No fui al beisbol. 17 de octubre de 2018.

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El malecón. La Habana.

Volví por el Bodegón Theodoro, esa taberna antigua que está en la calle de San Lázaro, a doscientos metros de la Universidad.  Donde, al parecer, Fidel Castro solía bajar a tomar algo cuando era estudiante universitario.  Allí había estado hace unos días comiéndome un pan con lechón de desayuno.  Pero hoy, como iba sobrado de tiempo, me detuve con la intención de saber quién era el autor del cuadro que está colgado cerca de la barra y del que me llevé una foto el otro día. Ninguna de las dos mujeres que estaban allí supieron decírmelo. Ni quién era el pintor ni quien era Theodoro cuyo nombre lleva el bodegón.  Pero me contaron lo de las visitas de Fidel siendo estudiante.

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11 de abril de 2018. Al calor de La Habana

Hemingwy en El Vedado. La Habana.

De nuevo el sol y el calor.  No puedo más que celebrarlo, me dicen que en Galicia no ha dejado de llover en los últimos cien días .  Me gusta el calor y el sol.  He bajado hasta al Habana Libre . Disfruto desayunando Cuba en la cafetería exterior asomado al amplio cruce de la 23 con la L. Además tiene wifi.  Y es navegando cuando me doy cuenta de que se me acaba la tarjeta.  En el Focsa, que está cerca, bajando la M hacia El Malecón, hay unas oficinas de ETECSA en la entreplanta y para allá me voy después del desayuno.  Sigue leyendo: https://viloriagrandesviajes.com/viaje-a-cuba-de-rodolfo-lueiro-almendrares-11-de-abril-de-2018/

Desencanto. 10 de marzo de 2018

 

Jardín del Hotel Nacional , con La Habana Vieja a fondo y la Humareda de la refinería

No tuve una buena impresión de la Habana en este primer día.  Quizá no debería de escribir nada y esperar a recorrer la ciudad sin el cansancio del viaje y de una noche con tan solo cuatro o cinco horas de descanso. En ese instante antes de conciliar el sueño pensé decepcionado:  Cuarenta días en la Habana van a ser un exceso.

Veremos qué pasa. Sigue leyendo

Me voy a La Habana. 9 de marzo de 2018

 

Aeropuerto de Lavacolla

Una de las mujeres que me cuidó en la infancia estaba convencida de que su felicidad estaba en visitar Cuba y en comprarse una casa en La Virgen de La Cerca.  Para cuando llegó Fidel mi idea de Cuba estaba hecha a semejanza del paraíso del que me hablaban las monjas en el colegio de Las Huérfanas y los catequistas de Salomé.  Y en los primeros años de la revolución nada cambió, continuaron los suspiros caribeños de aquella mujer.   Sigue leyendo