del compañero de habitación ni me enteré. A lo mejor fue la dosis de cansancio que llevaba. Sigue leyendo