De Palas de Rei a Salceda. Cinco de mayo de 2015

Camino de Arzua

Camino de Arzua

Siempre tuve la idea de detenerme a comer en Arzúa, en la casa de la parienta de Teodora. En esa casa de comidas que queda por la calle que pasa por encima del campo de la feria. Esa en que tienes que pasar por la cocina para ir al comedor. A mi me sorprendió la primera vez que fui, me pareció que estaba atravesando un lugar prohibido, algo así como un territorio sagrado, que estaba cometiendo una falta de respeto. Eso es lo que nos han enseñado los restaurantes clásicos. En la cocina no se entra, está prohibido. No porque vayamos a descubrir los secretos de sus salsas; sino, más bien, para que no veamos lo mal lavadas que tienen las sartenes. En esta casa de comidas de la parienta de Teodora se atraviesa la cocina con naturalidad, allí no hay ceremonial ni secretismo, solo unas mujeres cocinando lo que nos vamos a comer, como si estuviéramos en casa. El acceso a la cocina debería de estar a disposición del cliente.  Qué menos que saber cómo se cocina lo que nos vamos a comer.  Sin embargo, en la casa de comidas de la parienta de Teodora, la primera vez que fui,  me sorprendió  esa travesía por la intimidad de un restaurante. Cuanta tontería arrastramos.

Camino de Arzua

Camino de Arzua

Un tiempo después vi como muchos restaurantes modernos abrían su cocina al público, como hizo Marcelo en su casa de Las Huertas.   Pero hoy ni me detuve en Arzúa a tomar un pincho. Pasé de largo. No hacía mucho, unos kilómetros antes, que me había parado en La Casa del Alemán y preferí entregarme a terminar la jornada, once kilómetros más tarde.

Camino de Arzua

Camino de Arzua

En el programa que me había preparado para esta mi penúltima jornada, estaba previsto detenerme a desayunar en Melide, 14 km después de haber salido de Palas de Rei. Pero no me detuve. Me salté los primeros bares y los siguientes porque pensé que como final del desayuno podría tomarme unos almendrados que recordaba que hacían bien en la pastelería-cafetería que hay a la salida del pueble (a la entrada viniendo de Santiago). Junto a la farmacia

Iglesia a la salida de Melide. peregrinos sellando su credencial

Iglesia a la salida de Melide. peregrinos sellando su credencial

.

íPero cuando llegué allí, me la encontré cerrada. No sé si para siempre, pero cerrada. Y como volver atrás nunca, no me quedó más remedio que hacer seis kilómetros más antes de sentarme a desayunar.  Menos mal que por el medio me encontré con las buenas intenciones, el buen corazón y la ingenuidad de una persona de una aldea que frente a su casa, bajo unos robles, decidió instalar un puesto de avituallamiento para peregrinos que bautizo como el Pequeño Oasis. Y allí junto a un gran letrero instaló un puesto de venta de frutas y café al lado de una caja de hierro, con una abertura como una hucha, en la que debías de introducir el dinero correspondiente a lo que consumieses.  Pues cada grupo de productos estaba marcado con un precio y no había nadie ni para servirte ni para cobrarte.  Yo me cogí una naranja, la más grande, porque era la de mejor aspecto que costaba 60 cts. y por la que tuve que pagar un euro  porque me fue imposible conseguir los 40 céntimos de la vuelta pues la caja de hierro, única muestra de desconfianza y realismo, estaba atada con una fuerte cadena, lo que me impidió darle la vuelta y zarandearla para ver si caía la vuelta.

El Pequeño Oasis

El Pequeño Oasis

instrucciones de comportamiento

instrucciones de comportamiento

Paré en Boente,para desayunar,  que es una parroquia de casas desperdigadas, que se divide en dos: Abaixo y Arriba. Llevaba 20 kilómetros andados y me había llovido durante la mayor parte de la caminata. Además, poco quedaría ya en mi cuerpo de las tostadas con aceite que había cenado la noche anterior en la pensión Arenas Palas. ( A que suena gracioso: Arenas Palas. Suena a Arenas Palace). Pues como si fuera el Palace me trataron. Me hubiera quedado allí tres días, sobre todo con la camarera que me atendió toda la tarde. Pues en Boente, creo que en el de Arriba, me detuve en la Casa del Alemán. Una casa reconstruida con esmero que me pareció atractiva, porque era nueva y limpia  y no rompía con el entorno, porque estaba llena de peregrinos y porque vi que un mozo atendía a las mesas de la terraza como si fuera un camarero profesional y estaba harto de autoservicio en los bares del rural. Y acerté. Un lugar para tomar algo. Te atienden con una perfección profesional, hay limpieza y lo que te sirven es bueno, está bien preparado y bien servido. Esto parece una crónica para una guía Michelín. Es que hay una gran diferencia de unos locales a otros. En la aldea más miserable te puedes encontrar con el local más agradable y con un buen servicio y, también, con el local todavía más mísero que la aldea en la que se encuentra. Por eso es importante acertar al elegir donde detenerte. En La Casa del Alemán no quise sentarme en la terraza, preferí hacerlo en el interior en la pequeña sala de cuatro meses donde estaba la barra. Cuando entré había una mujer barriendo, un hombre atendiendo la barra y un vecino tomando un café sentado a una mesa. No tardamos mucho en liarnos el alemán, el vecino y yo. Mantuvimos una conversación sobre lo que representan los peregrinos para la economía de los pueblos por donde pasa el camino.   Nada nuevo. Pero cuando la conversación parecía volverse más interesante ya que el vecino había empezado a hablar de la hostelería compostelana, yo dejé de percibir con claridad la conversación. El vecino se había girado un poco hacia la barra donde trabajaba el alemán, y a partir de ahí me limité a asentir con la cabeza y a prestarle más atención a mi bocata de jamón.

La casa del alemán

La casa del alemán

Cuando llegué había como una veintena de peregrinos desayunando en la terraza que tienen cubierta y un camarero les atendía. Novedad, pensé. En todas partes es el peregrino el que tiene que ir a la barra a recoger lo que pida. A mi no me apeteció sentarme fuera, venía mojado y sudado, así que entré el pequeño espacio interior donde me recibió sonriente una mujer que barría que era también camarera y cocinera. “Nunca fuera caballero de damas tan bien servido”. Me alegré  al verla y se lo dije. Y ella se rió más como para regalarme más felicidad todavía. Después pregunté quien era el Alemán y empezó un juego de frases y risas entre ella y el mozo de la barra hasta que me di cuenta que el alemán era el joven, de ojos transparentes, que atendía la barra y que hablaba gallego con el mismo acento que un arzuano de toda la vida.

La casa del alemán

La casa del alemán

Cuando dejé Boente estaba tan solo a ocho kilómetros de Arzúa y todavía eran las once de la mañana De tiempo iba sobrado, había quedado a las doce con Ca en algún lugar ya próximo a Arzua. Quería hacer conmigo un par de kilómetros del camino. Así que aparcó su coche en Ribadiso y caminó a mi encuentro. Venía desde Santiago a verme.  Sería una visita rápida, del tiempo que había conseguido robarle a sus líos de la mañana. Yo estaba en lo alto de una cuesta cuando la vi llegar y me alegró mucho. Se empeñó en llevar ella mi mochila y creo que debió de arrepentirse, pero aguantó. A la una nos despedimos porque ella tenía que ir a recoger a las niñas al colegio.

Ca

Ca

Por el camino, una vez que tuve que cruzar la carretera nacional que une Santiago y Lugo, me encontré con una iglesia con dos relojes, lo que me pareció extrañísimo y más  todavía que en cada reloj marcara una hora diferente.  Asuntos estos que me dieron para pensar durante unos cuantos kilómetros.  Sería cosa del cura de la parroquia,  de algún canónigo natural de la aldea, sería cosa del obispo o habría intervenido incluso un cardenal? Dos relojes en una misma iglesia y cada uno marcando una hora diferente.  Eso da para pensar.  Si un reloj va bien nunca sabremos si el otro va adelantado o atrasado.  Qué quiere decir eso?  Qué están exactamente en la hora que vive el mundo pero también en el pasado y en el futuro?  Que están con los tiempos que corren pero también con todo el tiempo’  Que la iglesia es de ahora, de antes y de mañana’? que son preconciliares y postconciliares?  Que son de este Papa y del anterior y del que vendrá?  Está claro que el que los puso  quería estar en todo momento.

La iglesia de dos relojes

La iglesia de dos relojes

Cada uno marcando un tiempo

Cada uno marcando un tiempo

Y con estas tonterías seguí caminando hasta Salceda. Los últimos kilómetros, como siempre, fueron más duros. No solo porque estaba cubriendo una etapa de cuarenta kilómetros sino porque con la lluvia se me habían empapado los pies y en el derecho me dolía la planta con cada pisada. Parecía que me había desaparecido la suela de la zapatilla y que pisaba directamente las pequeñas piedras del camino que, además de clavárseme , me abrasaban. Como siempre que te asalta un dolor o una molestia en el camino, la solución es pensar en otra cosa, no hacerle caso. Aunque insista, como sucedía en esos momentos.

Camino a Salceda

Camino a Salceda

Camino a Salceda

Camino a Salceda

Cuando me quité los calcetines para meterme en la ducha. Tenía el pié derecho blanquísimo y muy arrugado, como si lo hubiera tenido en agua caliente durante 9 horas. Tal como había sido. Tuvieron que pasar dos horas para que me diera cuenta de que aquel dolor que persistía estaba causado por dos ampollas que me habían salido en la planta, cerca de los dedos. Bueno, pensé, al fin voy a tener la oportunidad de utilizar la aguja, el hilo y el Betadine que llevo arrastrando treinta días. Os parecerá una tontería pero cuando fui a buscar un mechero para desinfectar todo ese material, me di cuenta que no podía desinfectar el hilo con fuego, así que me dirigí a la recepción del maravilloso hotel donde estaba para pedirle un frasquito de alcohol.

Camino a Salceda

Camino a Salceda

Suciedad en el camino a Salceda

Suciedad en el camino a Salceda

Después me senté, doblé la pierna, giré el pie dispuesto a atravesar aquellas ampollas y rellenarlas de Betadine. Pero, la verdad, ni la pierna se doblaba todo lo necesario, ni el pié se giraba de manera que pudiera ver las ampollas y, ni siquiera, la vista ayudaba en algo. Así que decidí no reventarlas y tratar de llegar mañana a Santiago con ellas. Si me molestaran mucho, me dijo el del hotel,  en O Pedrouzo hay un centro médico donde atiende “el médico de los peregrinos” y que él me lo arreglaría que está muy especializado en estos asuntos. Veremos, pensé.

Camino a Salceda

Camino a Salceda

Camino a Arzua

Camino a Arzua, 

Llegué al hotel Albergue Turístico de Salceda sobre las cuatro y media de la tarde. Llevaba los pies mal, como os conté, y tuve que desviarme del camino como trescientos o cuatrocientos metros. Cuando llegué a la recepción se lo dije a la mujer que me atendió. Esto no está a los doscientos metros que dice la publicidad. Está a trescientos o cuatrocientos metros, dije. No, está a doscientos cincuenta metros exactos.   Y usted por qué me habla con ese acento? Porque soy Rusa. Y así me olvidé de pelearme por la distancia. Porque iba quemado. Tenía pensado decirle que le pagaba 45 euros por la habitación y entregarle solo 25. Es mi forma de contar, le diría. No tienen ustedes una forma de medir diferente? Pero se me olvidó con eso de que era rusa y que estaba casada con un hombre de aquella aldea y me perdí divagando en cómo se habrían conocido y cómo habrían  llegado a tener aquel hotelito en Salceda y etc, etc, etc.

Entrando en Melide

Entrando en Melide

Entrando en Melide

Entrando en Melide

Y después de cubrir los papeles, sellarme la credencial y darme la llave me preguntó, Y usted de donde viene? Desde Palas, le respondí. Y exclamó sorprendida: Son cuarenta kilómetros! Entonces se incorporó un poco por encima del mostrador y me miró de arriba abajo. Y lejos de verla escéptica, me pareció que se preguntaba, qué comerá este hombre?

Camino de Salceda

Camino de Salceda

Camino de Melide

Camino de Melide

Y con ese reconocimiento a mi esfuerzo que, la verdad, no había sido tanto sino fuera por el dolor punzante en la planta del pie izquierdo durante los últimos nueve kilómetros, subí a la habitación. Había dos camas y como siempre hice en esta excursión cuando la habitación tenía dos camas, después de ducharme y todavía desnudo, extendí por una de ellas todo lo que llevaba en el interior de la mochila y dejé la otra libre, para dormir. La sorpresa fue que al sacar la bolsa del súper donde llevaba todas mis medicinas, algunas capsulas de ibuprofeno, otras pastillas de álmax y otras cuentas de paracetamol de un gramo se habían salido de sus blíster, se habían roto y pulverizado.   Para colmo, los blíster, que una de mis hijas se había empeñado que llevara sin las cajas, para aligerar peso en una mochila que sobrepasaba los once kilos, habían conseguido romper la bolsa del súper. Y al sacarla, con la mala suerte de que lo hice airado y con fuerza por la prisa por vestirme, fui sembrando de polvo blanco el suelo de la habitación y las colchas de las camas. En las camas no se notaba mucho pero el suelo era de madera barnizada de color caoba oscuro que hacía resaltar cada una de las motas de aquel polvo blanco de ibuprofeno, almax y paracetamol. Qué comerá este hombre! Resonó inmediatamente y con acento ruso en mi cabeza. Y todavía sin vestirme me dediqué a recoger todo aquel polvo blanco no fuera a ser que , cualquier día me encontrara en Booking o en Trivago con un dato perverso en mi perfil como cliente.

Camino de Arzua

Camino de Arzua

Camino de Arzua

Camino de Arzua

Bueno, inteligentes lectores,habréis imaginado que la falta de internet es lo que ha provocado el retraso de esta entrega.  Cuando os llegue, estad seguros, que ha sido lo más rápido que he podido hacerlo.  Por otra parte, mañana es mi última etapa y puede ser la más dolorosa. Serán 28 kilómetros hasta la mismísima Plaza del Obradoiro. Lo que quiere decir que a la entrada del barrio de San Lázaro llevaré 25 km.   Me imagino que serán seis horas de caminata más dos de descanso. Sobre las 2.30 o 3 puedo estar allí. Pero ya veremos que con estas ampollas de penúltimo día todo puede trastocarse.  Os lo contaré…  en cuanto pueda.

El Pequeño oasis

El Pequeño oasis

El pequeño oasis

El pequeño oasis

Camino de Arzua

Camino de Arzua

El Pequeño Oasis

El Pequeño Oasis

Boente

Boente

Camino de Arzua

Camino de Arzua

Arzua

Arzua

La huella del viento

La huella del viento

Camino de Salceda

Camino de Salceda

Camino de Salceda

Camino de Salceda

Camino de Salceda

Camino de Salceda

Mi habitación en el Albergue Turístico de Salceda

Mi habitación en el Albergue Turístico de Salceda

 

 

Un pensamiento en “De Palas de Rei a Salceda. Cinco de mayo de 2015

  1. Jajajajajaj sacar los blisters de las cajas aligeran mucho la mochila!! Jjajajaj bonitas aventuras te pasan! Me encantó ir a buscarte al camino, solo un par de km y vi claramente el esfuerzo de los que hacéis el Camino. Ya sabes como soy, no pude evitar mis lágrimas … q bien me sentaron, te echaba de menos, pero además es que fue muy emocionante verte aparecer con la lluvia por el bosque… pensar que caminabas desde Francia…. es que si no lloraba ese día… Cuando os parece que sería sino el momento??

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s