DE VILLAFRANCA DEL BIERZO A O CEBREIRO. UNO DE MAYO DE 2015

Subiendo a O Cebreiro

Subiendo a O Cebreiro

No sé hacer un balance del día. Fueron 28 kilómetros, de los que veinte los hicimos por carretera. Menos mal que como era festivo apenas circulaban coches. Además llovía, con lo que todo resulta un poco mas pobre y lo que ya es pobre resulta miserable. Los ocho kilómetros del final fueron por unos caminos intransitables, de piedras y barro, que nos subieron a lo alto de los montes y nos llevaron a través de las aldeas de mayor pobreza, como Ruitelan, La Faba y la Laguna de Castilla.

La Laguna de Castilla

La Laguna de Castilla

Fue un final de castigo. Ocho kilómetros de subida hasta llegar a O Cebreiro. Algunos se quedaron en el camino, como el coreano, ayudante de director de cine. Se quedó en La Faba, en el único albergue que hay allí.

Subiendo a La Faba

Subiendo a La Faba

En La Faba, que es la penúltima aldea antes de O Cebreiro, llegó la Guardia Civil cuando yo iba a entrar en el bar-albergue para preguntar si en La Laguna de Castilla había algún bar. Yo estaba en la puerta y me saludaron. Ya encontraron a la china? Les pregunté. Todavía no, me dijo el primero. Y el segundo, casi a la vez, respondió, a eso venimos. Y al rato estaban leyendo los libros del albergue.

Subiendo a La Faba

Subiendo a La Faba

Las guías ya advierten que en Las Herrerías, veinte kilómetros después de Villafranca del Bierzo, comienza la fuerte subida a O Cebreiro. Así que me detuve en el bar del hostal que hay a la entrada y me tomé un pincho de tortilla de patata. Las seis mesas del pequeño bar acabaron ocupadas por peregrinos. En la barra charlaban tres amigos de la dueña del hostal y en un aparte, un vecino picaba algo de jamón que acompañaba con un vino tinto.

Las Herrerías

Ruitelán

A la entrada de Ruitelán

A la entrada de Ruitelán

Cuando entré todavía había dos mesas libres, saludé a los peregrinos que ya estaban, tres chinos a los que ya había visto en Astorga, dos francesas con las que nunca crucé un saludo, una pareja de cincuentones o sesentones, con los que coincido en muchos tramos en las últimas etapas, y dos hombres de los que ignoro todo pero que cuando entré también me saludaron, nos habíamos visto unos kilómetros antes.   Todos estábamos recuperando fuerzas, después de los primeros veinte kilómetros caminados bajo una persistente llovizna, y preparándonos para la temida subida que en todas partes dicen que es lo más duro del camino.

 

Subiendo a O Cebreiro

Subiendo a O Cebreiro

Un kilómetro después de Ruitelan se abandona la carretera asfaltada y empieza lo duro. Caminos empinados y muy embarrados a causa de la lluvia de toda la noche y la mañana. Fueron muchos kilómetros y en más de una ocasión tuve que detenerme para recuperar la respiración.   Yo no me paré en La Faba, salvo para preguntar si había bar en la aldea siguiente y para charlasr brevemente con la Guardia Civil. Preferí seguir hasta la Laguna de Castilla y hacer allí el último descanso antes de enfrentarme a los últimos dos kilómetros trescientos metros

 

subiendo a O Cebreiro

subiendo a O Cebreiro

La subida es posible que no fuera tan agotadora sino lleváramos, los que dormimos en Villafranca, veinte kilómetros andados. Y yo seiscientos metros más, que es lo que separaba La Casa de Leo Bed&breakfast del Camino de Santiago. Cuando le pregunté a la madre de Leo, digo yo que sería la madre, dónde podía retomar el camino. Me explicó que la Nacional VI también era el camino, lo fue siempre, me explicó, hasta que decidieron meterlo por el medio del pueblo. Usted coge la NacionalVI, cruza el túnel y ya está en el camino. Ya, le respondí, pero si quisiera tomar el camino que pasa por el pueblo? Entonces tiene que ir hasta la Calle del Agua y dar una vuelta de casi tres kilómetros para ir a dar al mismo sitio, a la salida del túnel. Si sigue mis indicaciones se ahorrará usted dos kilómetros.

En los primeros kilómetros

En los primeros kilómetros

Por la mañana decidí no ahorrarme los dos kilómetros y busqué la calle del Agua y allí empecé a seguir las indicaciones de las flechas amarillas. Conciencia estrecha que tiene uno.

Camino de La Portela

Camino de La Portela

Peor que la subida fue la lluvia. Creo que tan solo escampó en dos ocasiones y no más de diez minutos en cada vez. Es incómodo caminar con lluvia. La ropa de agua da calor y la capucha te limita mucho el campo de visión. Al final caminas mirando al suelo. Para mi además es peor pues no puedo hacer fotos. Tengo que buscar la protección de un árbol o de una casa para poder hacerlas. Bueno, también alguna vez protegí la cámara con mi propio cuerpo.

Trabadelo

Trabadelo

En esta etapa, lo que llama la atención desde el primer momento de la caminata es la exuberancia de la vegetación que parece precipitarse sobre el caminante. Me acordé de aquella andaluza que vino a veranear con su familia a un pueblo de la costa lucense y que se quedó asombrada precisamente por lo tupida que era la vegetación, tanto, que en un momento, casi asustada le gritó a su hijo: Niño, no te pares que te crecen hojas. No se si notará en las fotos. Pero en ocasiones el paisaje es un batiburrillo de verdes entremezclados en los que cuesta trabajo desligar uno de otro.

Camino de La Portela

Camino de La Portela

La imposibilidad de hacer fotos, el caminar mirando al suelo te lleva a abstraerte imaginándote historias, reflexionando sobre distintos aspectos de la vida, tus problemas, los de la gente que aprecias en tu entorno, o simplemente inspeccionas el momento que vives. Hoy se me dio, mientras iba de Trabadelo a Vega de Valcarce por imaginar el diario que hubiera escrito cualquier otra persona con dos dedos de frente.  Y no sé por qué pensé en dos nombres  con muchos dedos de frente, como Bertrand Russell  y Fernando Savater, un pensador y un pensador y estudioso de pensadores, los dos  ajenos a toda religión y los dos personas cultas, habituadas a reflexionar.  Y en cual sería su experiencia  de haberse entregado a caminar durante un mes por este camino.    Claro que ninguno de los dos se abría dedicado un mes entero a estos menesteres

Camino de La Portela

Camino de La Portela

Y de ahí  pasé a pensar que cada uno reflexiona de acuerdo con su capacidad y sus conocimientos. A Newton la caída de una manzana le desató en su cabeza el principio de la gravedad. Yo vería una casualidad y celebraría al sol que la hizo madurar justo hasta ese momento en que el viento dio el último de sus empujones de manera que la manzana se desprendió cuando yo estaba allí. Menudo regalo y le daría las gracias al árbol por dar el fruto, al sol por madurarlo y al viento por propiciar que se fuera a desprender justo en ese momento.

Camino de Ambasmestas

Camino de Ambasmestas

Hoy, cuando caminaba por la ribera del río Valcarce acompañado por el ruido del agua que baja precipitadamente en casi todo su curso, tomé consciencia  de los ruidos que me acompañaban.  A la letanía del Valcarce la acompasaba el roce que en mi oreja producía la capucha de la ropa de agua echada sobre mi gorra impermeable que, además, de impedirme oir con mayor claridad, añadía un ruido más a cada paso, pues la tela me rozaba la oreja del lado opuesto al pié que echaba hacia delante. Son ruidos de los que no eres consciente salvo que quieras percibir con claridad un sonido determinado. Así, esta mañana yendo por ese camino que han trazado por el lado izquierdo de la carretera, junto al curso del río. Oí un grito extraño y como no soy Newton, ni Bertrand Russel, ni Fernando Savater, pues pensé: Qué gracia me pareció la voz de la bruja del cuento de Blancanieves que representamos en el colegio  (hace millones de años). El grito volvió a repetirse y esta vez pensé en un cuervo. Es un graznido, un poco aflautado, pero un graznido, me dije. Será un cuervo viejo o una cuerva, pensé divertido. Y volvió el grito por tercera vez. Y en esta ocasión me pareció identificarlo con mayor precisión, es una gaviota. Y en seguida me corregí, no puede ser una gaviota a tantos kilómetros del Mar. Y sonó por cuarta vez pero en esta ocasión ya estaba encima de mi. Dios, que susto!! Era una bicicleta que casi me lleva por delante. Si fuera un viejo gruñón seguramente levantaría el bastón para amenazarle,  lo que hubiera hecho de no escucharle enseguida  un alegre  Buen Camino!

Camino de Cega de Valcarce

Camino de Cega de Valcarce

Os dais cuenta.  No da para mucho más mi cabeza Y salvo la llovizna y el esfuerzo por vencer la subida poco hubo en el camino esta mañana  que pueda contaros. Ah! Se me olvidaba. También hablé, a la salida de La Laguna de Castilla, con un hombre que estaba paseando a su vaca. Cómo se llama? Le pregunté. Roxa, me dijo. Y añadió orgulloso, es un cruce de gallega y asturiana. Por lo que me decía había cruzado dos vacas y no un toro y una vaca, que es lo frecuente y, por ahora, única forma de tener una vaca. Pero no le dije nada. Y parece tranquila, seguí hablando. Si, si, espere que se la traigo. Y fue a buscar a la vaca y cuando venían los dos hacia donde yo estaba, se me dio en pensar que iba a presentármela y para no darle la oportunidad (no sabría como responderle) me puse a hacerles fotos y a hablarles mientras se las hacía. Después, cuando bajé la cámara, mantuve ininterrumpidamente la charla hasta la llegada de dos peregrinos que  mostraron su extrañeza de que estuviéramos la vaca, aquel hombre y yo hablando amigablemente. Y más sorprendido y envidioso me quedé yo al verlos peregrinar con paraguas. Mañana me compro uno, pensé.

Peregrinos en La Faba

Peregrinos en La Faba

Después dejé hablar al vecino de La Faba.  Era albañil pero ya no trabajaba porque el gobierno lo había hecho mal. Había mandado venir a los de afuera y ahora no había trabajo para todos. Estaba seguro de que el mal estaba en los políticos que nunca habían trabajado por lo que –decía- no sabían mandar. Que obedecer es fácil. Obedecer obedece cualquiera; pero saber mandar es muy difícil. Para eso hay que haber trabajado. También hablamos de los abonos químicos que él no usaba que para eso tenía a la Roxa. Y de los alimentos del súper, que a él no le gustaban nada. y por último de lo bienvenidos que éramos los peregrinos que habían salvado La Faba y no como otro pueblo que hay al otro lado de ese monte. El último vecino que cumplió este año los 91, lo llevaron hace una semana para una residencia. Y tenía usted que ver las casas de piedra que hay en esa aldea que ahora queda vacía. Menudas casas!

El vecino de La Faba

El vecino de La Faba

Bueno, y por contároslo todo. Cuando paré en el único bar que hay en La Laguna de Castilla, que no sé por qué le llaman así porque está, casi en lo más alto de un monte y por allí no vi ni siquiera una charca como la de Burgo Ranero, que mira que era pequeña. Pues paré en el bar, me acerqué a la barra y vino el camarero y me saludó en alemán. Cómo dice? Ah! Perdone creí que era usted un alemán. Pues no, pero dígame cuanto tiempo le puede llevar a un viejo de 84 años, que era como me sentía tras la subida, llegar hasta O Cebreiro? Hay dos kilómetros trescientos metros, no creo que le lleve una hora. Y se quedó tan tranquilo. Hay que fastidiarse!

Subiendo a O Cebreiro

Subiendo a O Cebreiro

Y por último, el otro día, cuando bajaba de Foncebadón para Astorga, cuando empezaba a clarear y todavía no había empezado a disiparse la niebla, se me cruzó un corzo en el camino. Nos miramos, pero como estaba lejos y oscuro ni me molesté en levantar la cámara. Sin embargo, al llegar al punto por donde él se había metido entre la maleza, me detuve y le busqué. Estaba allí. La curiosidad le había podido. Se había quedado para verme pasar. Entonces le disparé un fotograma y le grité: te di, te di. Estás muerto! Era de broma pero se fue corriendo asustado.

el Corzo bajando de Foncebadón

El Corzo bajando de Foncebadón

Llegar a O Cebreiro tuvo su punto de decepción.  No era una estación para peregrinos.  La explanada de detrás de la casa rectora estaba llena de coches.  Muchas familias se habían acercado  a comer aprovechando que era día festivo. Para mañana no tengo nada preparado, no se a donde voy.  Y lo peor, no creo que me haya secado la ropa para entonces.  Y eso no me gusta nada.

O Cebreiro

O Cebreiro

O Cebreiro

O Cebreiro

O Cebreiro

O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Subiendo O Cebreiro

Subiendo O Cebreiro

Subiendo O Cebreiro

Subiendo O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

Camino de O Cebreiro

El albañil de La Faba

El albañil de La Faba

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