Madrid. 11 de enero de 2016

Un día en Madrid no da para mucho. Recoger el billete de ida y vuelta en Airalgerie, que no me lo habían adjuntado en el correo en el que me confirmaban la compra, desayunar, leer el periódico del penúltimo día, cambiar el vendaje de la mano, recoger el visado en la delegación del Polisario, comer solo y cenar con el Cooperante celebrando mi cumpleaños. Además amenaza lluvia y no me atrevo a llevar la cámara para no poder utilizarla. A la tarde lo haré pero sin beneficio alguno. El Cooperante me llama sobre las seis para ir a recoger los visados. Quedamos en la puerta de la Delegación. El va en metro desde su trabajo. Yo en taxi desde donde recibo la llamada, en las cercanías de las casas de Cervantes y Lope de Vega.

No es que estuviera de gira. Me encuentro con la casa de Lope mientras callejeo. Sin querer se me graban las fechas. Vive allí de 1610 a 1623.   Sabía que había coincidido con Cervantes en Madrid, al menos durante los últimos años de su vida. El manco muere el 23 de abril, como todo el mundo sabe, de 1616. Ahora se cumplen 400 años. Por la noche, llevo al Cooperante a cenar a un restaurante que hace esquina en la calle León. Le gusta. Yo celebro los postres. Me faltó hartarme con una tarta de manzana que hacen riquísima. Otra vez será.

Al salir le llevo por la calle Cervantes a ver la casa de Lope de Vega y me encuentro con la casa en la que murió Don Miguel. Está a escasos cien metros de la de Lope. Se llevaban mal, muy mal.  Lope, el Fénix de los ingenios, gozaba de gran reputación y a Cervantes no le llegó el reconocimiento hasta poco antes de morir.  “Cuanta dama hermosa entra en casa de un cura”, solía espetarle Cervantes al cura autor de los best-seller del Siglo de Oro.

Ya es tarde. Mañana volamos a Argel donde Cervantes estuvo cautivo cinco años. Pasaremos el día en su aeropuerto y de noche volaremos a Tinduf.

Hace mucho que no me hace ilusión cumplir años. Desde los 19, más o menos. Inútil hacer balance. No hay méritos que anotar. Si cabe alguna observación, lamentar la poca prudencia que he tenido. Debí de tener menos todavía. Me duermo. Me molesta la mano. La enfermera que me cambió el vendaje en un ambulatorio de la Corredera de San Jerónimo, me la apretó mucho. Espero que no me de mala noche.

 

 

 

 

 

2 pensamientos en “Madrid. 11 de enero de 2016

  1. Ni cura, ni cautivo, ni escritor de un best-seller …. pero tener a punto la piscina todo el verano tiene mucho mérito 😜

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