Tinduf. 15 de diciembre de 2016.

Plaza de Tinduf

Plaza de Tinduf

Son las siete y media de la tarde, acabo de salir al patio a estirar las piernas y ya es de noche y la temperatura ha bajado unos diez o doce grados o más desde el mediodía.   A la una hacía un calor de verano, ahora llevo puesto además de un jersey un anorak de invierno y estoy destemplado. Hoy nos pasamos el día fuera. Es viernes, día festivo para los musulmanes. Y es el día en que la Minurso, la agencia de la ONU para la celebración del referéndum del Sáhara, invita a comer a todos los cooperantes de la zona. Son los ricos. En sus dependencias, defendidas con el mismo aparataje que se ve en series como Homeland, pero con hombres solo armados con una pistola en la cintura, hoy éramos unas cuarenta personas. De Protocolo asistimos unas once o doce, los demás eran gente de diferentes agencias de la ONU, militares y médicos cubanos.

Pastelería en Tinduf

Pastelería en Tinduf

Después de comer bien -yo elegí entre lo que había, un arroz con berenjenas y carne de camello, un poco de melón y un plátano- nos fuimos a la explanada exterior, a una especie de chiringuito que llaman Georgecafé, en honor de alguien que dejó buena memoria, me cuentan. Allí hay una cafetera, unas botellas de agua y un termo con agua caliente para el té. No hay leche ni más bebidas. Una o dos horas más tarde un hombre trajo unas latas de cerveza y abrió un vino tinto francés. En mi mesa estábamos cinco personas y hablamos de todo. A las cinco nos disolvimos.

El Georgecafé de la Minurso

El Georgecafé de la Minurso

Habíamos pasado la mañana en un café que hay frente a la mezquita y en el mercado., que es como un mercadillo de los nuestros y en donde dejan vender a quien quiera establecer allí un puesto.  Incluso a los saharauis a los que les está prohibido, en cambio,  trabajar el resto de los días de la semana. Son refugiados, no trabajadores  inmigrantes.

Tinduf

Tinduf

Lo de las fotos fue un problema.  no llevé la cámara y tuve que arreglarme con el móvil.  mal arreglarme.  Pues hoy todo el mundo se da cuenta, por mucho que disimules, que estás haciendo una foto.  Cuando estaba fotografiando un saco de alimentos de la ayuda española que estaba a la venta, el comerciante, que estaba vestido totalmente de negro, vino a decirme que estaba prohibido hacer fotos.  No, sino estaba haciendo fotos, le mentí descaradamente, estaba mirando la hora.  Bueno, aceptó él, pero a las cosas no se les puede hacer fotos.  Y a las personas? le pregunté.  Si, si se les pide permiso, me respondió él en un perfectísimo español y en un tono equilibrado y correcto.  Y usted me dejaría hacerle una foto?   Si, claro.   se la hice y después se empeñó en darme su dirección para que se la enviara por correo.   Tuve que conseguirle el bolígrafo y la escribió en un trozo de papel de saco.  Pero no le entiendo la letra.  No tenía tiempo sino le hubiera contado como a principios de los años sesenta en el ultramarinos de la mujer del policía de Vilagarcía se vendía la leche en polvo de la ayuda americana.  Claro que podía entender que estaba de acuerdo con el trapicheo.

El saco de la ayuda española

El saco de la ayuda española

El hombre de negro. El del estraperlo.

El hombre de negro. El del estraperlo.

Ma adelante,  bajo un toldo de muchas lonas un hombre se aburría detrás de un montón de telas de mil colores.  Puedo hacerle una foto? le pregunté mayormente por señas. Si, claro me respondió en castellano.  Eres saharaui? Le pregunté.  Si.  Hablas muy bien castellano.  Es que estudié en Cuba.  Pero ya ves, estudie contabilidad y finanzas y aquí estoy.  Pero los argelinos te dejan tener un negocio?  Si, para vender en el mercado.  pero esto no es mío, yo solo soy un trabajador,  Y por qué no montas uno?  Porque no tengo dinero.  Ay!  amigo.  Y en esto que vi al cooperante que venía a buscarme haciendo gestos.  No puedes despistarte así, llevamos diez minutos buscándote.  Fue  ese tío que se ha liado, me disculpé

El licenciado en Cuba y dependiente en el mercadillo de Tinduf.

El licenciado en Cuba y dependiente en el mercadillo de Tinduf.

La frutería del mercado de Tinduf.

La frutería del mercado de Tinduf.

Para cuando levantamos la sobremesa alguien, de alguna agencia de la ONU, que se marcha, tenía anunciada una fiesta de despedida en su casa de Tinduf. Por eso, a las seis de la tarde, en el primer viaje de regreso solo volvimos el Cooperante y yo. Los demás vendrán en el segundo y último, a las once de la noche.

En el viaje de regreso vinimos hablando con el conductor, un saharaui que había estudiado el bachillerato y la carrera de magisterio en Cuba. Se había ido a los doce años y había vuelto, unos días a los 18, y definitivamente a los 22 o 23. Este si que reconoció que su madre había llorado al despedirlo. Él no. Porque se iban todos, era lo normal, nos dijo.

Hacía tres años que había dejado de trabajar de maestro, estaba mejor conduciendo el todoterreno que dando clases. Hablamos del último congreso del Polisario y, para sondearlo, aseguramos que no iba a pasar nada, que todo iba a seguir igual. Él creía que no, que los cambios se iban a producir; pero no nos dijo ni cuando ni hasta dónde.

No nos sorprendió. Esta tarde alguien había comentado los cambios históricos que se acababan de producir en el Polisario. Por primera vez se había celebrado el congreso en Argelia, fuera del Sáhara, y lejos de los acuartelamientos militares de la frontera con Marruecos. Además, se había producido el relevo del Ministro de Defensa. A estos dos asuntos se les consideraba de una gran trascendencia. Y alguien apuntó un tercero. Por primera vez Estados Unidos era el primer país que más dinero aportaba a los campamentos, desplazando a España a un segundo puesto; pero solo había sido por el periodo de lluvias.

También le comentamos algo que habíamos escuchado esta tarde, que el Polisario estaba muy interesado en potenciar asentamientos en el Sáhara liberado, que ya había puesto en marcha cinco núcleos de población. Ya era hora, dijo. Después hablamos de otras cosas y yo me quedé con las ganas de plantearle el tema de los que no quieren vivir en los campamentos, pero a los que se les obliga a quedarse. Se cuentan casos de mujeres casadas en España a las que se les ha obligado a volver a vivir a los campamentos. El último caso, el de una chica de veinte años, casada con un andaluz de El Aljarafe de Sevilla, que vino a ver a su familia y se la está reteniendo en contra de su voluntad. En Andalucía se están empezando a movilizar la sociedad y ya son varios los ayuntamientos que han dejado de enviar ayuda a los campamentos. Por lo que contaba hoy, precisamente un sevillano, el movimiento puede acabar teniendo una gran importancia para la imagen del Polisario en España.

Alguien comentó, en el Georgecafe, que este Frente Polisario ya no era el de la guerra con Marruecos, que la campaña nacionalista llevada a cabo para mantener a la gente en los campos de refugiados, había pasado por un enaltecimiento de las señas de identidad, como la potenciación de estas costumbres (la mujer es propiedad de la familia hasta que se casa y pasa a ser propiedad del marido), y una mayor aceptación de la religión como referencia para la vida política y social.

En el mercado

En el mercado

Pero con nuestro conductor acabamos hablando de lo ariscos que resultaban en el trato los argelinos. Si, nos decía él, son mucho más fáciles las relaciones con los mauritanos e, incluso, con los marroquíes. Era, como todos los saharauis, un hombre amable y extrovertido.

A las seis y media nos dejó en el puesto de guardia, a la entrada de Protocolo, y hasta ahora, que acabo de salir a dar el paseo al patio de delante de casa, me he pasado el tiempo bajando las fotos que hice a última hora de la tarde de ayer.

El patio de delante de casa tiene sesenta y cinco pasos. Es como una corrala de planta baja, como un corredor ancho, de doce o quince pasos, como una calle sin salida. Como el patio de una cárcel.  Hice tres largos y me vine para casa. De Protocolo no se acostumbra a salir entre las cuatro de la tarde y las ocho de la mañana del día siguiente. Por seguridad. Solo hay dos momentos de excepción. Al mediodía, los cooperantes se pueden acercar andando a la venta que está aquí al lado, a unos doscientos o trescientos metros de la puerta principal. Y la segunda es al final de la jornada, en este caso el paseo es más largo, llega hasta el segundo murallón de arena que, como el primero, fue levantado para impedir que cualquier vehículo pueda a cercarse campo a través a Protocolo. En las dos distancias los soldados de la puerta nunca pierden de vista a los cooperantes.

Los cooperantes  dirigiéndose a la salida de Protocolo

Los cooperantes dirigiéndose a la salida de Protocolo

Hoy no dimos el paseo del atardecer porque llegamos después de las seis y media y porque estábamos solos. Pero ayer si. Ayer recorrimos el cementerio de camellos, las salinas y un largo trecho paralelo al muro de arena del final. Leistéis bien, cementerio de camellos y salinas.   Salimos de Protocolo por la puerta principal y como era un paseo controlado no necesitamos firmar en el libro de salidas. Ni en el de entradas al volver, evidentemente. Caminamos hasta el primer muro de arena y salimos por el pasaje que se hizo para desaguar la laguna que se creó con las lluvias de octubre. A los pasos metros ya se ve la cuadra de cabras que alguien construyó en la parte alta, hacia a la izquierda y a la derecha ya sorprende, donde el terreno baja , ver todo el terreno blanquecino. Es la sal que ha aflorado cuando se inundó esta parte del terreno.

Sorteando el primer muro de arena por "la puerta" del agua.

Sorteando el primer muro de arena por “la puerta” del agua.

En el subsuelo de esta zona del Sahara hay unas bolsas de agua muy salitrosa. En octubre llovió tanto que hubo zonas que se encharcaron. Todavía hoy pueden verse algunas pequeñas lagunas a los lados de la carretera que va de Rabuni hasta el campamento Bujador. Aquí, en las proximidades del recinto amurallado donde viven los cooperantes, el agua también se encharcó aunque ya se ha evaporado o la ha absorbido la tierra.

La salina

La salina

Al otro lado del primer muro de arena el charco se formó justo encima de una de esas bolsas de agua salitrosa, de manera que el agua de la superficie cuando, filtrándose, llegó a contactar con la bolsa de agua salitrosa se contaminó y al evaporarse dejó la sal sobre la superficie como puede verse en las fotos.

La sal.

La sal.

Lo del cementerio de camellos es menos natural. Simplemente son sus últimos propietarios que no sabiendo qué hacer con ellos vienen aquí a deshacerse de sus animales muertos. Lo que ignoro es si son los carniceros o sus dueños, sus pastores o cómo se llamen.   En este cementerio lo primero que te llaman la atención son los cientos de pequeños montículos que hay. Al principio pueden confundirse con los que abundan a los lados de las carreteras, que los crean los hombres que van a buscar arena. Cada montón es la consecuencia de haber tamizado un camión de arena.

Los montones después de haber extraído la arena

Los montones después de haber extraído la arena

El cementerio de camellos.

El cementerio de camellos.

Restos de un camello.

Restos de un camello.

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El paseo fue hasta el final del cementerio de camellos, justo hasta el último muro de arena que protege el recinto. Al llegar allí caminamos como un centenar de metros en paralelo al largo montón de tierra, hasta que alguien dio la voz de que se hacía tarde, de que anochecía. Entonces volvimos dando un rodeo, evitando las zonas donde el agua había tardado más en desaparecer, pues en esos sitios la arena todavía estaba húmeda y se pegaba a las botas o a las chanclas, que cada uno iba calzado a su manera.

El límite del paseo

El límite del paseo

Por la noche en una de las viviendas que están en otro núcleo dentro de Protocolo, alguien organizó una fiesta. Yo me quedé en casa y al poco rato un cooperante que es casi de mi edad vino a visitarme. Hablamos un rato largo y luego salimos, apagamos todas las luces y nos pusimos a ver las estrellas. Yo me acosté muy tarde, iba a dar la una.

Paseando el último muro.

Paseando el último muro.

De vuelta a Protocolo.

De vuelta a Protocolo.

Entrando en Protocolo.

Entrando en Protocolo.

Camino de casa.  En el interior de Protocolo.

Camino de casa. En el interior de Protocolo.

Paseando

Paseando

2 pensamientos en “Tinduf. 15 de diciembre de 2016.

  1. Hola Javier soy tu madre, chiti me esta enseñando esto. Me he emocionado un poco al verlo. No entiende nada de todo esto. Es nuevo para ella. Todo esto lo dice tu medre. Me va dictando y pregunta como lo vas a leer.. La habitación le parece un poco pequeña..te menda muchos besos

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