DE O CEBREIRO A TRIACASTELA

Camino de Triacastela

Camino de Triacastela

Ya se que O Cebreiro no es Nueva York, pero ayer no pude subir las fotos al blog porque la velocidad de internet era tan reducida que me hubiera llevado veinte o treinta horas. Hoy no estamos mucho mejor en Triacastela. Empiezo a escribir esto mientras trato de subir las fotos del día de ayer. Hoy fue un día lluvioso, que vino a agravar la mojadura del día de ayer, y que empecé calzándome  las zapatillas todavía mojadas. Muy desagradable y más cuando son las seis y media de la mañana, fuera es de noche y sigue lloviendo. Salí como siempre sin desayunar y dispuesto a alcanzar el único bar de Fonfría cuanto antes.  Lo alcancé pero yo estaba empapado.

Fonfría

Fonfría

Sabía que el camino se cogía por encima del albergue de la Xunta de Galicia, eso es lo que me habían dicho dos personas de los bares de O Cebreiro el día anterior. Pero por encima del albergue hay dos caminos y ninguna señal que indique cual es el camino. Le pregunté a un chino, con el que me saludo, y me dijo que se iba a tomar un café, que había justo ahí un café que ya estaba abierto. Bien, bien, le dije. No nos habíamos entendido o se estaba haciendo el sueco.  Un chino haciéndose el sueco? me sorprendió la ocurrencia pero nada más.  A esas horas y lloviznando! Le pregunté a los que estaban en la puerta del albergue echando un pitillo y nadie supo decirme por dónde se cogía el camino. Dicen que se va por la carretera, me dijo alguien. Si, también, pero ese no es el camino, es la carretera. Después me encontré con unos catalanes, dos hombres y una mujer, que me dijeron sin pararse que ellos iban por la carretera que el camino era muy incómodo. Si, les dije, pero sabéis cual es el camino? Se fueron sin responderme. A los tres segundos la mujer volvió atrás y me dijo. Yo no sé cual es el camino pregúntale a la señora del albergue. Le di las gracias. En el albergue no había ninguna señora, salvo que estuviera escondida. Miré hasta en las duchas.

Fonfría

Fonfría

Fuera ya había clareado, así que volví a buscar alguna señal y no encontré ninguna. El camino de delante del albergue iba a un tendal, solo se podía ir de uno en uno y no se sabía donde terminaba. El que estaba más alto era una pista de la forestal o de la parcelaria. Decidí ir al café que me había señalado el chino, tuve que volver atrás. Seguía lloviendo y ya tenía toda la cara empapada. La mujer del bar que tenía cuatro personas esperando para ser atendidas fue muy amable. Me recomendó que fuera por la carretera. Si, pero quisiera saber cual es el camino. Es el que pasa por encima del albergue de la Xunta, respondió. Pero cual de los dos? El que tiene un tendal, me respondió. Al fin sabía por dónde podría salir de O Cebreiro. Me había llevado veinte minutos.

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

País! Filloval

País! Filloval

Realmente el camino estaba muy mal, abandonado durante años. En ocasiones los charcos eran tan grandes que no había forma de pasar si no era mojándose o arriesgándote a caerte en el charco. Yo elegí arriesgarme y animé a una argentina que me seguía a que lo hiciera. En las dos ocasiones nos salió bien y me quedó muy agradecida, dijo. No era para tanto. Más agradecida quedó cuando le señalé dos corzos que estaban cruzando tranquilamente la pista por la que en esos momentos íbamos. Después le deseé buen camino y aceleré el paso. Llovía mas intensamente, llevaba la máquina de fotos por dentro de la ropa de aguas e iba muy incómodo.

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

Triacastela desde Filloval

Triacastela desde Filloval

No pude hacer ni una sola foto en los primeros 11 kilómetros, hasta que llegué al bar de Fonfría Y para eso las hice dentro del bar y desde el porche. Y viendo que aquello no tenía pinta de cambiar guardé la cámara en la mochila. A la mujer del bar-albergue, que me hizo una tortilla francesa para el desayuno, le pregunté si tenía secadora. Si, si, me respondió solícita. Y cabré? Me puso muchas pegas pero conseguí, por tres euros, que es lo que cobran en todas partes, que me secara la ropa que había lavado la tarde anterior y que traía mojada. Era una mujer muy activa con una hija o empleada inexperta y enamorada, juraría que de un chico que estaba con el panadero en el extremo de la barra.  Atendía dieciocho pedidos a la vez y los iba escribiendo en un block . Cuando estábamos los dos solos le pedí mi bebida. Enseguida, me respondió. Pero cuando ya llevaba medio bocata comido me levanté a reclamarla. Tenía delante a siete personas. Les preguntaba el nombre a cada una y debajo escribía el pedido; pero con calma y letra muy legible. Después vino la octava y siguió agrandando la lista de clientes y pedidos. Estuve a punto de ir a atrancar la puerta del bar para que no entrara nadie más; pero tuve paciencia. Cuando acabó de escribir tanto me miró fijamente dos segundos y me dijo riéndose: Ay! Que tonta! Se me ha olvidado. Qué era?

El bar de Fonfría

El bar de Fonfría

Dejó de llover cuando llevaba ya caminados 17 kilómetros y precisamente acababa de meterme en el bar de Filloval. Mi segunda parada. Este bar está muy bien. Lo han montado dos peregrinos de Ourense después de haber hecho el camino. Son pareja y uno de los dos hace unas cocadas buenísimas. Le pregunté, a la mujer, que es la que estaba atendiendo la barra, que cómo se portaban los peregrinos y me respondió muy duramente: No es lo mismo ir de borrachera que atender a borrachos. Pues con los peregrinos lo mismo. No es igual ir de peregrino que atenderlos. Y sin embargo me pareció una mujer tolerante y amable.   En uno de los rincones de la sala tenían una chimenea de leña y una pareja trataba de secar su ropa. La mujer retomó la conversación y me contó riéndose que las chicas que en ese momento abandonaban el bar al ver la chimenea habían montado un tendal delante del fuego y habían puesto a secar cinco tangas y unos calcetines.

El bar de Filloval

El bar de Filloval

Una vaca en Filloval

Una vaca en Filloval

 

Me estaba comiendo mi tercera cocada cuando me di cuenta que había dejado de llover. Estaba a menos de cuatro kilómetros de Triacastela y tan solo tenía cuatro fotos, así que pagué y me eché andar de nuevo.   En ese corto espacio hice casi trescientas fotos. Por lo menos treinta se las hice a una mujer venezolana que vive en Canarias. Me preguntó si era fotógrafo y le dije que no. Pero debió de darle igual porque al momento me pidió que le hiciera una foto con su móvil. Le hice cuatro o cinco con la intención de que alguna le sirviera. Pero creo que le daba igual. En las fotos en que yo no la encontraba bien ella se veía genial. Hicimos juntos el resto de la jornada. Al llegar a Triacastela comimos un menú del peregrino y después ella siguió camino de Sarria. Todavía quería andar once o doce kilómetros mas.

El horreo de Filloval

El horreo de Filloval

Filloval

Filloval

 

Me dijo que dentro de un mes iba a cumplir cincuenta y tantos, no me quedé con la última cifra y que era una mujer muy optimista. Yo la vi muy acelerada, era escuálida.   Me dijo que había venido a hacer el camino desde O Cebreiro porque quería encontrarse a si misma. Estuve a punto de decirle que podía autolocalizarse con el móvil. Pero hablaba en serio. No hacía mucho que se había separado de su segundo marido, el primero la dejó viuda, y toda su familia se había quedado en Venezuela. No tenía hijos. Creo que habló sin parar y muy deprisa durante dos o tres horas. El defecto es la mínima expresión de la virtud, esa frase le parecía muy acertada y me la dijo como revelándome el secreto del optimismo o de la tolerancia, no se. También me dijo que era feliz con su trabajo de fisioterapeuta y me la imaginé dándome un masaje, pero no me apeteció, la verdad. En estos momentos tengo el cuerpo, probablemente, al borde de la ruptura, pero en equilibrio. Creo que si se me distensiona un músculo van a saltar los demás, como si fueran muelles. Os imagináis todos mis músculos esparcidos por la habitación. Allá un gemelo, en la mesilla el bíceps, en la lámpara… Y yo hecho un pellejo, tirado en cama, diciéndole a la canariavenezolana: Te lo iba a decir, te lo iba a decir.

Mi amiga venezolana

Mi amiga venezolana

Mi amiga venezolana haciéndose una foto junto a un castaño de 800 años. En Ramil

Mi amiga venezolana haciéndose una foto junto a un castaño de 800 años. En Ramil

 

Respecto a mi, cuando iba a empezar le dije que no dijera nada. Está visto que a la gente le gusta enjuiciar a los demás y decírselo a la cara. De todas formas en un momento no fue capaz de reprimirse y me dijo que veía en mis ojos como cierta frustración, por no haber conseguido algo importante. Casi me deprimo buscando una frustración y pensé en mis zapatillas mojadas que me habían costado una pasta porque tenían Goretex, un impermeabilizante fabuloso.

Ciclistas de Oporto peregrinando

Ciclistas de Oporto peregrinando

Los de Oporto haciéndose la foto junto al castaño de Ramil

Los de Oporto haciéndose la foto junto al castaño de Ramil

Cuando acabó el postre se levantó y se fue al camino. Y lo sentí, hubiera aguantado con gusto una etapa mas.  Yo me fui al albergue que había encontrado una habitación fabulosa para mi solo. Y a ver si me llevaba con la wifi y su velocidad. Y a poner en práctica los consejos de Benedicto para secar zapatillas.  Llenarlas de papel de periódico.  Pues cuando le dije a la mujer del albergue en el que estoy si poda meter las zapatillas en la lavadora y en la secadora, me dijo: tenemos ahí papel de periódico.  Y no necesitó explicarme nada más.

Estaba en el Complexo Xacobeo, un complejo turístico con albergue, pensión y restaurante cafetería.  Al final de la jornada me acerqué a la cafetería donde había comido con mi amiga fisioterapeuta con la intención de tomarme algo antes de irme a la cama. Daban un partido importante por la tale pero nadie parecía hacerle caso.  El bar, como la terraza y el interior del restaurante, estaba completo, no había una silla libre.  Mientras esperaba a que hubiera un hueco en cualquier sitio fui contando las personas que estábamos en el local.  Cuando llegue a 160 me detuve y calculé que seríamos, por  lo menos, 200 personas. En la barra se hizo un hueco y aproveché para gritarle a uno de los atareados camareros que quería un bocata de jamón.  Que error! Que horror!  Era una lámina gruesa, seca y salada.  No fui capaz de comérmelo y me fui a la cama con la mala sensación de haber sido estafado.  Que lejos me pareció aquel trato con que nos habían hospedado por los pueblos de Castilla.

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Complexo Xacobeo. Triacastela

El burro de Pasantes

El burro de Pasantes

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

Triacastela

Triacastela

El cementerio que cierra la iglesia. Triacastela

El cementerio que cierra la iglesia. Triacastela

Iglesia de triacastela

Iglesia de triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

El Camino de Fonfría a Triacastela

Un pensamiento en “DE O CEBREIRO A TRIACASTELA

  1. Ohhh se me ha hecho corto, pero me he reído como siempre! Ya te queda menos! Eres un valiente hipocondriaco…. Jajajaja con los músculos desperdigados!

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