DE CARRIÓN DE LOS CONDES A TERRADILLOS DE LOS TEMPLARIOS. VEINTITRES DE ABRIL DE 2015

Via Aquitana

Via Aquitana

Poco a poco, conforme fuimos haciendo viajes y perfeccionando el menú para comer sin bajarnos del coche, los sándwiches vegetales fueron evolucionando. Lo último de lo que se desprendieron fue de la lechuga, quedando definitivamente compuestos de un mezcladillo de atún con mayonesa entre dos mitades de pan de molde. Esos son, todavía hoy, los sándwiches vegetales para mi familia. Así, que ayer, cuando en el bar del hotel Monasterio de Zoilo de Carrión de Los Condes pedí para cenar un sándwich vegetal, sabía que estaba arriesgando mucho. Me pusieron algo así como una ensaladilla rusa entre dos rebanadas de pan de molde tostado. Y pudo haber sido mucho peor.   De postre no había más que una ensaimada del desayuno que tomé con tenedor y cuchillo por no llenarme las manos y el ordenador de azúcar glas.   Ocho horas más tarde, y con esa cena, me enfrentaba a 17 kilómetros por las llanuras de Tierra de Campos con diez kilos a la espalda y una cámara de fotos colgada del cuello.

Camino de Teradillos

Camino de Teradillos

Como el burro con la zanahoria así funciono yo por las mañanas, me pongo el desayuno por delante y voy todo lo deprisa que puedo por alcanzarlo. Acostumbro a poner el primer descanso en el pueblo más cercano a los doce kilómetros, pues es esa ya una distancia que hago sin traumatizarme. Sin embargo hoy, desde Carrión de los Condes no había ningún lugar habitado hasta Calzadilla de la Cueza, que está a 17 kilómetros. Por eso estuve mentalizandome antes de dormirme y desde el primer momento en que me desperté esta mañana. Lo importante, me decía, es no hacer muchas fotos. Pues las tres horas pueden ponerse en cuatro horas o mas. Así, que cuando salí del hotel en torno a las seis y media de la mañana, ya estaba preparado para enfrentarme a tres horas largas de caminar sin descanso.

Camino de Terradillos

Camino de Terradillos

 

Camino de Terradillos

Camino de Terradillos

Y no empecé bien. Cuando llevaba caminando algo más de medio kilómetro la ruta nos metió por la carretera de Villotilla. Todavía estaba oscuro y una pareja de anglosajones, que hasta allí había caminado a veces delante y otras detrás de mi, según se pararan ellos o yo por cualquier asunto, decidió ir por el estrechísimo andén de la derecha por lo que me sentí obligado a explicarles que en España los peatones circulaban por la izquierda. Al oir mis voces en la noche se acercó el hombre y le volví a repetir la norma. Ni me hizo caso ni me dio las gracias.   Él y la mujer que le acompañaba siguieron caminando por la derecha. Te está bien, me sonó en alguna parte una voz familiar, siempre te estás metiendo en asuntos ajenos. Pero a los pocos metros no pude resistirlo, me paré y les grité: Es peligroso, muy peligroso. Ni una voz, ni un gesto de respuesta, nada.   Y siguieron su camino por el lado derecho de la calzada. Al poco, pasó alguien en coche que llegaba tarde a algún sitio y los anglosajones, asustados, se cambiaron inmediatamente de lado. No les llamé imbéciles!, pero lo pensé muy alto.

caminando por una carretera sin arcén.

caminando por una carretera sin arcén.

Como tres kilómetros más tarde entramos en la Via Aquitana, la antigua vía romana que unió Burdeos con Astorga y que fue parte del camino original a Santiago de Compostela. En una piedra nos lo advertían, esa vía iba a prolongarse durante 12 kilómetros.  Lo que no sabía es que iban a ser en línea recta. Yo iba lanzado, todavía no había luz, lo que me permitía caminar sin tener que detenerme para hacer fotos, que tanto tiempo me hacía perder. Pensaba, si voy a esta marcha a las nueve y media desayuno. En esto que dos corzos cruzan la Via Aquitana. Incluso llegaron a detenerse un segundo en el camino y otras dos veces en medio de aquella extensión verde de centeno a través de la que escapaban por nuestra izquierda. Estarían a doscientos o más metros de donde yo estaba así que ni me molesté en llevarme la cámara a la cara. No había mucha luz y estaban tan lejos que ni ampliando la foto se vería nada. Pero bueno, había sido muy bonito ver a la pareja de corzos correr como delincuentes por aquellas extensas praderas. Miré para atrás para ver si alguien de los que me seguía hacía algún gesto pero los siguientes estaban mas lejos que los corzos y en sentido contrario. Así que no pude compartir con nadie lo que acababa de ver.

El rastro de los corzos

El rastro de los corzos

Mas tarde, cuando una pareja de australianos me alcanzó, tuve que preguntarle si habían visto los corzos. La verdad es que creí que eran españoles y les pregunté en castellano. Fue el hombre, muy amigable y sonriente, el que me dijo que eran australianos y que él no hablaba español pero que su mujer si. Un poco, dijo ella secamente. Entonces le repetí la pregunta que ya debía de haber escuchado. Y sin contestarme se la repitió al marido, y este se puso eufórico diciéndome que si, que los había visto saltando por el camino. No le creí pero me agradó que estuviera tan contento. La verdad que por mis prejuicios clasifiqué enseguida a aquel hombre como un pusilánime sometido a las normas dictadas por aquella dura y seca mujer.

La Via Aquitana

La Via Aquitana

Pues desde que le había traducido mi pregunta no había dejado de hablarme y de sonreírme, contándome entre risas un montón de cosas, de las que no entendía casi nada. Pero me daba, me daba (cuando uno no sabe describir acertadamente un sentimiento, vale, en el lenguaje vulgar, utilizar “un nosequé”) pues me daba un nosequé. Mejor, me parecía una falta de consideración dejarle con su charla y su sonrisa y disminuir la marcha para distanciarme de ellos. Lo hice pero él también aminoró el paso hasta que una orden tajante de su mujer le hizo correr a su lado y marcar su ritmo. Todavía volvió la cabeza y me saludó con afecto. Me vi en su lugar y dejé que se distanciaran mucho

En la Via Aquitana

En la Via Aquitana

Los doce kilómetros de la Via Aquitana fueron largos, el desayuno tardó en llegar. Tanto que a las ocho menos diez de la mañana, cuando miré el reloj, mi cuerpo iba con una hora de adelanto, pensaba que serían ya las nueve. Cuando ya habíamos caminado la mitad de esta antigua vía romana, en un área de descanso había dos mujeres sentadas y viéndolas desde lejos las confundí con las propietarias de uno de esos bares que se montan en algunos puntos estratégicos del camino para darle a los peregrinos lo que deseen de entre una extensa muestra de productos a cambio de la voluntad, para que ni Hacienda ni los del paro puedan decir nada, supongo. Son los nuevos pícaros del camino. Al fin y al cabo la picaresca es lo que hemos aportado a la cultura mundial. Claro que hay pícaros y pícaros. Pues entre Esperanza Aguirre y estos del camino existe una gran distancia tanto en voluntad de engaño como en sus consecuencias. Bueno, pues estaba dispuesto a parame con ellas y renunciar a parte del placer que me iba a dar enfrentarme con tantas ganas a mi desayuno. Si tomo algo aquí, me decía, después me apetecerá menos desayunar y me costará más acabar esta larga Via Aquitana. Pero no tuve que hacerlo, aquellas dos mujeres eran dos peregrinas como yo, que se habían detenido a descansar un rato. Como lo estaban haciendo, un poco más allá, el matrimonio australiano, el que formaban la mujer seca y el hombre pusilánime.

En la Via Aquitana

En la Via Aquitana

Fue ya en los últimos kilómetros cuando adelanté a unos italianos con lo que hablé de la proximidad de Calzadilla de la Cueza. Y el hombre calculaba que estaba más cerca de lo que yo decía, y tenía razón. Calzadilla de la Cueza estaba allí al lado, escondida tras una ondulación del terreno que nos lo ocultaba.

Calzadilla

Calzadilla

Y fue al entrar en el pueblo cuando me alcanzó a mi una peregrina que dijo llevarse una alegría al saber que yo era español, ella era catalana, ya que llevaba desde el día siete hablando únicamente en inglés y que estaba cansada de tanto guiri. Habló y habló y no dejó de hablarme hasta que llegamos al único bar que existe en Calzadilla. Y allí, aprovechando que se sentó en la terraza porque le apetecía fumar, yo me fui para adentro excusándome en lo fresquita que estaba la mañana. Fue más tarde cuando me di cuenta que me había disculpado en la baja temperatura estando yo en camiseta de manga corta.

Calzadilla

Calzadilla

Antes de salir, miré por la ventana y la vi allí sentada, se había sacado las botas y estaba hablando con el matrimonio australiano. Creí que era mi momento y salí con prisa.   Ya te vas? Oí que me preguntaba cuando yo todavía estaba deseándole a todos Buen Camino. Bueno, dijo, ya te cogeré en el camino. Y me prometí no hacer ninguna foto, ni detenerme por nada del mundo hasta llegar a Terradillos de los Templarios, mi meta para ese día. Por qué insistiré yo en caminar solo? me pregunté entonces.

Via aquitan

Via aquitan

Pero fue poco antes del último pueblo, Lédigos, cuando me sorprendió su voz diciéndome por la espalda, Ya estoy aquí. No debí de pararme a hacer fotos, pensé pero le dije: tienes el paso largo. Si, me respondió. Más largo que el mío, le dije. Y, tratando de no ser agresivo, le comenté que cada uno debe de andar a su paso en estas marchas largas y me dio la razón y se fue sola mientras yo me detenía a hacer unas fotos. Me sentí mal por no atender la necesidad de hablar de aquella chica a la que todavía le faltaría mucho para cumplir los treinta años. La alcancé y le di carrete. En el último bar de Lédigos la invité a una cerveza que prefirió con limonada.

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Como era temprano para llegar a un pueblo como Terradillos de los Templarios , que estaba tan solo a escasa media hora, decidí alargar este segundo descanso y cogí mi ordenador para transferirle las fotos que había hecho durante la mañana. Mientras tanto me fui enterando que la chica era de un pueblo de la montaña gerundense, que tenía un hermano pequeño, que su abuelo era de Palencia pero que emigrado a Cataluña con 18 años y casado con una gerundense, se había integrado plenamente, llegando a hablar y a escribir correctamente en catalán, lengua que habló siempre con su hija. También sé que sus padres tenían una explotación de vacas lecheras que no hace muchos años habían decidido cerrar y poner las tierras en alquiler, como ahora las tienen. Y que tenía un novio y que hoy era, precisamente el día de San Jordi, el Día de los Enamorados, me dijo ella.

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Fue en uno de esos momentos en que de repente vuelvo en mi, después de un viaje al limbo, cuando la veo sentada a mi lado llorando atribulada y dolorida. Pero qué te ocurre, le pregunto sorprendido de que aquella chica tan vital y dicharachera se hubiera derrumbado sin enterarme. Y me habló del mal de amores que padecía, de lo mal que se había tomado su novio que siguiera haciendo el camino y no hubiera renunciado a esta aventura para estar con él el día de San Jordi. Me tranquilicé, los lloros no eran cosa mía. Y no le di mas importancia y seguí a lo mío.  Cosas del amor, me dije.

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Una mujer vino a mirar por encima de mi hombro qué es lo que estaba haciendo en aquel lugar un hombre con un ordenador y, para su sorpresa se vió en dos de las fotografías que había hecho esa mañana. Y me dijo en inglés, esa soy yo y ese mi amigo. Andá! Pensé inmediatamente, seguro que son amantes y yo los fotografío juntos en un viaje a la Edad Media. Enseguida me ofrecí a enviárselas a su correo y enseguida se las envié a una dirección australiana de gmail.

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

 

Cuando terminé, volví a guardar mi ordenador en la mochila y fui a pagar mi consumición y la de la chica. Cuanto es? Pregunté a un hombre que no me había atendido. Ya le pagaste a la mujer, dijo la moza catalana que estaba entrando en el bar regresando de fumar un pitillo. Seguro? Le pregunté. Seguro, dijo ella. E hice memoria y no encontré recuerdo alguno

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Volvimos juntos al camino, nos dijimos los nombres y como seguía llorando le dije todo lo que sabía sobre como abordar el mal de un amor como el suyo. Debí de estar sembrado, porque se puso a hablar de que no se qué circunstancias que se habían dado para que apareciera yo, justo en este momento, para sacarla del más profundo de los abismos. Oyendo esto y viendo que no estaba cansado, que todavía andábamos sobre la una de la tarde, que el pueblo de Terradillos estaba a un paso, que hacía un día espléndido de primavera y que el paisaje parecía un decorado de una película almibarada, me puse a dar gritos concitando a la felicidad para acabar de rematarla. Pues hasta yo mismo me creí embargado por la felicidad que en ese momento flotaba a nuestro alrededor y que era la que nos estaba transportando a Terradillos de los Templarios.

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Ya en el pueblo le preguntamos a una mujer por el albergue, preguntó la chica, y por un bar, pregunté yo. Y nos dijo: Hay dos albergues uno abajo que , además, tiene una tienda, y otro arriba, muy lejos, a las afueras del pueblo. Y el bar, si lo hay, dijo mirándome a mi. Pero no abre hasta que vuelven los hombres del campo. Y a qué hora vuelven?, pregunté. Bueno, dijo, abre sobre las cuatro para que puedan echar la partida. Le dimos las gracias y nos dirigimos al albergue mas alejado del pueblo por dos razones distintas. Porque yo había reservado una habitación individual en él, y la otra es que Gemma, que ya se había documentado sobre los dos albergues, había decidido dormir en el de arriba y bajar al otro a comprarle en su tienda, porque así le daba dinero a ganar a los dos.

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Cuando subíamos, no más de doscientos metros que es lo que hay que andar para salirse de Terradillos de los Templarios, vimos a un hombre que se acercaba por una pista en un carrillo tirado por un burro. Mira, mira, me dijo ilusionada Gemma. Un carrito con un burro, añadió describiendo lo que veíamos. Y cruzó la carretera y se acercó al carrito y el hombre nos preguntó que de donde éramos y ella dijo que de Cataluña. No sé donde situar eso, nos dijo el hombre. Y ella se emocionó tanto con aquel hombre tan simple e ignorante que era de la tierra de donde había emigrado su abuelo, que le dio un abrazo. Y el hombre se puso muy contento y no daba crédito a que aquella chica en presencia de su padre, que no soy su padre le dije, le estuviera tratando también. Y ella le pidió que la llevara en el carrito y el hombre le dijo que si, que iba a meter a la mula en la cuadra y que hasta allí podría llevarla. Y ella le propuso que la volviera a subir. Y en esto, como si el animal entendiera lo que estaban negociando, se echó andar camino de su cuadra. Y nosotros nos fuimos para el albergue que ya estaba al lado.

El hombre del carrito y Gemma

El hombre del carrito y Gemma

El hombre del carrillo

El hombre del carrillo

En el albergue de arriba, que está realmente bien, me di una ducha y compartí un menú del peregrino con la chica, pues no había cocina donde ella tenía pensado hacer su comida con lo que le iba a ir a comprar al albergue de abajo. Todavía no pagué, pero por la carta, el medio menú estaba en seis euros, más una fanta de naranja, que es lo que bebe cuando come fuera. No creo que me detengan si no pago. Que pagaré, que soy de los que tiene por vergonzoso no pagar o hacerse con dinero que no es suyo. Por eso nunca llegué a nada, me digo como consuelo aun sabiendo que es mentira, que no fue por eso. Y estando en la sobremesa, yo abriendo mi ordenata y disponiéndome a escribir, apareció el hombre del carrito, todo lavado y con la ropa muy limpia, diciendo que venía a ver a la chica que también lo había tratado que quería invitarla a lo que desease y empezó a contarle a todo el mundo que estaba por el bar del albergue lo que había ocurrido. Yo me desentendí de aquello y me fui al limbo. A lo mejor después me cuentan que es lo que pasó.

Terradillos de los Templarios

Terradillos de los Templarios

Ah! Y el novio le envió un video por Washapp en el que le regalaba una rosa, le pedía perdón y le enviaba un beso. Por cierto, el novio no me gustó nada.

El albergue Los Templarios

El albergue Los Templarios

Mañana creo que también voy a dormir en uno de estos pueblos que no sabría situar en el mapa. Ya os contaré.

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

 

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

Camino de Terradillos de los Templarios

4 pensamientos en “DE CARRIÓN DE LOS CONDES A TERRADILLOS DE LOS TEMPLARIOS. VEINTITRES DE ABRIL DE 2015

  1. Jajajaj menudo papelón! Por lo menos se habrá reído contigo! Y ya se q lo hemos hablado y que escribes muy rápido y sin tiempo a releer…. Menos mal q todos sabemos que sabes que abrir es sin h ☺️☺️

  2. Otero, te superas día a día. Lo del mal de amores de la catalana lo has llevado como un campeón, y ya ves, a pesar de que el novio no te gusta, le ha pedido papas y todo arreglado. ¡Un milagro de San Otero peregrino ¡¡¡¡.
    Me puedes con lo del desayuno; te confieso que yo sería incapaz de iniciar el camino sin un míserable café; y tú lo logras y te lo planteas como meta. Para mi que te estás dopando¡¡¡¡
    Abrazos

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