DE TRIACASTELA A MORGADE. TRES DE MAYO DE 2015

Camino de Sarria

Camino de Sarria

Hoy he alargado la etapa. Tenía que quedarme en Sarria pero llegué tan temprano que decidí andar doce kilómetros mas. Me he quedado en la casa rural que hay en Morgade. Yo creo que no hay ninguna casa más. Que esta casa grande es todo Morgade. No hay más vecinos que los que trabajan aquí. Y de ellos muchos están emparentados entre si. Sigue leyendo

DE VILLAFRANCA DEL BIERZO A O CEBREIRO. UNO DE MAYO DE 2015

Subiendo a O Cebreiro

Subiendo a O Cebreiro

No sé hacer un balance del día. Fueron 28 kilómetros, de los que veinte los hicimos por carretera. Menos mal que como era festivo apenas circulaban coches. Además llovía, con lo que todo resulta un poco mas pobre y lo que ya es pobre resulta miserable. Los ocho kilómetros del final fueron por unos caminos intransitables, de piedras y barro, que nos subieron a lo alto de los montes y nos llevaron a través de las aldeas de mayor pobreza, como Ruitelan, La Faba y la Laguna de Castilla. Sigue leyendo

DE PONFERRADA A VILLAFRANCA DEL BIERZO. TREINTA DE ABRIL DE 2015

Camino de Villafranca

Camino de Villafranca

Me vine a Villafranca del Bierzo sin saber donde iba a dormir. Después de haber descansado tan bien en el Hotel Madrid, el más antiguo de Ponferrada, no me pareció importante tener la cama asegurada para esta noche. Claro que me equivoqué. Pero ayer acabé cansado y no tuve fuerzas para ponerme a buscar. Eso es mejor hacerlo con cierta capacidad sino me pasa como en Foncebedón, y acabo durmiendo en otra pocilga como la de Monte Irago. Sigue leyendo

De Foncebadón a Ponferrada. Veintinueve de abril de 2015

Salí de Foncebadón esta mañana como quien huye de la peste. Todavía faltaba mucho para el alba y un coreano, asistente de director de cine según me contó, me iba alumbrando con su móvil.   Fue atento y a cambio yo le acompañé durante cuatro kilómetros a su paso, y le mantuve la conversación mientras el resuello me dejó decir palabra. Cuando me rendí y aminoré la marcha, nos fuimos separando hasta que a él acabó tragándoselo la niebla.   Salí temprano, ya dije, e hice bien en no seguir los consejos del pasadero, del sucio posadero, y no esperar a que llegara el día para salir al camino.  Me recomendaba que saliera con el día para disfrutar de las vistas de la caminata.  Pero hice bien en desatender su recomendación.  El monte Irago estaba cubierto por las nubes y no hubiera visto nada incluso con el sol encima. Sigue leyendo

DE TERRADILLOS DE LOS TEMPLARIOS A BURGO RANERO. 24 de abril de 2015.

 

Laguna en Burgo Ranero

Laguna en Burgo Ranero

Me escribía un amigo para advertirme de una horrible falta de ortografía, que juraría que no la cometí yo, no porque no las cometa, sino porque en el caso de esta palabra me parece más difícil escribirla mal que bien. Se trataba del mes de abril. Claro que, os preguntareis: si no fuiste tu, quién fue? Pues el ordenador. ¿No tengo yo un teléfono que marca la hora que le da la gana y no me da la oportunidad de corregirlo? Pues este ordenador a veces tiene vida propia. Existió en Santiago un viejo profesor de arte que dedicó su vida a demostrar que una vez cada no se cuantos años las figuras de piedra de la catedral de Santiago se movían. Sigue leyendo

De Hontanas a Boadilla del Camino. Veintiuno de abril de 2015

Cerca de Boadilla del Camino

Cerca de Boadilla del Camino

Tenía pensado hacer mi segunda parada en Itero de la Vega que es el primer pueblo de tierras palentinas por el que pasa el camino; pero al cruzar el Pisuerga iba tan contento y ensimismado que no me di cuenta que el peregrino británico que iba como unos quinientos metros delante de mi, no había hecho caso de las señales y se dirigía a Boadilla del Camino por la carretera provincial que habíamos tomado para cruzar el río por el puente Fitero. Y a mi me llevaba a arrastras. Sigue leyendo

DE TORRES DEL RÍO A LOGROÑO. CATORCE DE ABRIL DE 2015

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Entrando en Logroño

 

Cuando bajé a la recepción del hotel todavía no habían dado las seis y media. No estaba previsto que hubiera alguien por lo que acordamos que dejara la llave de la habitación encima de la barra del bar. Sin embargo, se oían voces. Por lo menos cuatro hombres estaban hablando animadamente.   Menuda liada, pensé. Las seis y media y estos todavía están aquí. Por un momento me pareció que Torres del Río me había engañado. Por lo menos había alguien dispuesto a un pequeño exceso. Pero no, eran unos pintores que acababan de llegar de Pamplona para darle una mano rápida al comedor. Sigue leyendo