De Orisson a Roncesvalles. Ocho de abril de 2015

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Los italianos me alcanzan en mi descanso. a 1 km del alto de Lipoeder

Roncesvalles. Recién llegado intento ponerme al día.  Remediar la falta de wifi en el refugio de Orisson.  Internet va tan despacio que es imposible no desesperarse. Me pescó la tabernera maldiciendo. Estaba yo solo, ni siquiera estaba la televisión encendida, que eso de hablar con la tele es muy corriente. Le pasa algo? Estoy hablando por Skype, le dije. Como si fuera posible en Roncesvalles.

Había prometido, a mi mismo, que hoy sería modoso, que me abstendría de tonterías después del vendaval que sufrí ahí arriba. Sufrí tanto con el viento que no creí que tuviera humor para ninguna imbecilidad. Pero parece que mi resistencia es infinita. Lo siento por vosotros que tendréis que seguir leyendo las tonterías que se me ocurren mientras le entro a saco a la memoria del día.

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De Saint Jean a Orisson. Siete de abril de 2015

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En los primeros kilómetros

 

 

Seis horas después de haber apagado la luz ya estaba tan despierto como para levantarme, pero preferí esperar a que rayara el alba, que es como se escribía antes amaneciera. Sobre las cuatro ya había andado por la habitación y acercado hasta la puerta de la terraza para ver si se veía algo en plena noche. No, todo estaba oscuro. El frío me había levantado, así que decidí ponerme unos calzoncillos largos que traje para salir de estos apuros y echarme por encima una manta gorda que había en la repisa que hacía de armario. A las seis, visto que la claridad era escasa, me arrebujé bajo la manta y esperé que fuera abriendo la mañana. Al hombre que me había abierto el hotel le había dicho que bajaría a desayunar a las ocho..

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