Smara. 20 de enero de 2016

La puerta de la haima

La puerta de la haima

Como suele ocurrir en invierno la temperatura era muy baja a primera hora de la mañana, entre cero y dos grados. Después, conforme va calentando el sol, la temperatura sube y el día acaba transcurriendo con una temperatura muy agradable. Hoy, se me pasó el destemple mañanero sobre las diez, mientras desayunaba un café con magdalenas en la cafetería de La Base, que es como le llama el mundo de la cooperación, nativos y extranjeros, a la sede de Acnur en Rabuni.

Base de Transporte oficina.

Base de Transporte oficina.

Desayuné con dos experimentados cooperantes que han recorrido la geografía africana y vivido las guerras yugoslavas y la de Angola y, al menos uno, está deseando jubilarse. Él espera dejarlo todo en primavera. El otro no, al otro todavía le quedan una docena de años. Lo malo es que el contrato que tiene en la actualidad se le termina en mayo y en estos momentos no sabe qué va a ser de su vida. Por él elegiría Mali o Mauritania, no hay seguridad, dice, pero es el mundo que mejor conoce. Los dos pasaron apuros en anteriores destinos y en más de una ocasión creyeron que no salían con vida. Pero salieron, uno de ellos con graves magulladuras pero… aquí estoy para contarlo, cosa que hace sin detalle no se si porque es parco en palabras o porque le cuesta hacer memoria sobre estos asuntos.

La vida del cooperante es dura y más, vista desde fuera, desde la mentalidad del turista occidental, que soy yo. Ellos acaban acostumbrándose a todo, incluso al miedo. Lo de las incomodidades y las carencias es lo de menos. Lo que peor llevan, por lo que escucho, son las limitaciones en sus movimientos. El tener que vivir recluidos en fuertes, aislados de la población. Aunque reconocen que es mejor así.

El trabajo de la mayoría de los cooperantes es controlar el dinero que su ONG destina a los diferentes proyectos. Conseguir los justificantes de los gastos y hacer que el dinero que se invierte tenga la mayor rentabilidad, que no se malgaste ni un céntimo y que lo que se haga tenga la mayor calidad posible. Son una especie de gerentes o administradores sometidos permanentemente a mil presiones causadas por intereses diferentes.

Ellos son los que al final controlan las obras para el suministro de agua, la recogida de basuras o el transporte para la distribución de alimentos que se reparten anualmente entre los cinco campamentos, por poner unos ejemplos.

La Base de Transporte vista desde el cerro. Rabuni

La Base de Transporte vista desde el cerro. Rabuni

Esta mañana, precisamente, estuve en la base de distribución de los alimentos. Desde allí se distribuyen mensualmente más de 2.500 toneladas utilizando una flotilla de 17 camiones. Lo cual no representaría ningún problema si los camiones no tuvieran hasta 15 años y los centros de mantenimiento no estuvieran a más de dos mil kilómetros de distancia. Con esas premisas se ha montado un taller de mantenimiento con los medios necesarios para poder arreglar esa flotilla de camiones, con la capacidad de fabricar algunas piezas si fuera necesario. Al cooperante que está al frente de todo esto le ayudan dos ingenieros saharauis, de los que dependen sesenta y cinco personas. Lo único para lo que no hay problema en estos campamentos es para encontrar personal cualificado.  El saharaui de los Campos está formado, son muchos los licenciados universitarios, es activo, tiene iniciativa, es puntual y trabajador.  Bueno, tampoco es que yo haya hecho un master en saharauis.  Es mi primera impresión, la de estos diez días que llevo aquí.

Ventana en la Base de Transportes.

Ventana en la Base de Transportes.

Cerca del mediodía, el cooperante de la base de transportes y yo, decidimos subir hasta lo alto de un cerro que hay delante de su base, desde el que se divisa toda la población de Rabuni. Mira, ahí a la izquierda todavía se distingue uno de los cementerios de la época de la guerra con Marruecos. Y ahí abajo está el Ministerio de Defensa con toda la chatarra militar en ese campo. Y allá, al fondo, están los depósitos de agua de Tinduf, los ves? sin duda el símbolo de esta ciudad.

El guarda de la puerta.

El guarda de la puerta.

Uno de los camioneros.

Uno de los camioneros.

Y cuando nos disponíamos a descender por el camino que lleva al antiguo cementerio, el cooperante vio como zigzagueaba un todoterreno subiendo al cerro campo a través. Me parece que ese viene a por nosotros, dijo. A secuestrarnos o a buscarnos, añadió. Era una broma, claro. Pero el humor en este caso revela una de las preocupaciones de los cooperantes, una preocupación que se sobrelleva sin obsesión, pero que aflora inconscientemente como con la broma de esta mañana.

 

Habitación de personal.

Habitación de personal.

Venía a buscarme a mi porque me esperaban en La base del Acnur para irnos a comer a Smara. El viejo guerrero nos invitaba a comer a su casa.

 

El anfitrión entrando en su haima. Smara.

El anfitrión entrando en su haima. Smara.

Smara es el campamento de refugiados más grande, está a menos de una hora de Rabuni y para llegar allá hay que pasar antes por Bujador, donde ya estuvimos incluso durmiendo y a donde tenemos pensado ir a comer mañana jueves, último día laboral de la semana.

 

Smara

Smara

Smara es una ciudad heroica para los saharauis, y la única que no fue fundada por los españoles. Está en el interior, lejos del mar. En ella se fundó el Frente Polisario, dos años antes de que la invadiera Marruecos, en 1975. La invasión produjo causando un éxodo de saharauis hacia Argelia para escapar de las represalias marroquíes por haber apoyado al Frente Polisario, en la huida las fuerzas aéreas marroquíes utilizaron napalm, fósforo blanco y bombas de fragmentación contra los refugiados. Amnistía Internaciol, en su momento, estimó las bajas en más de 500.

Smara

Smara

No hubo malos recuerdos ni batallitas en una larga charla en la que hubo bromas, halagos a la comida, que fue espléndida, intercambios de tradiciones y observaciones que nos llevaron a la discusión, siempre comedida y educada, como corresponde. Se me ocurrió decir que ellos necesitaban aferrarse a sus tradiciones necesitaban esas señas de identidad para fortalecer su sentido de grupo, de nación, porque estaban en un momento muy difícil; pero que nosotros llevábamos setenta y cinco años de prosperidad acelerada, que nos había llevado a prescindir de lo que considerábamos ataduras y las habíamos superado; por ahí la liamos. Hubo referencias a la situación de la mujer, que a mi me resultaba insuperable, a la democracia, a la religión incluso al laicismo. Incluso hablamos de mujeres. Es decir, hicimos referencia sexual a ellas. No os asustéis. Uno de los invitados saharauis, que eran dos como dos éramos los españoles, mostró en el móvil una imagen en la que aparecía abrazando a una chica, que resultó que era su prima que vive en España y aparecía vestida de occidental. Qué guapa! Es tu novia? Le pregunté yo.   Y se produjo una pequeña conmoción. Resulta que en presencia de un hombre mayor como nuestro anfitrión, que es más joven que yo, no debería hablar de mujeres. No me preguntéis qué es lo que debería decir, ni cual debería ser mi comportamiento, porque no lo sé. Me imagino que como hombre mayor debería comportarme de manera ejemplar, comedida, y no abordar jamás esas cuestiones delante de los que podrían ser mis hijos, aunque estén rondando ya los cuarenta años. Más tarde me recriminaría hasta el Cooperante mi comportamiento, hablas mucho y escuchas poco, viniste aquí a contar tus batallitas. Pero… La verdad, yo solo había dicho: Qué guapa es! Es tu novia?

Nuestro anfitrión y su hijo pequeño

Nuestro anfitrión y su hijo pequeño

Nuestro anfitrión preparándonos el té de la sobremesa

Nuestro anfitrión preparándonos el té de la sobremesa

Fue una comida que disfrutamos porque la hospitalidad saharaui y su buena mano en la cocina, lo ponen fácil. Arroz o cuscús con un guiso de camello, al que se le podía añadir una especie de caldo de legumbres, que yo reusé por no desvirtuar el asombroso y delicioso sabor de aquel guiso, pollo e hígado de camello, que me pareció un poco duro, como si llevara un tiempo preparado. De postre, plátanos, naranjas y yogurt. Para beber, naranjada, Coca Cola y agua. Té antes de comer y después. Porque habiéndose ido los invitados saharauis, el anfitrión debió de parecerle adecuado ofrecernos mas té para mantener la sobremesa, como es nuestra costumbre.   Son extremadamente hospitalarios. Los saharauis tienen a gala que en su casa incluso defenderían a su enemigo de quien quisiera hacerle mal.

El hijo mayor

El hijo mayor

 

Una de las cuatro hijas del anfitrión.

Una de las cuatro hijas del anfitrión.

De regreso a Protocolo lo primero que hicimos el Cooperante y yo fue salir a pasear por la amplia explanada que se abre ante el puesto de guardia que está flanqueada por los dos muros de arena. Se nos unió otro cooperante y en aquel arenal nos cogió el atardecer.

Atardecer en las afueras de Protocolo

Atardecer en las afueras de Protocolo

Se pone el sol sobre Rabuni

Se pone el sol sobre Rabuni

El desierto en Rabuni

El desierto en Rabuni

Smara

Smara

La Nissan en Smara

La Nissan en Smara

Smara.

Smara.

Smara

Smara

Los corrales de cabras en un extremo de Smara

Los corrales de cabras en un extremo de Smara

Las cabras en Smara

Las cabras en Smara

La parada de taxis en Smara

La parada de taxis en Smara

En la Base de Transportes. Rabuni

En la Base de Transportes. Rabuni

Lavabo doble en la Base de Transportes. Rabuni

Lavabo doble en la Base de Transportes. Rabuni

Un pensamiento en “Smara. 20 de enero de 2016

  1. Ayyyy no me dejas muy tranquila con la bromista esa de “viene a secuestrarnos….” Va a tener razón la Titiña, tráete al Cooperante!
    Jajajajaj te tienes q ir hasta el Sahara para poder contar tus batallitas… no te dejan meter baza y metes la pata?? Jajajaja me río, lloro… Tienes q viajar mas, este viaje me supo a poco!!

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