Último día. 22 de enero de 2016

Protocolo

Protocolo

Hoy no hemos podido ir a comer a Tinduf, a la sede de la Minurso, la agencia de la ONU para la convocatoria del referendo del Sahara, porque no teníamos quien nos llevara. Ni Médicos del Mundo ni otra ONG quisieron arriesgarse a llevarnos en sus coches. Por cuestiones de seguros. No se cubren los accidentes de los que no estén de alta en la ONG. Pero parece excesivo que en este mundo anden tan estrechos en riesgos. Pero es así y por esa razón nos hemos quedado unos cuantos aquí varados, viendo pasar el tiempo en Protocolo.

Muy de mañana salí darme una vuelta por el perímetro interior de este acuartelamiento. Hice fotos a todo, a las piedras, a las plantas, a las grietas del muro, a los dibujos caprichosos, como de celosía, que, de adorno, debió de hacer el que levantó esta muralla de casi cuatro metros de alto que cierra y protege este espacio.

Paseo por el interior de Protocolo

Paseo por el interior de Protocolo

Antes ya había desayunado. Me tomé una naranja al levantarme, no hay exprimidor, y un rato después una lata de Coca Cola con tres almendrados diminutos que encontré encima de la nevera. Ayer tomé café después de veinte o treinta años y me sentó mal. Volvió a despertar en mi esa sensación de envenenamiento que sufrí hace mucho por mis males de colon. Me resistí ante el chocolate.

Planta en Protocolo.

Planta en Protocolo.

Poco después, acompañado del Cooperante y de un vecino nos fuimos a dar un largo paseo por el cementerio de camellos. No es agradable, pero tan poco resulta insoportable. Vas sorteando todo el tiempo cadáveres ya acartonados de camellos. Los huesos y la piel. La piel se parece a un trozo retorcido de alfombra, a veces da para imaginar una alfombra entera. Y los huesos, que unos están sueltos y otros todavía medio cubiertos de piel, están blanqueadísimos por el sol. Al principio, en los primeros paseos he mirado a ver si encontraba algún hueso llamativo. Pero no, recuerdan demasiado a los nuestros. Incluso los dientes. No tienen nada que ver con los de tiburón, por ejemplo. Dan grima.

En el cementerio de camellos

En el cementerio de camellos

Hoy, además, nos metimos en el espacio que se utilizaba como matadero hace muchos años, cuando España mandaba camellos para el Ramadán. Lo contaba el cooperante de la casa de enfrente, que había presenciado la muerte de 13 camellos. Vine –decía- con uno de Veterinarios del Mundo o de un nombre parecido. Vinimos antes del alba, antes de que amaneciera, matamos trece camellos y cuando salió el sol quedé horrorizado. Estaba ya la carne deshuesada y repartidos los trozos, pero parecía esto un campo de batalla espeluznante. Pues hoy paseamos por ahí.   No hay mucho más espacio. Vayas a donde vayas, a la derecha o a la izquierda, siempre te verás obligado a pasar durante un tiempo por entre los restos de los camellos.   Si coges a la izquierda y eliges la vuelta que va por detrás de Protocolo, el cementerio es más amplio y tardas más en cruzarlo; si coges a la derecha, los camellos muertos estorban poco porque enseguida cruzas su espacio, pero tienes después que atravesar las salinas y el campo embarrado por el agua caída en octubre que, increíblemente, todavía no se ha filtrado ni evaporado.  Y tienes que ir mirando donde pisas, intentando no embarrarte. El barro húmedo se te pega al calzado y acabas arrastrando un peso de tierra muy molesto en cada pie.

Cementerio de camellos

Cementerio de camellos

Este último camino lo elegimos ayer y lo prolongamos hasta uno de los cementerios de los mártires de la guerra de 1976 contra Marruecos. Íbamos tres españoles, una chica de sudán, que era musulmana, como el saharaui que también se había decidido por el paseo. Aprovechando que venían con nosotros dos personas que hablaban árabe, les sugerí que se acercaran conmigo hasta el cementerio y me tradujeran las inscriciones que había en algunas lápidas. Me acompañaron y, para mi sorpresa, cuando llegamos al cementerio, el saharaui me impidió acercarme. No entres, vámonos de aquí, aquí no puedes entrar. No puedes, no puedes, si nos ven vamos a tener problemas. Pero no puedes entrar tu y leerme lo que está escrito en las lápidas. No, no. No se puede entrar. Y las mujeres? Pregunté señalando a la sudanesa. No, ellas tampoco. Lo tienen prohibido. Y entonces intervino la mujer, que es una chica joven, que siempre está contenta y hace risas por cualquier asunto. No, no, dijo en inglés, no se puede entrar. Si entras ahí es como si pisaras fuego. Y no me enteré si eso le pasaba por ser mujer o nos iba a pasar a todos.

Yo ya había estado en el cementerio y fotografiado muchas de las tumbas y todas las lápidas en las que aparece algo escrito; pero entonces ignoraba que no se pudiera entrar. De saberlo, hubiera respetado la norma. Me habían hablado de los muchos cementerios de mártires de la guerra contra Marruecos que rodean Rabuni, pero nadie me había dicho que no se pudieran visitar. Se lo dije, pero no me hicieron caso. les habría desilusionado que me hubiera quemado.

Detalle del muro de Protocolo

Detalle del muro de Protocolo

Al mediodía comimos juntos algunos de los que no habíamos ido a Tinduf. Hicimos una comida comunal, cada casa trajo algo. Los que no cocinaron aportaron pacharán y a todos les pareció bien. Fue una comida divertida en la que el ingenio sirvió para aligerar las penas. Se hicieron risas de los problemas y se bromeó con el día a día. La sobremesa la levantó el sol que, pasadas las tres y media, resultaba insoportable. No te quejes, me dijo un navarro, que allá todavía es invierno y quedan nubes y lluvias hasta San Fermín. Le creí pero no quise ponerme a pensar en eso.

Un Patrol en reciclaje

Un Patrol en reciclaje

En este desierto un chasis de coche descuartizado nunca es un deshecho, siempre queda algo aprovechable.  Se le ha quitado hasta la pieza aparentemente más inservible, las cabras han dado cuenta del tapizado y de los plásticos que cubrían las puertas, no hay más que los hierros ensamblados de la carrocería; pero todavía puede servir para mucho.  No sé para qué; pero siempre habrá un cabrero que le de utilidad, un vecino de cualquiera de los campamentos que sepa encontrarle aquella función inesperada en la que ha de encajar como anillo al dedo.  En el mundo de la nada, cada pieza acaba encontrando su sitio por muy imposible que se presente el rompecabezas.  Lo que a un occidental pudiera parecerle nada más que chatarra, no lo es.  Y mucho menos tomarlo por material abandonado.  Tiene dueño y lo tiene ahí aparcado en espera de su nuevo destino.

Aparcados en el desierto

Aparcados en el desierto

El coche en que más he viajado

El coche en que más he viajado

Lo que no os he contado.

En el transcurso de estos diez días en los campamentos de los refugiados saharauis he observado que los saharauis se consideran muy queridos por el pueblo español pero no apoyados por los gobiernos de España. Le echan en cara a Felipe González, que una vez que llegó al gobierno les dio la espalda, se olvidó de su solidaridad pasada con el pueblo saharaui. Para ellos, los gobiernos de España ceden “inexplicablemente” a los chantajes de Marruecos. Escribo “inexplicablemente” entrecomillado  porque ellos enseguida aceptan que detrás de la abstención de España está la defensa de sus intereses, de la defensa de los intereses de las muchas empresas españolas que están establecidas en Marruecos y de la necesidad de que Marruecos contenga a los inmigrantes subsaharianos.

Recuerdan con simpatía el incidente de la isla Perejil, y el papel jugado por José María Aznar. Incidente que se solucionó, cuentan, gracias a la intervención de EE.UU. y a cambio del cual, explican ellos, Aznar accedió a la foto de Las Azores y a participar en la guerra de Irak.

No disimulan cierta simpatía por Franco, que según ellos amaba África. Dan por hecho que si Franco, llega a estar bien de salud no hubiera permitido la invasión marroquí en el año 75.

Como evitar que un conductor despistado arruine una chapuza del electricista

Como evitar que un conductor despistado arruine una chapuza del electricista

Nos contaba divertido el embajador que nos recibió en su haima, que el rey de Marruecos, en una recepción en el Pardo, le estuvo comentando a Franco, durante más de media hora, las razones por las que el Sahara debería pasar a ser parte del reino de Marruecos. Y que mientras el rey marroquí hablaba Franco se mantenía en silencio e inexpresivo y que, solo al final, cuando el rey alauita había concluido su exposición, Franco dijo: La mesa está servida, señalando el lugar donde iban a celebrar la comida.

Las últimas remodelaciones que se produjeron en el gobierno, como consecuencia del congreso del Frente Polisario celebrado hace un mes, han sido muy bien recibidas pero todavía le parecen insuficientes a muchos saharauis.

Me sorprendió que, el otro día, cuando comenté aquí lo de la inquieta tranquilidad de Tinduf, por primera vez entraran en este blog cinco personas desde Catar. Qué buscaban? Por cual palabra habrán detectado la existencia de este blog? Serían los muchachos de la Tv Aljazeera? .

El pequeño jardín de Protocolo.

El pequeño jardín de Protocolo.

Una vez, un hombre bien situado en la ciudad etíope de Dire Dawa nos invitó a comer a su casa.  Era la casa de un hombre de alta posición en aquella ciudad y, sin embargo, lo que me sorprendió de aquella comida fue que los alimentos que tomamos eran los mismos a los que tenía acceso la mayoría de la población, porque  la oferta era extremadamente reducida.  Lo que comimos aquel día en la casa de este hombre lo podíamos comer sentados en una acera comprándoselo a una de las mujeres  que diariamente  lo cocinan a la puerta de su casa.  Eso fue lo que me llamó la atención y no la mesa tan bien puesta, ni la delicadeza con que nos trataron los anfitriones.

En las casas saharauis en las que comí, lo sorprendente, lo inesperado fue todo, el trato que nos dieron, su hospitalidad, su afecto y lo que comimos.  Y no creáis que éramos para ellos personas importantes, en absoluto.  Pero éramos  sus invitados.

En todos las casas me sentí tratado con una muestra de afecto y consideración cómo no recuerdo haber recibido nunca.  Se lo agradecí y mucho más pensando en el esfuerzo económico que la comida que nos habían dado significaba para ellos.

Ayer mismo hablando con  uno de los anfitriones de estos días di por hecho que estos días había tratado a las personas que tenían un nivel de vida por encima de la media de los campamentos. Me dijo que no, que no existían grandes desigualdades. No hablamos más. Y es verdad que las diferencias no son grandes.  Lo que va de comer carme una vez a la semana a hacerlo cada quince días; de tener un coche de veinte años, que hay que encender haciendo el puente, a  no tenerlo; de ser un peón a ser un alto cargo en un ministerio. De cobrar 15.000 dinares al mes (algo menos de 150 euros al cambio oficial) a cobrar los 10.000 dinares que cobra un maestro de escuela.   En todo caso desigualdades ridículas comparadas con las que estamos acostumbrados a vivir en nuestro mundo.

Por supuesto que esa desigualdad tiene también sus extremos, pero forman parte de la economía sumergida, la de la prostitución y el narcotráfico, la que está en ese mundo marginal que trapichea, que compra a escondidas en la frontera con Marruecos y vende en la frontera de Mauritania. Esos son como nuestros narcos, que aquí, en el Sahara, se notan mucho menos. Yo no he visto ninguno, pero los hay.   Aunque es difícil imaginárselos gastando la pequeña fortuna de sus trapicheos en las tiendas de Rabuni, el mejor mercado de los campamentos,  donde no vi mayor lujo que las dos cajas de bombones Ferrero Rocher que compramos ayer, eran todas las existencias.  Cada una contenía unos veinte o veinticuatro bombones, y nos costaron 4.000 dinares las dos. Es decir, ocho cajas de bombones, el salario de un mes de un alto ejecutivo ministerial.

La puerta de nuestra casa

La puerta de nuestra casa

Y voy a ir cerrando, que tengo que recoger las cosas, cerrar la mochila, revisar la documentación y los billetes, que en breve vendrá un coche de seguridad a buscarnos, al cooperante vasco y a mi,  para llevarnos a Tinduf.  A medio camino nos espera la seguridad argelina para darle el relevo a la seguridad saharaui.  En ese lugar y en ese  momento habremos abandonado el territorio que gobierna el Frente Polisario.

El paseo de este atardecer

El paseo de este atardecer

El anochecer de hoy en Rabuni

El anochecer de hoy en Rabuni

Rabuni desde Protocolo a primera hora de la mañana

Rabuni desde Protocolo a primera hora de la mañana

3 pensamientos en “Último día. 22 de enero de 2016

  1. Q guapos estáis!, muy bonita la foto! Me encanta ver a esas chicas! Cooperante te vamos a echar de menos, con estos viajes de Rodolfo te situamos un poco mas! Cuídate mucho!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s