De Foncebadón a Ponferrada. Veintinueve de abril de 2015

Salí de Foncebadón esta mañana como quien huye de la peste. Todavía faltaba mucho para el alba y un coreano, asistente de director de cine según me contó, me iba alumbrando con su móvil.   Fue atento y a cambio yo le acompañé durante cuatro kilómetros a su paso, y le mantuve la conversación mientras el resuello me dejó decir palabra. Cuando me rendí y aminoré la marcha, nos fuimos separando hasta que a él acabó tragándoselo la niebla.   Salí temprano, ya dije, e hice bien en no seguir los consejos del pasadero, del sucio posadero, y no esperar a que llegara el día para salir al camino.  Me recomendaba que saliera con el día para disfrutar de las vistas de la caminata.  Pero hice bien en desatender su recomendación.  El monte Irago estaba cubierto por las nubes y no hubiera visto nada incluso con el sol encima. Sigue leyendo