Catorce de febrero. Adios Kuemba, adios.

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La memoria de la guerra se hace a un lado

Eran los últimos momentos en Kuemba.  Me levanté temprano, todavía no había amanecido, serían sobre las cinco y diez de la mañana.  Necesitaba el tiempo para recoger todo e ir a dar una última vuelta al rio.  El Kuemba me había impresionado.  Lo mismo que había sabido convertirse en el centro de la vida de la ciudad, también a mi me ha había seducido.  El rio y su entorno, incluida la casa arruinada que domina la ciudad y el valle al que se precipita el Kuemba. Sigue leyendo