DE BURGOS A HONTANAS. VEINTE DE ABRIL DE 2015

Cerca de Hontanas

Cerca de Hontanas

Estuve a gusto en Burgos pero cometí el pecado de salirme de la partida, de no utilizar un albergue o un lugar reconocido como lo eran aquellas hospederías y hospitales para peregrinos que la iglesia medieval disponía por el camino. Me lo dijo hoy un catalán de Gerona con el coincidí tomando algo en Hornillos del Camino. Hay que dormir en los albergues, no puedes salirte, pierdes el contacto con la gente que hace el camino. Es verdad que hay albergues y albergues. Los de afluencia muy numerosa no son aconsejables, porque la esencia del camino no está solamente en la caminata y en los lugares que atraviesas, es esa vida en común lo que fortalece y anima al peregrino. Más o menos este es el rollo del peregrino. Y algo de verdad hay en ello. Ahora mismo en Hontanas, que es un pueblo de muy poquitos habitantes en medio de la nada, que –en este caso- es una extensión casi ilimitada de campos de centeno, debemos de estar unos cincuenta o sesenta peregrinos. Son las cuatro de la tarde y hasta las diez en que nos retiraremos todos, ese medio centenar, y lo que vayan llegando,  estará en las tres terrazas de los tres albergues que hay en el pueblo, mañana nos adelantaremos en el camino, coincidiremos en el bar o en la fuente de cada pueblo que atravesemos y, por la tarde, en otro pueblo de dos o tres albergues volveremos a estar repartidos por las dos o tres terrazas que haya. Así que en la sexta jornada todavía no se sabe quién es quién, pero ya te saludas con un Buen Camino y una sonrisa.

Esta mañana en Tordajos

Esta mañana en Tordajos

En Burgos yo me salí de la ruta, me cogí un hotel y me di una ducha de esas de dieciocho chorros en la que casi me abraso pues no sabía regular la temperatura. Era un hotel increíble, amueblado con lo justo pero todo bueno. Te entregaban dos tarjetas por habitación y después de pagar ya no volvías a ver a nadie. Incluso para entrar, para registrarme, tuve que llamar a un móvil para que viniera un señor a abrirme la puerta y cobrarme. La habitación doble estaba en 50 euros pero si era de uso individual se quedaba en 30, que es lo que pagué yo. La habitación podría ser de un hotel de 4 estrellas, un poco justita de tamaño, sin embargo no había ni un metro cuadrado común. Pero estuvo bien. Como Burgos.

Saliendo de Burgos

Saliendo de Burgos

Me gustó la ciudad. La vi poco. La atravesé desde el Gamonal hasta el Puente del Cid y me di una vuelta por la catedral, las numerosas plazas que la circundan y un poquito más allá.   Burgos es una ciudad que ha aparecido poco por mi vida, aunque en mi memoria se hayan quedado grabados los pueblos de su provincia aprendidos en versos octosílabos. Y mi vida, la verdad es que ha pasado poco por ella, dos o tres veces de camino a Barcelona con parada para comer un lechal. Nada más. Pero ayer quedé encantado de conocerla.

Con el primer sol a la salida de Burgos

Con el primer sol a la salida de Burgos

Ay! Quien fuera inteligente y erudito para dar una breve, concisa y acertada pincelada de cada lugar por donde pasa el camino. Por ejemplo, de la catedral de Burgos: Hermosa, delicada y misteriosa, no es obra de burgaleses. Que, sin embargo, imagino que siempre se habrán sentido encantadas con ella.  No lo sé. Y que eso fuera exacto, que eso fuera a misa, ya que hablamos de una catedral.   Por eso no digo nada. Cada pueblo merecería una parada documentada, y ese es trabajo que no hice y que el tiempo y el cansancio no me permiten hacer sobre la marcha. Así que conformaros con que os cuente mi impresión del viaje y sus anécdotas. Pues en mi hay poco de historiador, menos de geógrafo y nada de entendido en arte, que serían las tres cualidades que habría que tener para hacer de este cuaderno de viaje una guía documentada. Dicho esto, a lo que le doy muchas vueltas mientras camino, poniendo así en cuestión el blog mismo, voy a contaros lo que me sucedió ayer después de escribir el resumen del día y lo que llevo vivido hasta ahora mismo, que son las cinco de la tarde, cuando acabo de dar cuenta de un menú del peregrino en el comedor del Albergue El Puntido de Hontanas.

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

No es nuevo que mi conocimiento del inglés es parecido al que tengo del amhárico o del griego. Sin embargo ayer, al llegar al hotel de la calle de La Paloma en Burgos, me encontré con que dos alemanes estaban tratando de hacerse entender con el señor del hotel a través del móvil. Como yo estaba esperando que ellos acabaran para poder llamar yo y pedirle que viniera abrir la puerta, acabé por decirle al alemán que me dejara a mi hablar por el móvil que yo hablaba perfectamente, es un decir, el español. Efectivamente, el señor del hotel y yo nos entendimos a la perfección y enseguida nos abrió la puerta y se dispuso a darnos de alta como clientes, a los dos alemanes, a mi y a una señora, también alemana que acababa de llegar de Bilbao, según me dijo mientras esperábamos. Todo fue bien hasta que le tocó el turno a la mujer, que yo dejé pasar delante. Ella no se entendía con el hotelero, que hablaba un inglés mucho mejor que el mío, así que la mujer se empeñó en que yo le hiciera de intérprete pues había presenciado como al poco tiempo de ponerme yo al móvil se había abierto la puerta del hotel. Y ya me veis a mi escuchando a la mujer y traduciéndoselo a aquel hombre que a pesar de entender lo que ella decía esperaba pacientemente a que yo se lo tradujera. Yo, traductor de inglés! Será uno de los milagros del camino?

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Hoy debí de recorrer 35 o 37 kilómetros andando. Yo creo que lo de las distancias de las etapas no están medidas con exactitud. La posadera me dijo al llegar, que había recorrido 35 kilómetros. Le dije que las guías hablan de 31 km. Si, aceptó, pero no desde los albergues de al lado de la catedral. Ah! Acepté la justificación y añadí: Pues hoy además nos han desviado como dos kilómetros por las obras junto al acueducto de la Autopista. Pues se habrán puesto ustedes en 37 km.

Tordajos

Tordajos

Todos los días tomo nota de los pueblos por los que vamos a pasar y dispongo donde detenerme. Así trato de no hacer la primera parada hasta que lleve alrededor de doce kilómetros y después dividir, con un nuevo descanso, el resto de la jornada. Y así lo hice hoy. Decidí pararme en Rabé de Las calzadas para desayunar, detenerme por segunda vez en Hornillo del Camino y, dado que la jornada de hoy era excesivamente larga, 31 km, haría otra más en Arroyo de San Bol donde está señalado un Albergue, por lo menos.

Tordajos

Tordajos

Me equivoqué al interpretar que el Arroyo de San Bol era un pueblo más por donde pasaba el camino. El arroyo de San Bol es simplemente un riachuelo del que no me habría enterado a no ser por los árboles que crecían en su ribera. Me di cuenta después de haber caminado hora y media y no aparecer el pueblo esperado por ninguna parte. No es posible, me decía. No me he parado tanto con las fotos y tampoco he caminado despacio. Algún dato tiene que estar mal. Seguro que son siete u ocho kilómetros y que aparece detrás de esa loma. Fue cuando ya me desesperaba cuando me di cuenta que el arroyo era aquel miserable regato, no más ancho que una cuneta, que había cruzado media hora antes, y que el albergue era aquella pequeña casita que se veía entre unos árboles alejados como trescientos metros del camino. Y que no existía ningún pueblo que se llamara Arroyo de San Bol.

Tordajos

Tordajos

A pesar de esta metedura de pata en que anduve casi diez kilómetros esperando descansar en un pueblo que no existía, la jornada estuvo bien. Como sucede con toda ciudad importante, salir de ella lleva su tiempo, pues no solo hay que abandonar el casco urbano sino también las urbanizaciones que se han ido edificando alrededor así como la red de carreteras y autopistas y, en este caso, también la vía del tren. El campo/campo no llegó hasta después de Tardajos, que es un pueblo que está en el km 10,8, pero que hoy ha estado un poco más alejado al desviarnos, casi dos kilómetros, por las obras que están realizando en el viaducto Arlanzón, de la autovía A-231 (Que exactitud!).

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

En Tardajos no me detuve y a punto estuve de arrepentirme pues al llegar al pueblo siguiente, Rabé de Las Calzadas, desprecié un escondido Bar al que había que desviarse un centenar de metros y al llegar al final del pueblo, pasada la plaza de la fuente y la de los albergues que están mas arriba de la iglesia, tuve que desandar todo ese trecho para alcanzar el Bar que resultó ser el único  del pueblo y que había despreciado por estar a desmano.

Rabé de La Calzada

Rabé de La Calzada

Cuando llegué un alemán se tomaba un plátano en una mesa en la terraza y junto a él había un hombre del pueblo sin hacer nada, era el hostelero. Me saludó muy atento y me invitó a pasar al interior cuando le pregunté si había un bar allí. Pues aunque fuera había mesas y sillas como las de una terraza de un bar, la puerta que debía de dar entrada a una sala con más mesas y más sillas y un barra, daba a un recibidor como el de una casa. Por aquí?, pregunté. Pase, pase, me respondió.   Y ya vi que por la puerta de la derecha que estaba en el pasillo se entraba a una sala grande que podría ser el bar

Fuente que adorna una plaza en Rabé

Fuente que adorna una plaza en Rabé

Me quité todo lo que llevaba encima y debajo, una vez que fui al servicio, pues había amanecido Burgos con tan solo dos grados de temperatura. Y me quedé con un jersey y una camiseta. Y el pantalón, por supuesto. Pedí un zumo y unas tostadas con aceite. Mejor dicho, unas tostadas para echarle aceite. Que no sería la primera vez que me dieran pan frito. Y así que me hube bebido el zumo, una zero. Como el alemán estaba servido con su plátano, el hombre del bar y yo nos pusimos hablar. Le conté que había pasado de su bar por parecerme a desmano y que al llegar arriba y ver que no había ninguno había tenido que dar la vuelta. Ya se, ya sé, me dijo. Para el año ya voy a abrir uno ahí en la plaza de la fuente. Ah! Que bién, le dije. Es mejor sitio, cae de paso. Si, si, contestó él. Este año no, porque no fueron las cosas ccomo quería. Pero para el año lo tengo abierto. Un bar y un pequeño hostal. Poca cosa, que yo ya pronto voy a estar retirado y para que lo lleven mi mujer y mi hija.

Y conocí a su hija, una niña adoptada, supuse, a no ser que su mujer fuera también africana. Había llegado mientras yo estaba en el servicio y estaba sentada a la barra desayunando. Yo creí que estaba de paso y cuando el del bar le dijo que ya tenía el taxi esperando le pregunté si iba a Burgos a trabajar. No, a estudiar, me dijo ella. Trabajar, trabajo aquí, que este señor es mi padre. Y cómo vas en taxi? No hay autobús? (Mira tu en lo que me meto yo) No, el autobús solo lo hay desde Tordajos (el pueblo que había pasado dos km antes), por aquí solo pasa los viernes, me explicó y se fue a coger el taxi que le esperaba.

Su padre y yo seguimos hablando del negocio y, por lo tanto, del camino, y de los peregrinos. Él estaba muy contento de formar parte del camino y me mostró como una especie de corcho en el que los peregrinos que por allí pasaban iban colgando recuerdos, peticiones, vivas y mensajes. Algunos se limitaban a chinchetear un billete de su país. Los tenía ordenados por países. Aquí Suiza, aquí Australia, el país que más ocupaba. Había por lo menos 10 billetes australianos, cada uno firmado y con una dedicatoria del que había sido su dueño. Por aquí Alemania y aquí Austria… dejó de detallarme el panel cuando entraron dos peregrinos a pedir un café con leche. De donde son? Les preguntó. De suiza. Ah! De Suiza. Pues miren, vengan para acá. Miren cuantos suizos dejaron aquí huella. Y los suizos celebraron mucho lo de aquel corcho, pero, como yo,  no pincharon nada.

La Pizarra del bar de Rabé

La Pizarra del bar de Rabé

Por el café les cobró dos veinte, que tampoco es poco para un bar al que hay que entrar por el recibidor de una casa. A mi me cobró, creo que 5,10 por dos zeros, un zumo y un montón de rodajas tostadas a las que le eché aceite a granel. No me pareció mucho, en cambio, y además le pedí un paracetamol de 1 gr. Y lo tenía.

Después de los dos suizos llegó un danés. Y también le enseñó su lugar en la pizarra y también el hombre se puso muy alegre pero tampoco contribuyó a engrandecer aquel mapa, que al principio, yo creí que era de anuncios y ya me había parecido extraño que en aquel pueblo de apenas treinta casas y un solo bar hubiera tanta demanda de cosas.

Enseñándole a un danés su tablón

Enseñándole a un danés su tablón

También hablamos de lo fundamental que era el inglés para entenderse en el camino. Ya ve, me dijo el barman, ahí los ve usted sentados en la terraza, a un alemán, a un danés y a dos suizos y todos hablando animadamente como si lo hicieran en su propia lengua. Y un poco más tarde me fui, que todavía me quedaban casi veinte kilómetros por andar.

después de Rabé

después de Rabé

 

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

La verdad que después de Rabé empezó decididamente el campo, el campo castellano a mas de ochocientos metros de altura. Grandes extensiones verdes de cereales y un horizonte que cuando lo vas a alcanzar parece repetir de nuevo en la lejanía. Esto que puede parecer monótono, no lo es . Todo lo contrario. Es verdad que apenas hay árboles y que el sol, incluso hoy, mediados de abril, cae a plomo, y que en estas grandes extensiones verdes solo, rotas por los montones de piedras blancas que hacen los agricultores limpiando sus tierras, pùedes llegar a encontrarte demasiado solo. Y qué placer, de vez en cuando verte así, solo en un lugar tan grande y tan abierto. Fueron veinte o veintitantos kilómetros más, después de Rabé. Pero los disfruté mucho incluida la equivocación del arroyo de San Bol.

Cerca de Hornillos

Cerca de Hornillos

Hornillos del Camino está en una ondonada, en un pequeño valle que se abre de golpe en la meseta, y no lo ves hasta que está encima. Es una calle larga con alguna bocacalle que lleva al campo y una que lo hace a la iglesia. En el municipio están censados, en el 2014, 60 vecinos. Hay tres o cuatro albergues y un bar. Yo me paré en el bar. Y antes de entrar dejé salir a una mujer, de unos cuarenta y tantos años, que después vi barriendo la calle y que me dijo algo que no entendí. La señora del Bar, taimada y silenciosa, ni me habló.  Esperó a que yo le dijera lo que quería, como si en aquel pequeño bar hubiera de todo.   Pedí de beber y anduve repasando el mostrador tomando nota de la oferta: tarta de Santiago, tarta de manzana, bizcocho de yogurt, empanada de atún, ensaladilla rusa, y dos o tres cosas más que no logré identificar. Pedí ensaladilla que resultó tener una buena mayonesa. Lástima que las patatas estuvieran algo crudas.

El bar de Hornillos

El bar de Hornillos

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Fue en este bar vdonde me encontré al catalán de Gerona que me habló de que lo ideal es dormir en albergues y de que él tenía solo 23 días para hacer el camino por lo que iba a hacer doblete para ver si era capaz de llegar a Santiago. Era un mangallón, de paso largo, así que me aventuré a decirle que como andaba de prisa a lo mejor lo conseguía. Si, si, me dijo, ando a prisa.   Cuando acabmos lo nuestro nos despedimos y yo me eché al camino. Él se quedó dándose unas cremas para que no le quemase el sol.

Hornillos del Camino

Hornillos del Camino

 

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Si Hornillos del Camino apareció por sorpresa tras una loma, mucho mejor fue lo de Hontanas, que viendo que había como el cráter de un volcán, no lo vi hasta que estuve casi encima de sus casas. Aquí hay censados 40 vecinos pero hay tres albergues y uno municipal. En el que yo estoy, El Puntido, me dieron de comer una Olla de San Antón, que es lo mejor para elevar el colesterol, y para compensar el exceso pedí pollo guisado, era lo único suave que vi en la carta. No quise postre, increíblemente.  Es que después de aquellos garbanzos con carne y lo que la cocinera llamó relleno, pan, huevo y no se qué, y el pollo, ni con un yogurt podía. Así que henchido de la olla del santo, me he puesto a escribir esto. No sin pereza. Así que si te ha resultado pesado, échale la culpa a la señora de El Puntido, que es de las que creé que un hombre ha de estar bien alimentado para poder serlo.

Hontanas

Hontanas

Camino de Hornillos del Camino

Camino de Hornillos del Camino

Hontanas, 4 albergues y 40 vecinos

Hontanas, 4 albergues y 40 vecinos

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

 

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

Camino de Hontanas

 

4 pensamientos en “DE BURGOS A HONTANAS. VEINTE DE ABRIL DE 2015

  1. Hola peregrino y buen camino!!He aquí a pocos metros de donde duerme usted, a altas horas de la noche sin sueño,tal vez por el mismo cansancio de los inacabables Kms de hoy,en lo que coincido que fueron más de 31. Ha sido un placer verlo personalmente mientras escribía su blog. Ahora me siento,almenos parte de la historia de su viaje en el día de hoy,viendome reconocido entre esos peregrinos que acompañan su caminar. ULTREYA!!! Nosotros acabamos esta vez en Terradillos pero de buen seguro que llego a Santiago siguiendo su camino.

  2. Otero ya estás culminando la mitad del camino, y cada vez te veo más suelto. No pierdas el ánimoi¡¡¡¡¡¡¡
    Queremos más fotos

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