Huracán Michael. 9 de octubre de 2018

Bar en Centro Habana. La Habana.

Pasó Michael por la costa más occidental de la isla y nos dejó un día oscuro de viento y lluvia. Creo que anda ya por la península de Florida; pero ayer nos mantuvo inquietos buena parte de la tarde. La televisión, sin dramatismo alguno, nos informaba cada poco tiempo de la dirección y de la fuerza del huracán.

Lo peor fue para los vecinos de Pinar del Río, la provincia próxima y la más afectada. La Habana solo estuvo en una fase de aviso. Si no es por la tele, nosotros no nos hubiéramos enterado. Llueve como en casa, diríamos. Que somos del reino de la lluvia.

Centro Habana

Necesité cambiar dinero, por 300 € me dieron 335 CUC o dólares como le llama la gente de la calle.  Justo al lado de la agencia de cambio está la Casa del perro así que desayuné otra vez una salchicha con mostaza y kétchup por diez pesos, o,40 CUC y me fui a comprar 15 horas de internet por 15 CUC, y a la oficina, a una de las mesas de la cafetería exterior del Habana Libre, para beber algo que me ayudara a digerir lo desayunado.

El Vedado. La Habana.

Hoy se esperaba cierto caos en el tráfico. Es el primer día tras la entrada en vigor de la nueva legislación fiscal y de control de los taxis, de los cinco tipos de taxis que circulan por La Habana.  No hubo nada. Solamente utilizo taxis para trayectos que superan los tres kilómetros que es cuando suelo ir a los barrios más alejados o a bañarme a la piscina natural que hay en el Copacabana, en Playa, pero hoy decidí coger uno para ir a donde siempre, a La Habana Vieja.  Salí del Habana Libre y deseché los dos primeros, porque lo que yo quería era un almendrón, el más barato, un taxi compartido con tarifa fija de 10 pesos cubanos, 0,80 de CUC. Los almendrones son coches de los 50 descuidados de chapa y pintura, que se mueven en ida y vuelta en un trayecto fijo, tipo metro. Si te sales de su trayecto tienes que cambiar de almendrón, como si cambiaras de línea.

Interior de un almendrón. La Hanana.

Al que me subí era un almendrón de 9 plazas, me dejó en el Paseo José Martí que es donde le dije que quería bajarme porque está al ladito del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba.  Allí me pasé buena parte de la mañana.

Era una visita para echar un vistazo, pues mi desconocimiento del arte cubano es total, así que sin referencias entraba sin prejuicio alguno, con la única intención de detenerme en lo que me llamara la atención. Hice las fotos a los cuadros que más me gustaron sin tener en cuenta el nombre de los autores. De esta manera me vine con cuadros de Guillermo Collazo y de Federico Martínez, de la época colonial. Son retratos de mujeres que me llamaron la atención, con el retrato de Collazo me llevé la sorpresa por el nombre de la mujer, Carmen Bacallau de Malpica, (sería una broma?), fechado en 1883.

Guillermo Collazo. Carmen Bacallau de Malpica (1883)

De María Pepa Lamarque me traje el único que vi y que me gustó mucho, Paisajes de Puentes Grandes, que fechó en 1923. También me traje cuadros – fotografiados, por supuesto- de las distintas épocas de Eduardo Alba, un montón de Jorge Arche, de los años 30, uno de Arístides Fernández, el retrato de su madre, también de los treinta o de los 20 del siglo pasado, unas casitas de Victor Manuel García, que son del 43,  de Eduardo Consuegra, “La Huella” del año 60, y una foto de la foto de Lezama Lima, que se exponía en las Cien Fotos de la Historia de la Fotografía en Cuba.

Eduardo Abela. Santa Fe,1936

A la salida del museo entré en el Hotel Parque Central, a tomarme algo y a esperar a Nuestro hombre en La Habana con el que había quedado para comer en la misma casa de comidas que descubrimos hace tres o cuatro días, que está en la calle Consulado, justo en la esquina, al lado del número 103.  No es el número 101, porque la casa pertenece a la otra calle y no tengo ni idea de cómo se llama, lo miraré.  Pues mientras esperaba me leí el prospecto que te dan a la entrada del museo y para mi sorpresa, había elegido cuadros de los pintores más representativos de cada época. Me faltaron Santiago  Armada y, sobre todo, el más reverenciado del siglo XX , Wifredo Lam, que es el único que conocía y que se me debió de despistar. En el prospecto no nombraban a muchos de los que me gustaron. 

Comimos pollo trozeado con arroz en blanco, rodajas de bananas, algo verde como judías de las redondeadas y garbanzos fritos yo. Nuestro Hombre en La Habana cambió el arroz en blanco y los garbanzos fritos con arroz moro y un jugo de ciruela cada uno. Compartimos mesa con dos mozas que hicieron la larga espera por sus platos en silencio y cogidas de la mano, que una de ellas besuqueaba amorosamente de vez en cuando. Intenté hablar con ellas, pero fue imposible mantener una conversación. Debían de ser de pocas palabras pues ni entre ellas dijeron muchas.

La Habana Vieja. La Habana.

Pagamos por la comida 240 pesos y salimos con la convicción de que nos habían clavado. Habíamos pagado 5 CUC, algo menos de 5 euros, cada uno. Nuestro Hombre en La Habana acaba por contagiarme su código de medidas. De vez en cuando, necesito detenerme y observarme detenidamente porque corro el riesgo de convertirme en otro y me da mucha pereza tener que conocerme de nuevo.

Paseo del Prado. La Habana.

Tras la comida Nuestro Hombre en La Habana quiso que le acompañara a visitar a un amigo. Es un hombre interesante, me dijo. Y le acompañé. Tampoco hay que insistirme mucho. Félix Sautié dirigió el diario Juventud Rebelde, hace de eso 50 años, ahora anda por los ochenta y sufre las consecuencias de arrastrar una diabetes desde hace años. Se mueve mal y con dolor. Él dice que anda en el último tramo. Pero se mantiene lúcido y crítico, siendo un defensor público del nuevo presidente del país, Miguel Díaz Canel, quien, precisamente, no cuenta con el apoyo de los viejos pesos pesados del Partido, que son más de la quinta de Sautié.

Peluquería en La Habana Vieja.

Félix es un cristiano marxista que desde un blog que mantiene abierto en internet, lo mismo aboga por defender su fe cristiana, que por la retirada de los viejos revolucionarios del Comité Central, para que cedan el paso a los más jóvenes.  También ahí les mete caña a los burócratas que persiguen todas las críticas justificándose en que son armas para el enemigo, cuando ellos son los principales enemigos de la Revolución; se escandaliza por el estado de abandono en que se encuentra la ciudad de La Habana, no equiparable con la situación de ninguna otra ciudad de Cuba, y defiende claramente a Díaz Canel.  Para que no os creáis que es más de lo mismo como nos dicen nuestros medios. 

La Habana.

En su apuesta por el nuevo presidente no se queda corto. Eleva a símbolo de este momento de la Revolución Cubana a la pareja Díaz Canel. Su esposa Lis Cuesta le acompañó en todo momento en su reciente visita a la sede de la ONU, en Nueva York. Y no duda en establecer un paralelismo con el símbolo inequívoco del triunfo de la Revolución, como fue la entrada de Fidel en La Habana aquel 8 de enero del 1959. Cada época tiene sus símbolos y dice que en aquel momento histórico “se iniciaba una nueva etapa de libertad, equidad y justicia social no exenta de peligros y acechanzas” y que es inevitable traspasar al momento actual que dirige Díaz Canel.

La Habana.

Estuvimos unas dos horas con él y con su mujer española que se sumó a la charla en el tramo final. Estos asuntos que yo leí después en su blog, no salieron en la conversación que él convirtió, seguramente sin proponérselo, en una lección de historia en la que en todo momento dejó constancia de su admiración y amor por España a donde acude a pasar alguna temporada, pues ahí viven dos de sus hijos.

La Habana.

La charla fue entretenida porque fue trufando su lección con anécdotas. Nos contó, por ejemplo, que en el Palacio de los Capitanes Generales, sede del poder en Cuba hasta los primeros años del Siglo XX y hoy convertido en Museo de la Ciudad, se encuentra el salón del Trono, que incluye el trono que estaba dispuesto para que en él se sentara el rey de España que visitara la isla. Cuando en 1999 el rey Juan Carlos visitó Cuba, con motivo de la Cumbre Iberoamericana celebrada en la Isla, que no fue una visita oficial al país, recorriendo el palacio de los Capitanes Generales todo el mundo esperaba que se sentara en el trono que esperaba al Rey de España desde hace más de doscientos años, pero el entonces presidente del gobierno español, José María Aznar, acelerando la visita impidió que Juan Carlos lo ocupara por primera vez. No fue el único gesto que realizó Aznar para evitar cualquier interpretación de amistad de España con Cuba. También impidió que el rey Juan Carlos saludara al pueblo de La Habana que con verdadero afecto había ocupado las calles para recibirle. “Parece que ahora, antes de que termine el año, nos dijo Félix Sautié, Felipe VI podrá sentarse en el Trono que está esperando por su Rey desde Fernando VII , por lo menos”.

La Habana Vieja. La Habana.

Quedamos en volver y, la verdad que estoy deseando hacerlo. Aunque su enfermedad y convencimiento de que está en la última etapa de la vida no me da muchas esperanzas.  Me pasé estos últimos meses, alguno desde la cama, despachando para el otro mundo a personas a las que quería mucho y no me anima hablar con alguien que te confiesa que está haciendo las maletas.

No sé si es bueno ir asumiendo la vejez que te va empapando a la misma velocidad que la que lleva el tiempo, que ya es mucha. 

Centro habana. La Habana.

Tras la visita al ilustre periodista yo caminé hasta casa fotografiando lo que veía, en el trayecto me compré un helado de chocolate que se derretía más aprisa de lo que era capaz de comérmelo, compré unos plátanos enanos en el mercado de San Rafael y me cayó la gorra en un charco de agua putrefacta. Cuando llegué a casa encendí los aires, metí la ropa en agua y yo me puse bajo la ducha. Desde la mañana no volvió a llover, ahora el huracán Michael ya está revolviendo la península de Florida y en La Habana hace un calor de muerte.

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