Viaje de ida. 2 de octubre de 2018

Aeropuerto de Lavacolla. Santiago de Compostela

Ayer fue un día largo.  Me levanté a las siete en Meis y me acosté a las seis del día siguiente en La Habana.  Mucho ambiente en los aeropuertos, mas en el de Madrid que se ha convertido en un centro comercial donde parece que todo el mundo está esperando a que el otro acabe de comprar para irse.

En los dos aeropuertos mucho color y muchas luces. En el de La Habana no. En el de La Habana no hice fotos, para no liarla pues me pareció que estábamos todos cansados, incluso los habaneros, y en los aviones tampoco. Los vuelos fueron agradables, se movieron lo justo.  Las azafatas encantadoras, aunque la más guapa dejó de sonreírme cuando le puse la zancadilla al pasar junto a mi asiento.  No fue intencionadamente.  Yo estaba leyendo y estiré la pierna para desentumecerla.  Le salvó la estrechez del pasillo, no hay espacio ni para caerse. Me miró mal, ni logré evitarlo a la vez que le pedía perdón repetidamente.

Aeropuerto de Madrid “Adolfo Suárez”.

Cuando fui a elegir asiento, no tuve necesidad de cambiarlo, me habían dado pasillo junto al asiento de la ventanilla, el mejor.  Me tocó al lado una habanera negra jovencita que regresaba a casa después de un año y medio de ausencia.  Estaba casada en Ribadeo.  Era delgadita, muy agradable y educada.  Se pasó el viaje con la cabeza reposada en la ventanilla viendo la tele, salvo una hora en que se quedó dormida.  No cruzamos más de cinco frases.  Una pena, porque no me ayudó nada a sobrellevar las diez horas del viaje. Ni la noté, me dejó el reposabrazos común y no se levantó ni una sola vez durante el vuelo.  Solo hizo algo que me llamó la atención, una hora antes de tomar tierra.  Sacó un neceser de la bolsa que llevaba a los pies, extrajo una polvera redonda y con espejo en el interior de la tapa, como las de mi madre, y se empolvó la piel tersa y joven de la cara.  No me atreví a decirle que me dejara ver el efecto de empolvar de un color crema aquella piel.  Pero me hubiera gustado verlo con detenimiento.

Aeropuerto de Madrid “Adolfo Suárez”.

Me tiré tres cuartos de hora en la cola para pasar el control de pasaportes, donde una pareja de españoles, que tenía delante, casi alcanza la desesperación y donde acabaron intentando cambiar la organización de las filas.  A algunos turistas deberían de prohibirles la entrada, por prepotentes.  Cuando una hora y cuarto después de haber aterrizado cogí mi maleta en el cinta de equipajes ellos estaban allí esperando por las suyas.

Cuando dejé el aeropuerto de La Habana eran las cuatro de la madrugada y la temperatura en la calle era de 33 grados.  Allí estaba esperándome Nuestro Hombre en la Habana con un Lada del setenta que nos llevó hasta Centro Habana, a la casa de la calle Espada.  Un cuarto sin ascensor.  El conductor del Lada tuvo que ayudarme a subir la maleta que era todo botellas de aceite y medicinas.  El aceite para regalar, las medicinas para mis miedos y mis males.

Aeropuerto de Madrid “Adolfo Suárez”.

La casa bien, confortable. Cuatro platos soperos y una fuente, terraza con cuatro macetas cuyo riego nos han encomendado, y dos habitaciones con “darling” (aire acondicionado) en cada una convirtiéndolas en frigoríficos. Abierta la maleta me entró hambre y salimos a tomar algo.  

En la Habana iban a dar las once de la noche, las cinco de la madrugada en España, si nos dábamos prisa todavía alcanzábamos a encontrar el Biky abierto.  La ciudad, como siempre, vieja, apacible y acogedora. Tomamos fajitas de pollo y una ensalada. Para beber jugo de guayaba y de postre dos helados de Vainilla.

De nuevo en casa terminé de distribuir las cosas de la maleta por el pequeño armario y por el suelo y me metí en cama.  Una cama grande con un buen colchón y dos almohadas. Antes de cerrar los ojos miré la hora en el móvil, que había puesto a cargar en el suelo porque no hay mesilla, eran las seis de la madrugada, las doce de la noche en la Habana.

Aeropuerto de Madrid “Adolfo Suárez”.
Aeropuerto de Madrid “Adolfo Suárez”.
Aeropuerto de Lavacolla. Santiago de Compostela

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