DE BELORADO A ATAPUERCA

Tosantos

Tosantos

Empecemos por lo importante. La jornada ha sido maravillosa. Desde el primer momento en que abandonamos Belorado hasta que entramos en el albergue de Atapuerca. 30 kilómetros que en ningún momento se hicieron pesados y en los que hubo muchas cosas de las que disfrutar. La excepción, Villafranca Montes de Oca. Un Ayuntamiento que maltrata el camino.

A la salida de Losantos

A la salida de Losantos

Me quedan muchos pueblos y muchos municipios por los que pasar pero de los que he atravesado caminando hasta ahora, ninguno ha demostrado más desdén hacia el camino que este de Villafranca Montes de Oca.   Dos ejemplos: Cuando el camino llega al municipio, a escasos cuatrocientos metros de las primeras casas, desaparecen las indicaciones y se te presentan dos opciones de las que has de elegir la que te parezca.   Ir por el estrecho y peligroso arcén de la carretera, de elevado tráfico, o ir por un caminito entre el arcén, que está más elevado, y una plantación de patatas que todavía no han empezado a brotar. Por mayor seguridad, lo mejor es elegir el caminito por el que solo puede caminar una persona, el problema está en que el dueño del patatal no debe de estar de acuerdo con que el Camino de Santiago pase por al lado de su tierra, de manera que cada vez que pasa el arado para sembrar o remover la tierra ocupa una parte o la totalidad del camino, y uno se encuentra, de repente, caminando por el sembrado de patatas y le entran las dudas de si va por el Camino de Santiago o está cometiendo una ilegalidad al invadir una propiedad privada. Solo al final, porque hay un puente para caminantes, se da cuenta que ha elegido la opción correcta. Y que el problema, sin duda está en la gestión municipal que debe estar supeditada a lo que mande el propietario del patatal.

El Camino de Santiago a la entrada de Villafranca Montes de Oca

El Camino de Santiago a la entrada de Villafranca Montes de Oca

El segundo ejemplo me lo comentaba una catalana en Agés, fin de etapa para la mayoría. En la iglesia neoclásica de Santiago Apóstol (s. XVIII) se encuentra una pila de agua bendita realizada con la concha más grande del Camino traída desde el archipiélago de Filipinas. Para verla hay que llamar a una señora, que tiene la llave, y quedar con ella para que te la enseñe. Lo malo es que la señora hoy no tenía permiso para enseñarle a nadie la pila bautismal.

El Camino en Villafranca Montes de Oca

El Camino en Villafranca Montes de Oca

Podríamos poner más ejemplos, las dificultades para caminar por una carretera de intenso tráfico donde no hay ni arcén ni acera, por uno de sus márgenes. Y también la suciedad que hay en el camino en su salida del pueblo. Es verdad que es poco más que una torrentera pero algo podría hacer el ayuntamiento. Por lo menos lo que hace el vecino que habita la última casa, que ha adornado con plantas el tramo que corre a lo largo de su propiedad.

Salida de Villafranca Montes de Oca

Salida de Villafranca Montes de Oca

El rollo este de Villafranca Montes de Oca ya se que no le importa a nadie pero en algún lugar tenía que quejarme. Además, porque después de caminar 12 kilómetros uno llega a Villafranca con ganas de hacer una parada y tomar los primeros alimentos del día. Y de repente te encuentras con que desaparecen las señales y te entran dudas de si esa población que aparece a tu derecha es Villafranca o has de continuar caminando. Por el tiempo que llevas en el Camino apuestas a que ese pueblo es Villafranca. Y vas para allá; pero a mitad del patatal te vuelven a entrar las dudas, como es posible que el camino pase por encima de un sembrado? Y te das la vuelta. Pero a dónde vas? Te preguntas. Y te respondes,  Villafranca tiene que ser ese pueblo, no hay otro. Y vuelves a caminar por el caminito y la tierra labrada. Al final acertaste. Es Villafranca.

Villafranca Montes de Oca

Villafranca Montes de Oca

En las primeras casas hay dos bares. El de frente es un bar de carretera en cuya terraza hay ya un peregrino descalzo tomándose algo. En el otro, el que está un poco más alejado, el que tiene una panadería al lado, no hay nadie. Solo una señora en la puerta de la panadería mirando hacia donde estás tu. Me llama, piensas, y vas para allá. Como está mas lejos se esmerará más, te dices. Llegas, hay dos clientes en la barra y detrás un hombre enfrentado a una cafetera. Una chica joven trabaja por fuera. Pides un zumo de naranja. Y la chica repite tu pedido en voz alta. El hombre sigue en la cafetera. Elijes una mesa, apoyas el bordón, te descuelgas la cámara de fotos, te quitas la chaqueta de aguas, la otra y te quedas en camiseta de manga corta. La gente está abrigada pero tu vienes de caminar 12 kilómetros y sin haber desayunado. Y antes de sentarte le pides que, además, te pongan unas tostadas.

Bar en Villafranca

Bar en Villafranca

La camarera se pasea con dos naranjas y no pasa nada, pasa el tiempo.   Empiezas a pasear tu mirada por las atiborradas paredes del local. El hombre de la cafetera aparece en una foto esposado entre dos guardias civiles. Más arriba hay un diploma de jura de bandera, debajo una foto de un recluta, que se le parece,  dándole un beso a una bandera de España en un desfile militar. Hay más fotos y dibujos. También hay anuncios. Las autonomías nos arruinan. Orgullo y orden. España es así! Y aparece la península Ibérica a la que le falta Portugal. Al que no le gusta que se vaya! El zumo que no llega y ya hace un rato que el hombre se ha ido a la cocina. Te levantas estiras el cuello para ver que pasa en la cocina y el hombre tiene las naranjas en una mano mientras se hace sitio entre torres de platos con restos de comida. Todo está sucio. Te vuelves a la silla y gritas: No me hagan las tostadas! Y te entran ganas de salir corriendo. Te pones la cazadora, la chaqueta de aguas, te cuelgas la cámara, te calas la gorra, coges el palo y te acercas a la barra. Y le dices a la camarera: ya oyó que no quiero las tostadas? No quiere las tostadas repite ella en voz alta.   El hombre asoma con un exprimidor lleno de chorretes resecos de naranja y vierte su contenido en un baso que me acerca. Mientras me lo bebo de un tirón me dice: las naranjas son buenas, eh! Si, si, le pago y me voy zumbando hacia el otro bar.

En el otro bar de Villafranca

En el otro bar de Villafranca

La barra del otro bar está repleta de bandejas con bocadillos. Elijo uno de sardinas. Hace mucho tiempo que no me tomo un bocata de sardinas. Y pienso en el sabor de las sardinillas de El Vigilante o de la Churrasquiña. Y pido uno. Tiene un poco de picante. A qué le llama usted un poco, le pregunto. Y destapa el bocadillo y se ven unos pimientos rojos. Pues si es eso lo que pica quíteselos. Y lo hace, se los mete todos a otro de los bocadillos que está en la bandeja. Ese va a picar un poco más, pienso. Cuando le doy el primer mordisco aquello no me sabe a sardinilla, me sabe a sal. Será que todavía tengo el sabor dulzón del zumo de naranaja en la boca. Le doy el segundo mordisco, bebo, muerdo otra vez y aquello me resulta demasiado salado. Lo abro. Está relleno de anchoas. Lo dejo a un lado y pido uno de jamón.

Camino de Villafranca Montes de Oca

Camino de Villafranca Montes de Oca

Me llama Manolo RM y me cuenta las últimas novedades políticas y su veredicto. Al PP le va a pasar como a UCD, de esta desaparece. Le digo que estoy fuera de juego desde hace diez o doce días. Al despedirnos me recomienda que lea los periódicos. Busco en el bar y no hay periódicos. Es igual, me digo, los que leí en los bares estos días le dedicaban una o dos páginas solamente a la actualidad de España.

Camino de Tosantos

Camino de Tosantos

Me salgo a la terraza a terminar el bocata de jamón y la Coca Cola. Hace sol. Son las nueve y media de la mañana y hace un día soleado. Y eso que pronosticaban lluvias para dentro de un par de horas. Y a lo mejor llueve, pienso.

Salí a las siete menos cuarto de Belorado después de pasar por el cajero a retirar algo de dinero porque en los próximos pueblos no lo voy a poder hacer  porque no hay cajeros. Cerca de la sucursal bancaria hay un hombre tirado en el suelo, como a unos cinco metros. Todavía es de noche cerrada y no hay nadie en la calle.Me guardo el dinero y me voy en busca del camino. Hay que localizar las señales para no perderse. En Belorado están incrustadas en el suelo, una huella de un pié y de una mano. O eso me parece.   Pero no tengo necesidad de seguirlas. Como cien metros más adelante va una pareja de peregrinos. También madrugan, me digo.

Saliendo de Belorado

Saliendo de Belorado

Los conozco son una pareja de coreanos con los que me llevo saludando cinco o seis días. El hombre va delante y la mujer detrás, como siguiendo sus huellas. Cuando el hombre se separa unos veinte o treinta metros vuelve atrás, a junto de ella, y le habla.   Intento adelantarles pero no puedo, no quiero forzar el paso. Esta noche me volvieron a doler las piernas, ya no sé si es de caminar o de estar tanto tiempo sentado, Me tomé otro ibuprofeno. Pienso que será el último si me vuelven a doler haré una parada. Los llevo delante como dos o tres kilómetros, después logro superarlos y al poco tiempo desaparecen a mi espalda.

Camino de Villambistia

Camino de Villambistia

Entro en Tosantos. Es un pueblo reducidísmo. Es donde está el albergue donde se duerme en colchonetas en el suelo y se hacen comidas comunitarias, al que había ido a dormir la austríaca. Y también dos de las coreanas que conozco. Cuando me faltan unos doscientos metros para llegar a Tosantos veo que se incorporan al camino. Creí que eran madre e hija, después me enteraría que son amigas. Será después cuando me pase una historia con una de ellas, ya al final de la etapa.

Virgen de la Peña en Tosantos

Virgen de la Peña en Tosantos

En Tosantos hay una ermita en un escarpe rocoso, es la ermita de la Virgen de la Peña. No podía llamarse de otra manera.

Las amigas coreanas en su primer descanso

Las amigas coreanas en su primer descanso

Un kilómetro y medio después, cuando llego a Villambistia me encuentro a las coreanas sentadas en un banco. Las saludo y sigo camino sin detenerme. En este pueblo hay una fuente de cuatro caños que dicen que si bebes de ella te quitas el cansancio de encima. Pero yo voy como una moto. He mandado la mochila por el servicio que por cinco euros te la deja en el albergue donde vayas a pasar la noche al final de la etapa. Voy ligero, haciendo fotos a cada metro que me resulta atractivo. Y hay muchos. Dicen que el paisaje de La Rioja y Castilla es monótono porque son los prados de cereales y colza, pero a mi me gustan. Hay mil rincones, mil matices. Lo único que me entorpece es la luz. Hay nubes blancas y nubarrones negros. Dispares para donde dispares siempre parece que estás haciendo un contraluz. La luminosidad siempre se cuela por los claros y proporciona más luz al fondo. Las fotos salen muy oscuras. A la salida del pueblecito me encuentro a dos hombres pintando la fachada de una casa encaramados a la pala de una escavadora. Le hago la foto. Y el dueño de la excavadora me grita para que no la haga, entonces se sube a la excavadora y pienso si va a venir a perseguirme; pero no, es para bajar un poco la pala que lo de arriba ya está pintado. Me alivia.

Una chapuza en Villambistia

Una chapuza en Villambistia

Al levantarme, me propuse no hacer ninguna parada hasta Villafranca Montes de Oca y lo consigo.   Procuro llevar una marcha no muy rápida. Mi intención es cubrir estos casi 12 kilómetros en tres horas o dos horas tres cuartos. Ls fotos me hacen perder mucho tiempo. Pero lo consigo. A las nueve y media estoy en Villafranca después de pasar por Espinosa del Camino y superar la tentación de detenerme.

Camino de Espinosa del Camino

Camino de Espinosa del Camino

Termino el desayuno en el bar ccerca de la carretera, en Villafranca y me pongo en marcha. Me asutan un poco los próximos kilómetros. Me asusta la distancia hasta el próximo pueblo, San Juan de Ortega. Hay catorce kilómetros de los que los tres primeros se anuncian como de una fuerte subida. Al final no es tan dura y los catorce kilómetros se hacen muy bien entre bosques de robles, primero, y pinares después. Pinares umbríos que obedecen a una plantación que se debió de realizar no hace mucho. También me llama la atención los robles, son todos jóvenes, creo que ninguna de las plantaciones pasará de los veinte o veinticinco años. Y son unas arboledas inmensas, de kilómetros.

El Camino en los Montes de Oca

El Camino en los Montes de Oca

De Villafranca partimos como una docena de peregrinos entre ellos estaban los conocidos, un canadiense y las dos coreanas que ya me habían alcanzado mientras desayunaba. Pero en poco tiempo ya nos habíamos distanciado. A mi lado caminó un tiempo un francés al que ayudé a cubrirse con su poncho cuando empezó a llover. Andaba rápido y enseguida me quedé solo.

Montes de Oca

Montes de Oca

Los Montes de oca fueron, en la Edad Media unos montes peligrosos para los peregrinos. Cuentan que estaban llenos de malhechores que asaltaban y en muchas ocasiones mataban a los peregrinos. Juan de Ortega, el pueblo que está tres kilómetros antes de que se terminen los montes, se llama así en honor del Santo burgalés, discípulo de Santo Domingo de La Calzada, que junto a él se dedicó a construir puentes y calzadas antes de irse a Tierra Santa. A su vuelta construyó una iglesia bajo la advocación de San Nicolás de Bari.

Monasterio de San Juan de Ortega

Monasterio de San Juan de Ortega

Después de los primeros tres o cuatro kilómetros el camino se acerca a la autopista y vuelve el ruido del tráfico y es en ese punto donde se encuentra el monumento a los republicanos “paseados” en esa zona. Dicen que mas de trescientos entre julio y diciembre del 36.

En memoria de "los paseados" en 1936

En memoria de “los paseados” en 1936

La autopista no está más de dos o tres kilómetros cerca del camino. Sin darte cuenta vuelve el silencio. En un momento en que el monte se queda despoblado de árboles sopla el viento, pero solo es un kilómetro, calculo. Casi todo el trayecto lo hago sin ver a nadie cerca, sin sentir el ruido de sus conversaciones o de sus pasos. Me sorprende que no se escuche ni un pájaro estando todo tan arbolado. Me alcanza un francés que no había visto nunca y le pregunto si el escucha piar a los pájaros. Se sorprende y me mira muy extrañado. No le voy a explicar que no oigo muy bien y que en el oído averiado creo que me suenan siempre unos pájaros muy lejanos, por eso necesito saber que esos que escucho por la izquierda no existen. No, me dice el francés secamente, no se escuchan pájaros.

El francés que tampoco escuchaba los pájaros

El francés que tampoco escuchaba los pájaros

Miro el reloj, calculo que faltarán solo dos kilómetros para llegar a Juan de Ortega, y en ese momento escucho unas voces muy alegres. Y pasan cuatro chicas y un chico corriendo. Los fotografío y me saludan. A dónde vais tan deprisa?, les pregunto. A Burgos, gritan todos a la vez. Pero eso queda muy lejos, les digo. Ya llevamos veinte kilómetros me grita una toda orgullosa. Bueno, pienso, yo que soy mucho más viejo llevo ya 25. Claro que ellos iban corriendo y sin dejar de hablar.

 

Chicos corriendo hasta Burgos en los Montes de Oca

Chicos corriendo hasta Burgos en los Montes de Oca

En San Juan de Ortega hay un monasterio que están restaurando y un conjunto de edificaciones adyacentes que son Bien de Interés Cultural desde 1931. Como todos los monasterios está en un lugar muy atractivo, tranquilo y apartado de los Montes de Oca, a tan solo tres kilómetros de Agés.

en ese sarcófago yace San Juan de Ortega

en ese sarcófago yace San Juan de Ortega

En Agés, que es el final de la etapa, no encontré habitación, pero me detuve a tomar algo. Entré en una casa antigua en el que una mujer de Ponferrada y su compañero llevan viviendo desde hace quince años. Es una especie de bar con aire de cuarto de estar. Nada más atenderme me preguntó si era gallego. Y Luego en qué me lo notas? Le pregunté yo emulando al viejo Cambón. Pues yo soy del Bierzo y mi madre era de Lugo. Y ya sabes, me dijo, el Bierzo es la quinta provincia gallega. Y también me contó donde estaba cada uno de los miembros de su familia viviendo y que ella tenía una casita en Camponaraya y que una vez en Santiago habían comido muy bien en un restaurante del Franco que se llama A Barrola. Si, se come muy bien, le dije. Solo hay dos o tres del Franco en los que se coma bien. Y ese es uno de llos, le dije.

 

El bar de amapola en Agés

El bar de amapola en Agés

Me puse al sol y con una Zero me comí una empanadilla vegetal que había hecho esta mujer del Bierzo y lo que creí que era una tostada con dos redondeles de queso de cabra cubiertos de cebolla caramelizada y que resultó ser una patata cocida, no fui capaz de comérmelo. Mientras estaba allí fueron llegando los peregrinos y nos fuimos saludando. Ahí fue cuando una catalana vino a contarme que no le habían abierto la iglesia de Villafranca, porque a la mujer no le dejaban enseñarla. También vino a verme una de las coreanas a preguntarme donde iba a pasar la noche. En Atapuerca, le dije. Después de saludar a un ciclista valenciano y a otro de valencia que había llegado andando y que ya había visto antes fui a pagar a la del Bierzo y tras cobrarme me preguntó cómo me llamaba. Se lo dije y le pregunté cómo se llamaba ella y me dijo, Amapola. Y añadió Amapola del Bierzo y se echó a reir. Y yo también.

Amapola de El Bierzo

Amapola de El Bierzo

Antes de pagar me hice con una pequeña tableta de chocolate blanco y me lo comí mientras paseaba por Agés, un pueblo muy pequeñito, una reducida aldea que todavía conserva sus casas originales y que están muy protegidas por la administración, no sé si burgalesa o Castellana-leonesa. Después me fui para Atapuerca

Agés

Agés

Atapuerca está tan solo a dos kilómetros de Agés y también es una aldeíta diminuta. El camino es llano y como hacía sol y había comido me venía paseando con calma disfrutando del día y celebrando lo bonito que había sido el paseo. Y fue a mitad de camino cuando una americana de paso veloz al llegar a mi altura se detuvo y me dijo, tu amiga la coreana quiere que la esperes. Mi amiga? Le pregunté. Si tu amiga. Miré para atrás y allí venía una de las mujeres coreanas con las que vengo intercmbiando sonrisas y saludos desde la salida de Zubiri.

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Camino de Atapuerca

Vas a dormir en Atapuerca? Si, le respondí. Yo también quiero dormir contigo en Atapuerca, me dijo. La coreana es una chica joven, guapa, muy guapa, que no podía estar deseando lo que estaba diciéndome, salvo que echara de menos a su padre; pero eso supondría una complicación excesiva. Así que consideré aquella frase como una mala interpretación mía, a causa de mi deficiente inglés. Y le dije que yo tenía contratada una habitación para mi solo, pero que ella podría contratar otra o dormir en una litera. Hablamos de lo bonita que había sido la etapa, de lo bonito que era el paisaje y traté de explicarle la importancia de Atapuerca por las excavaciones que se estaban realizando allí.   Pero cada poco ella volvía sobre el asunto de pasar la noche y que no sabía donde dormir, que no tenía ningún albergue. Yo le preguntaba por la que viajaba con ella y a veces le entendía que vendría mas tarde y otras veces que dormía en Agés.   Al final se vino conmigo al albergue y al poco tiempo, como no estaba la dueña, se despidió. Pero poco después apareció toda sonriente diciéndome que iba a dormir allí conmigo. Muy bién le dije creo que las literas son aquí a ocho euros. Que bien, que bien, me quedo a dormir aquí.

El albergue del Peregrino en Atapuerca

El albergue del Peregrino en Atapuerca

Cuando llegó la dueña del albergue ya eran las cuatro de la tarde y los dos nos dimos de alta. Yo me fui a la habitación, me di una ducha y cuando salí a lavar mi ropa y tenderla ella estaba allí sentada al sol, descalza escribiendo en su móvil. Y yo me vine a escribir que esta noche dormiré en el mismo albergue que una de las coreanas. Que es, sin ninguna duda, lo que ella quiso decir desde el principio. Lástima!

 

Montes de Oca

Montes de Oca

Montes de Oca

Montes de Oca

Montes de Oca

Montes de Oca

Salida de Montes deOca

Salida de Montes deOca

Montes de Oca. Cerca de Agés

Montes de Oca. Cerca de Agés

Montes de Oca

Montes de Oca

 Puerta de la iglesia de Tosantos

Puerta de la iglesia de Tosantos

Espinosa del Camino

Espinosa del Camino

Atapuerca

Atapuerca

 

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