DE SALCEDA A SANTIAGO DE COMPOSTELA. SEIS DE MAYO DE 2015

Camino de Santiago

Camino de Santiago

No esperaba que la llegada al Monte de O Gozo, el lugar desde donde los peregrinos divisaban la catedral por primera vez, fuera para mi un momento de excitación, de entusiasmo, de alegría. Pero me hubiera gustado que al llegar allí, al menos pudiera disfrutar de las mismas vistas que disfrutaron los peregrinos durante siglos. Pero hasta eso han abandonado.   No se ve nada, solo unas casas vulgares al fondo de una cuesta flanqueada de árboles. Uno no ha hecho el camino para eso, ni siquiera para ver la catedral o entrar en ella y abrazar al apóstol. Pero después de andar setecientos sesenta y tantos kilómetros uno siente que le han robado algo. Aunque santiagués y escarmentado de todos sus gobiernos civiles y eclesiásticos, uno tenía el derecho de imaginar, si quisiera, el placer y la alegría que hubiera sentido un peregrino al llegar aquí y ver por primer vez el final de El Camino. Solo se me ocurre maldecir a todos cuantos han gestionado el camino, la ciudad y la iglesia en Santiago que han permitido que el Monte do Gozo dejara de ser ese lugar privilegiado donde el caminante se emociona al ver la proximidad de su meta. Por un momento sentí la necesidad de romper el bordón que me acompañó desde S. Jean de Ped de Port y coger un autobús urbano. Y negarme a coronar el camino en protesta por su mala gestión, por su abandono, por su desinterés, por su incapacidad. Y que no me digan que no miré bien, que aquellas manchas oscuras, que se dibujan entre otros edificios más claros, son las torres de la catedral, que ahora están como vendadas por el andamiaje que se ha instalado para restaurarlas.  Y una m…

Monte do Gozo

Monte do Gozo

Primera vista de Santiago desde Monte do Gozo

Primera vista de Santiago desde Monte do Gozo

Alcancé la Plaza do Obradoiro a las cuatro de la tarde. Unos amigos querían que les avisara de la llegada porque querían acudir a recibirme. Inútil que me negara. Iba temeroso de sentir vergüenza, por llamar la atención, y no la sentí. La plaza do Obradoiro es la meta, el final donde se multiplican las exclamaciones de júbilo, donde se admite que la alegría se desborde, donde cabe el aplauso, los vítores y los abrazos. Es también la plaza del gozo negado al monte que fue de las primeras vistas. Sabía que me estaban esperando seis amigos, dos hijos y dos nietos y, eso sí, me alegró mucho verlos.      No me emocioné y eso que con los años uno es víctima fácil para esos sentires. Quizá por que la visita de Ca, el día anterior, que me salió al paso para hacer conmigo uno o dos kilómetros del camino, y el que hoy mismo me acompañase en la comida, disminuyeron notablemente la intensidad emotiva del regreso. También el hecho de que hubiera funcionado el móvil durante todo el mes también ayudó a restar emoción al final de este viaje.

Peregrinos celebrando la llegada a la Plaza do Obradoiro

Peregrinos celebrando la llegada a la Plaza do Obradoiro

Y con todo esto no me di cuenta que estaba ante la fachada del Obradoiro y ante el hospital que mandaron construir los Reyes Católicos a finales del siglo XV para hospedar y curar a las personas que vinieran en peregrinación a Santiago. Que había llegado allí como habían llegado todos los peregrinos que durante siglos caminaron a Santiago para postrarse ante el Apóstol Santiago y conseguir el perdón definitivo de todos los pecados cometidos hasta el momento. Debí de pedirles que se retiraran, que me dejaran solo y tomar conciencia de lo que acababa de hacer, que me dejaran reconocer mis emociones ante este momento, que me permitieran percibir el triunfo de haber acabado el camino y tratar de hacer míos aquellos sentimientos con que los creyentes culminaban su peregrinación. Pero uno siempre tiende a desdramatizar y me pareció magnífica la opción de Ca: Vámonos al Tokio a tomarnos unos helados. Y eso fue lo que hicimos. Después me fui a Meis y mientras se llenaba el baño me asomé al porche de atrás y me di cuenta que los carballos ya estaban cubiertos de hojas, que los rododendros habían florecido y que la hierba amenazaba con comerse las tumbonas y los juguetes que los niños habían dejado tirados, a lo mejor, el último día que estuvimos juntos. Me gusta la casa de Meis aunque sospecho que hay días en que su frío y su humedad pretenden asesinarme.

Entrada en el Monte do Gozo

Entrada en el Monte do Gozo

Entrada en el Monte do Gozo

Entrada en el Monte do Gozo

Estuve en el baño hasta que se enfrió el agua, pero mientras tanto repasé el camino que había hecho durante toda la mañana. Habían sido veintinueve o treinta kilómetros que había caminado con esas dos ampollas en el pie izquierdo. No me había gustado esa última etapa, quizá fue el disgusto de la falta de vistas desde el Monte do Gozo lo que anuló la belleza de los paisajes por los que había discurrido. No sé.

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

No salí muy temprano del albergue de Salceda, habían dado ya las seis y media. Así que cuando llegué a retomar el camino ya había claridad suficiente para que no me metiera en los charcos y distinguiera las zonas peligrosamente embarradas. Caminé despacio y cojeando los primeros cinco kilómetros y por momentos pensé en abandonar; pero acabé convencido de que, aunque fuera en dos días, iba a acabar el camino. Así me llevó casi tres horas recorrer los ocho kilómetros que me llevaron al ambulatorio de Arca, de O Pino, de Pedrouzo, que de las tres formas se denomina al mismo lugar. Allí pregunté, como me había dicho el del Albergue, por el médico de los peregrinos. No hay un médico para los peregrinos. Aquí los recibimos a todos todo el equipo, me dijo la de recepción. Usted que tiene? Le conté lo de las ampollas y me dijo que eso, mas bien, era cosa de enfermería. Me recibió una médico, me las vió y dado que le había puesto ese parche lo mejor es que siguiera así, que total ya me quedaba poco. Bueno, no crea. Veinte kilómetros a mi me parece mucho en este estado. Si, tiene razón, me respondió. Usted como mi mujer que hace dos días ya me dijo que ya estaba en casa.

Centro Médico

Centro Médico

El camino en Pedrouzo no pasa por el medio de Arca, sino por fuera del pueblo, donde solo hay un centro cultural, el centro médico, un colegio público y un bar frente a la entrada del centro escolar.   El bar no ofrecía una vista muy atractiva así que le pregunté a una madre que iba a dejar a su hijo en el colegio sino había otro en los alrededores. No, se han empeñado en traer el camino por aquí y aquí no hay nada, solo esto –señaló el colegio- el bar y el monte. Y qué tal está el bar. Bien, dijo sin convencimiento. Y después se corrigió. No, está muy bien, puede ir tranquilo.

Camino de Pedrouzo

Camino de Pedrouzo

Camino de Pedrouzo

Camino de Pedrouzo

No tenía zumo natural, solo de bote; pero el bocadillo de jamón estaba bueno. También pedí un cruasán que me fui comiendo por el camino para ayudarme a superar lo que me quemaban aquellas dos ampollas. Tardé en hacer la siguiente parada porque sabía que cada vez que me detenía al reanudar la marcha era más doloroso. Lo hice en Casa Amancio, en algún lugar entre Lavacolla y San Marcos, en un punto en el que el camino da una vuelta incomprensible . Desde allí todavía tenía por recorrer ocho kilómetros antes de alcanzar la catedral, cuatro para el Monte do gozo.

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Fue en la Rúa de San Pedro donde me detuve para comer donde había quedado con Ca. Nos equivocamos de lugar y no comimos también como correspondía al precio que pagamos, pero nos sirvió para esperar a las cuatro de la tarde. Antes de ese último trecho, Ca se fue a buscar a las niñas y yo rematé el camino solo como lo había caminado desde Francia. Seguí a los peregrinos que iban delante, me detuve donde se detuvieron y traté de ir captando su sorpresa, su excitación, su ánimo. Hasta que se pararon al final de las Casas reales y tuvieron dudas de si tirar por la Algalia de Arriba o torcer hacia Cervantes. Intervine y les dije que por la izquierda y bajando llegarían a la catedral. Ya fui delante, pero al llegar a San Martín Pinario me detuve y esperé a ver su expresión cuando vieran la catedral desde aquel lugar. Algunos dijeron Oh! otros dieron un pequeño grito, todos se entusiasmaron. Y yo creo que ahí pude emocionarme un poco. Pero vi a un antiguo compañero de colegio y pensé en lo que pensaría él: Y ese, disfrazado de peregrino? Creo que siempre le parecí muy raro. Y le hice una foto. Después bajé por el arco de la casa del arzobispo y entré en la plaza. Tarde tres segundos en verlos. Estaban allí y me aplaudieron al verme llegar. Y me sorprendió que me gustara.

Los amigos y la familia

Los amigos y la familia

Peregrinos dudando si por la Algalia o por Cervantes

Peregrinos dudando si por la Algalia o por Cervantes

Ya sé que es tarde, que este último día debía de haberlo escrito hace dos días, en caliente, como todos. Pero no pude. La vida cotidiana te abraza tan pronto puede y en un instante te ves con la agenda colmada de vete allí, tráeme esto, de paso que vas… y enseguida te convierten en un ser útil. Y ya empiezas a echar de menos el camino.

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Casa Amancio

Casa Amancio

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Entrada en Monte do Gozo

Entrada en Monte do Gozo

Casa primitiva de Monte do Gozo

Casa primitiva de Monte do Gozo

Entrada en Santiago

Entrada en Santiago

Peregrinos japoneses entrando en Santiago

Peregrinos japoneses entrando en Santiago

Peregrinos en la Porta do Camiño

Peregrinos en la Porta do Camiño

 

 

 

6 pensamientos en “DE SALCEDA A SANTIAGO DE COMPOSTELA. SEIS DE MAYO DE 2015

  1. Otero siento que no hubiesemos pensado en dejarte un momento para el recogimiento y la reflexión. Pero fue mayor nuestro empeño en felicitarte y compartir tu hazaña, y no pensamos nada mas.
    Abrazos

  2. Eres un campeón! Nos ha encantado leerte cada día! El esfuerzo mayúsculo de caminar y x encima tener que dedicar tus horas de descanso para hacernos disfrutar de tu viaje. Gracias!
    Siento que echas de menos el Camino pero te entiendo, cargamos tu agenda sin pudor sabiendo que nunca nos vas a decir que no, eres imprescindible!! y lo mejor es que siempre, siempre, sabemos que aunque no sea el momento mas oportuno lo haces generosamente por nosotros. Aunque no quiero hacernos (tu familia y amigos) los importantes porque lo harías por cualquiera… Eres así! Gracias eres un superhéroe!
    Y ahora nos despedimos hasta tu próximo viaje…
    Y seguimos soñando con hacernos la Ruta 66

  3. Otero deje de leerte hace varios dias. Llego la feria y despues boda de sobrina y algunos lios. Pero este fin de semana lo he retomado y acabado
    me gustan mucho las fotos, ir viendo como va variando el paisaje, elcambio de colores.
    me ha animado mucho para plantearmelo quizas cuando me jubie aunque tendra que ser un poco mas lento que tu.
    Creo que etapas de 20 k. Si serian llevaderas ara este par de ancianos.
    muchas gracias por compartir esta experiencia y tus nietas estan guapisimas. Os queremos oteros un beso

  4. Javier, nunca dejas de sorprender!! Eres de esas personas que conoces en tu vida y piensas: “no hay otro igual”. Te conozco desde que era pequeña (y ya tengo 40 tacos) y en estos años siempre me has parecido una persona admirable en muchos aspectos, sabes disfrutar de la vida y siempre has luchado por afrontar nuevos retos y nuevos proyectos…Por qué? porque eres un culo inquieto que nunca quiere perder la ilusión por disfrutar de los momentos de la vida!!!!! TODO UN EJEMPLO!. besos Isa Rivadulla

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