La vuelta. 23 de enero de 2016

La ciudad que me espera

La ciudad que me espera

De nuevo en casa. Mañana comenzará la readaptación. El encontronazo con la vida que me espera.   Mis esfuerzos ahora estarán en recuperar el placer por la rutina rota con este viaje, en ejercitarme también en mis obligaciones, en el cumplimiento de mis compromisos, de los que casi siempre lamento haber contraído.   Trataré de evitar la desgana y el aburrimiento que me producen las tardes de lluvia, que aquí son tantas. Me rendiré a… Pero eso será mañana. Hoy estoy roto. Cuatro horas después de haber recogido la mochila en la cinta del último aeropuerto me he dado una larga ducha de agua hirviendo y me he metido en la cama. Me puede el sueño.

El viaje fue largo, con muchos tiempos de espera en aeropuertos. En barajas incluso nos permitimos acercarnos a Barajas Pueblo a sentarnos en una terraza y tomarnos unas tapas, para ir reencontrándonos. Fueron cinco horas de vuelos y trece de aeropuertos. Pero todo bien.

Esperando por el equipaje. Barajas. Madrid

Esperando por el equipaje. Barajas. Madrid

Viajamos con militares argelinos que llenaron el avión en Tinduf. Se les reconocía enseguida porque eran como futbolistas, jóvenes, fuertes, con el pelo muy cortito por debajo de una ancha cresta. Hubo un tiempo en que a los niños se les cortaba lo que se llamaba el corte a la taza. Se les ponía un tazón en la cabeza y lo que quedaba fuera se le cortaba al cero. El corte a la taza. Yo me corté una vez el pelo al cero. Mi madre casi se muere al verme, le parecía una humillación. No pudo reponerme el pelo cortado pero se fue a la peluquería y armó una (permitidme la palabra, por venir de donde vengo) algazara al peluquero. (Algazara: vocería de los moros al acometer al enemigo).

Aeropuerto de Tinduf

Aeropuerto de Tinduf

Salimos a la hora convenida de Protocolo. Una vez más quedó constatada la puntualidad saharaui. En los diez días que estuve en los Campamentos nunca he tenido que esperar. La puntualidad ha sido una constante. Me sorprendió, la verdad. No parece una virtud de los pueblos del sur. Empezando por el nuestro.

Aeropuerto de Argel

Aeropuerto de Argel

Nos pasamos el viaje comiendo. En los aviones argelinos ,que Iberia ya no da nada. Cada vez me cae peor esta compañía, me parece incluso arrogante su personal. Siempre me pareció ridícula lo presumidas que eran las tripulaciones de los aviones. Debe ser el uniforme, el color del uniforme. Pues también los militares de la marina me parecen igual de ridículos, de presumidos. Claro que hay excepciones, siempre hay alguien que se aparta de la regla, podría dar el nombre y apellidos.

También comimos en los aeropuertos, en los tres. Bueno en Barajas lo evitamos y nos largamos a tomar algo a Barajas Pueblo. El viaje en metro nos salió mucho mas caro que el avión, tuvimos que pagar 4,5 euros a la ida y otros 4,5 de vuelta. Una estafa. En Barajas también cobran por usar el carrito para transportar las maletas y dan poco. Los wáteres estaban mucho más sucios que los de Argel y, además, desde que se privatizó Aena, ahora, para embarcar, te obligan a desfilar por entre la mercancía del Duty Free. Pensé en ir tropezando y derribando todas las góndolas, pero me contuve. Y me arrepiento.

 

Viaje en metro a Barajas Pueblo.

Viaje en metro a Barajas Pueblo.

Los vuelos fueron bien, apenas tuve pánico. Incluso llegué a disfrutar cuando planeamos sobre Argel y sobre el último tramo de Castilla. Los motores no se escuchaban, volábamos a muy baja altura y el avión no temblaba en absoluto.

Las llegadas siempre tienen un punto de emoción pero esta vez fue menor, al fin y al cabo, tardé tan poco en volver. A otros les lleva más ir a por tabaco. Una vez, una mujer me presentó a su padre al que acababa de conocer. Me quedé perplejo. La vi en un aeropuerto y me acerqué a saludarla. Nos dimos un beso y me presentó al hombre con que iba. Este cabrón es mi padre, me dijo. Yo ya había tendido la mano y esbozado una sonrisa de salutación, pero se me quedó congelada. La mano, no. La mano nos la dimos y me pareció que el buscaba una comprensión en el apretón que me dio. Y no se ocurrió otra cosa que decirles, Enfadados, no? Como no voy a estar enfadada si este cabrón me llamó, hace exactamente trece horas, para ver si podía acercarme a recogerle. Después de treinta y dos años sin saber nada de él… Le estuvimos esperando para comer… Yo tenía doce años y mi madre treinta y cuatro.

 

Lo que me espera

Lo que me espera

Él tenía cara de buena persona. Me imagino que la estaría ensayando. Mirándose en todos los espejos desde que decidió volver, entrenándose para este momento. Y ella, mi amiga, me pareció que hasta lo insultaba con cierto cariño. Yo no sabía qué hacer y me eché a reír y le dije a ella, como si él no existiera, La verdad que es un cabrón; pero parece un hijo de puta arrepentido. Y dado que es tu padre y ha vuelto, yo casi le quiero ya. Y le di un beso como si fuera mi padre y los dos sonrieron. No los volví a ver y no me acordé de ellos hasta ahora. Y es raro porque mira que es una historia para contar muchas veces a lo largo de la vida, y más por mi, que derivo tanto.

Me senté a escribir esto con la intención de hacer un balance del viaje, pero no soy capaz. Necesito reposarlo unos días. He venido muy confuso. En mi memoria se me imponen las cabras comiendo bolsas de plástico y sus cercados como instalaciones contemporáneas, como granjas de cualquier planeta de la Guerra de las Galaxias, de la Star Wars.

Quiero ayudarles. No tengo dudas. Lo primero que hice, todavía en el tubo saliendo del avión, fue llamar a un médico amigo para decirle que necesitaba trescientos comprimidos, como unas cinco cajas, de una medicina para el corazón de una mujer saharaui que se había quedado sin ella.

Pero no puedo ignorar la difícil situación en la que se encuentran estas personas mas allá de la pobreza en que viven. Me pregunto si tiene sentido el prolongar su proyecto. Me pregunto si no están condenando a dos generaciones de saharauis a enterrar inútilmente su vida en ese desierto argelino. No sería mejor volver y luchar en Marruecos por una democracia También pienso si eso no será mas utópico que lo de recuperar el Sahara. Y por qué no hacerse argelino. Argel es un país rico casi tan grande como Europa, mas que España, Francia, Italia y España, juntos, y tiene solo unos cuarenta millones de habitantes.

Me falta ese sentido de la patria para comprenderles. No ya para identificarme con ellos, me resulta difícil, iba a decir imposible, a causa de sus tradiciones, incluida en ellas su estricta religiosidad, en todo caso, su poca tolerancia con el pecado. Que habrá pecados y pecados, digo yo. Que no será lo mismo beber una cerveza, que despreciar, repudiar socialmente y echar de casa, creo que llevarla a un centro de acogida, a una joven que se queda embarazada estando soltera. Bueno, esto último, que a mi me parece un pecado, ellos consideran que es lo que deben hacer, algo a lo que les obliga sus costumbres. Esta sacralización de las costumbres me parece otro pecado.

 

Recuerdo que viajando por el desierto, uno de los saharauis que iba en los asientos que se estiran por los laterales del todoterreno, me preguntó por el color preferido de mi mujer. Hice cómo que no le oía; pero insistió. Y le dejé que me preguntara cinco o seis veces mientras pensaba la respuesta. El rosa, iba a mentirle. Pero a la vez que pensaba en cual podría ser, también pensaba que era bueno que supieran que no lo sabía y que no por eso dejaba de respetarla , palabra que usan mucho ellos al hablar de las mujeres, pero tanto insistió sin que yo supiera que decirle, que le respondí por las bravas. Ni puta idea.

Qué escándalo! No podía pronunciar aquellas palabras, no podía dar esa respuesta. Sus tradiciones, su educación no permitía pronunciar aquella expresión. Mi educación tampoco; pero yo soy algo maleducado. Les pedí perdón, perdón, perdón y les dije: Trataré de reprimirme; pero que sepáis que en mi tierra incluso se blasfema. Y me puse a mirar el paisaje a pesar de que no cambiaba mucho y ellos no respondieron.

Y por último, en mis recelos está su no aceptación de la democracia como el menos malos de los sistemas políticos. La ausencia de democracia, de la transparencia que lleva implícita, favorece la corrupción –que nos lo digan a nosotros- con lo que conlleva de deterioro de las instituciones, de la confianza de la sociedad en sus líderes y en sus instituciones.

 

Barajas. Madrid

Barajas. Madrid

Dejaré pasar un tiempo y, aunque también lo escriba a vuela pluma e irreflexivamente, como siempre, seguro que estarán mas ordenados mis pensamientos y la reflexión que pueda hacer como resumen de este viaje, será más equilibrada.

Llego a la ciudad y las terrazas están abiertas a este sol invernal que algo templa.

 

Las terrazas al sol de invierno.

Las terrazas al sol de invierno.

Un pensamiento en “La vuelta. 23 de enero de 2016

  1. Bienvenido! Estarás muy ocupado, pero ya verás como en unos días recuperas tus hábitos. Me han encantado las fotos de Santiago.
    Podías hacer unas entradas sobre Santiago. Tu Santiago.
    Así nos cuentas historias que tengas en el tintero… La de hoy me ha hecho reir

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