Domingo. 14 de octubre de 2018.

La Habana

Ayer, tras la excursión a Viñales, que me dejó a las ocho en el Hotel Sevilla, todavía caminamos media Habana Vieja y atravesamos Centro Habana con un calor pegajoso. Por eso creí que hoy sería un día de no hacer nada.  Pero caminar forma parte del descanso, por lo que parece.  A Nuestro Hombre en La Habana, dado que era domingo, le pareció maravilloso disfrutar de la mañana tirado en una terraza de la Plaza Vieja. Allá nos fuimos… andando.  A medio camino nos separamos.  Se desespera con mis paradas técnicas, para hacer fotos. Cuando llegué Nuestro Hombre estaba delante de una taza de café leyendo algo así como “El Poder, una bestia magnífica”.

Plaza Vieja. La Habana Vieja. La Habana.

Habíamos salido de casa muy temprano, tempranísimo para ser domingo, las calles estaban desiertas y solo parecía un buen día de verano.  En esta época que es temporada baja para el turismo puedes pasearte sin ver un turista.  Uno se olvida que lo es hasta que se ve reflejado en el cristal de un escaparate.  Así las fotos están mejor, sin guiris.  No las de las calles por donde yo ando, que no suele haberlos ni en temporada alta, pero si en las de la Habana Vieja, sobre todo en la avenida del Capitolio, en el paseo José Martí o en el parque Central.

Centro Habana. La Habana.

Salí de casa haciendo fotos.  Irresistible en La Habana.  Ya había disparado la cámara a las terrazas con las que me desperté esta mañana.  De madrugada,  había apagado el aire acondicionado de mi habitación, porque me congelaba,  y abierto el ventanal de la sala y las ventanas de mi cuarto para que corriera el aire, funcionó y me quedé dormido.  Al despertarme lo primero que vi fue el sol reflejado en las terrazas de delante de casa.  Me gustó y me levanté a hacer la foto del momento.  De paso le disparé también a un ciclista que, a esa hora, tenía para él solo toda la calzada. 

Calle Espada. Centro Habana.

Ya en la calle seguí con la cámara y no dejé de hacer fotos, un gato en los portales contínuos al nuestro, unos nombres en una pared, una mujer en el mercado observada por un madrugador aburrido, una mujer navegando por internet, el Capitolio, con el Gran teatro Alicia Alonso (para nosotros todavía el Centro Gallego, pero solo para nosotros), el Museo Nacional de Arte (antes Centro Asturiano)  las calles de Centro Habana, una iglesia en la primera hora del domingo y así hasta que Nuestro Hombre desesperado me dijo:  mejor nos vemos en La Plaza Vieja.

Centro Habana. La Habana

Me pareció genial y no tardé en liarme con cinco mujeres en una charla en la que se quejaban de la situación que estaban viviendo. Ay! Mi amol, me dijo una macizota y rubia que iba a cumplir cincuenta años en unos meses, cuando les escucho a ustedes decir que se agobian porque le llegan los plazos para pagar el televisor, el coche y la hipoteca de la casa, pienso en que yo no tengo para comprar la escoba que se me rompió el mes pasado.

Es mucho sacrificio, me decía la que ya estaba jubilada con una pensión de menos de 300 pesos, de 12 euros.  Es mucho sacrificio, insistía para continuar diciendo, lo malo es que no saben cómo solucionar esta situación en la que estamos.  

Eso es lo imperdonable, decía una negra alta y huesuda de edad indefinida, porque llevan sesenta años gobernando, no acaban de llegar. 

No saben encontrar una salida.  A lo mejor es que este sistema no funciona, decía la rubia.

Me acordé de la canción “Sei que non sabes, sei que non podes ou non coñeces ás habilidades”.  Pero no se la canté.  Ni tampoco le dije nada de la reciente reunión mantenida por el Presidente del Gobierno, Díaz-Canel, para analizar la productividad industrial en el país.  La nota de prensa resultaba penosa, salvo que se interpretara como una nota de humor, parte del guion de una comedia. 

Centro Habana. La Habana.

En el Diario de La Juventud Rebelde, se daba cuenta de la reunión en la que Díaz-Canel tuvo que escuchar y valorar, imagino, entre otros informes el del presidente del Grupo Empresarial de Electrónica, quien habló de las inversiones del 2014 para la fabricación de cocinas de inducción y sus menages y que en los años 2015 y 2016 se crearon “capacidades” para la producción de lámparas LED.  Acerca del despliegue de la TV digital destacó que entre los años 2014 y 2018 se fabricaron más de 200 mil televisores de 32 pulgadas, antenas domésticas y profesionales, así como cajas decodificadoras de las cuales se han desarrollado cuatro modelos e introducido mejoras tecnológicas.  También contó en su detallado informe que se habían realizado otras producciones como ollas arroceras y de presión eléctricas, pesas y balanzas, cargadoras de baterías, equipos médicos y ventiladores domésticos. Y por último habló del vínculo que su Grupo mantiene con universidades y otras entidades vínculos para desarrollar varios proyectos para aprovechar las potencialidades de investigación de estos centros.

La Habana.

En esta reunión para conocer la productividad del país se habló también del turismo, de la salud, de la alimentación y de Biocubafarma. 

Y en esas anda Díaz-Canel. Cómo va a tener tiempo para saber por dónde tirar si está liadísimo en valorar si 200 mil televisores de 32 pulgadas son los adecuados, si la calidad es suficiente, si son muchos o pocos, si los cuatro años en que se han fabricado en el plazo de tiempo es el correcto, etc, etc, etc.  y todavía tendrá que hacer unas preguntas, cómo por ejemplo, ¿cuantas fábricas y cuantos trabajadores han participado en la elaboración de esos 200.000 televisores, y por qué todos de 32 pulgadas y por qué 200.000 mil, y a cuanto se han vendido y cuántos se han comprado?   Buuuf! Y todavía le faltaba detenerse en las lámparas LED, las ollas a presión, las cocinas de inducción y sus menajes, etc, etc, etc.

La Habana.

Me detuve más tiempo en la Farmacia La Unión.  No sé la historia, pero parece ser que era de un tal Sarrá que era dueño de toda la manzana y por lo que se ve que se mantiene en pié, debía de tener toda una empresa farmaceútica.  Pero no lo sé.  Hoy, además de seguir funcionando como farmacia, se mantiene como museo. En él, una funcionaria, aquí son todos funcionarios excepto los Trabajadores por Cuenta Propia, me pidió dinero para ayudar a mantener el museo.  Le dí unos dólares y, en una libreta donde había una lista de quien donaba y la cantidad que entregaba, escribió una primera letra mayúscula y se detuvo para decirme que podía ver todo lo que se veía, y ya no escribió más. Me quedé calculando que si escribe una letra por cada donante, cuantos donantes necesita para escribir un renglón? ¿Y qué se leerá en el renglón cuando lo concluya?  ¿Tendrá ya pensado desde el primer momento el resultado final o irá improvisando una letra con cada donante?   Dado como se la gastan en las reuniones del gobierno para a analizar la productividad industrial, no es descabellado pensar en el arte de esta mujer para birlar unos dólares.  Pero bueno, me dije, la farmacia La Unión es extraordinaria.  Y anoté como buena acción de la Revolución haber salvado esta farmacia. Y seguí camino.

Farmacia La Unión. La Habana Vieja. La Habana.

No sé lo que hizo Nuestro hombre en La Habana desde que me dejó hasta que lo encontré, casi dos horas más tarde.  Pero estaba en donde habíamos quedado. Cuando llegué el sol ya no hacía sombras en la plaza y Nuestro Hombre estaba delante de una taza de café leyendo algo así como “El Poder, una bestia magnífica”.  Me senté a su lado, pedí una Tu Cola, y pasó un buen rato antes de que nos habláramos.

La Habana Vieja. La Habana.

Por no alargar más esta entrega os diré que seguí haciendo fotos, que no hice otra cosa que  disparar con mi cámara y caminar callejeando por La Habana Vieja y por Centro Habana, Lo que Nuestro hombre en La Habana llama no hacer nada.

La Habana Vieja. La Habana.

Al final del día estaba roto y celebré que aceptara que cerráramos la jornada tomando algo en la terra del Hotel Inglaterra. 

Sobresalientes las fotos del anochecer desde la terraza del histórico Hotel Inglaterra en las que aparecen la bandera de Cuba, aportada por el mismo hotel, uno de los torreones del teatro Alicia Alonso (el Centro gallego) y la cúpula del Capitolio en un cielo en el que no tardó una hora en desatarse una tormenta.

Terraza del Hotel Inglaterra. La Habana Vieja. La Habana.
Desde la Terraza del Hotel Inglaterra. La Habana Vieja. La Habana.
Desde la Terraza del Hotel Inglaterra. La Habana Vieja. La Habana.
Desde la Terraza del Hotel Inglaterra. La Habana Vieja. La Habana.
Desde la Terraza del Hotel Inglaterra. La Habana Vieja. La Habana.
Desde la Terraza del Hotel Inglaterra. La Habana Vieja. La Habana.
Desde la Terraza del Hotel Inglaterra. La Habana Vieja. La Habana.
Centro Habana. La Habana.
Centro Habana. La Habana.
La Habana Vieja. La Habana.
Centro Habana. La Habana.
La Habana Vieja. La Habana.
La Habana Vieja. La Habana.
La Habana Vieja. La Habana.
La Habana Vieja. La Habana.
Centro Habana. La Habana.
La Habana Vieja. La Habana.
Centro Habana. La Habana.
Centro Habana. La Habana.
Centro Habana. La Habana.

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