Veintiseis de febrero. Bagre, filepe o bacalhão

Kuito

Kuito

Hoy tuve una cosecha excelente. No habían dado las dos de la tarde y ya tenía en mi poder el pasaporte con el visado incorporado para treinta días y el billete de avión para Luanda.  Me acompañó el Cooperante, que ya me ve medio inútil, y me protege como si estuviera en la senectud y me viera lo que me ve: algunos días al año.  Ayer cuando volví sin el psaporte me estuvo incendiando todos los poblados de mis neuronas, que ya quedan pocas y se incendian enseguida.  Es lo que les pasa a los cascarrabias.  Pero cómo vienes sin él, y qué le dijiste, y tienes que exigirle que te lo den, y que sino que te hagan un documento, y, y, y.  Cuando llegamos hoy yo ya estaba dispuesto a todo, que salga el jefe de la brigada, qué solo es un sargento, pues que venga el coronel, Y sino el alcalde, que venga el administrador de la municipalidad, el Gobernador provincial do Bié…  Ese era mi plan.  El Cooperante y yo no acordamos ninguno pero después del chorreo de ayer yo esperaba que me secundara en todo.

colegiales de Los Maristas

colegiales de Los Maristas

La oficina estaba desierta pero al poco de entrar, por la puerta que daba a la terraza también entró un guardia, el mismo que el día anterior había estado casi impertinente conmigo.  Entonces habló el Cooperante:   Que bién, que bonito está todo.  Hay ordenadores nuevos en cada mesa.  Ah! Y un televisor de plasma (encendido dando una telenovela brasileña).  Que bonito, que bonito!  Y el guardia creció como medio palmo y empezó a reconocer que si, que todo era nuevo.  Y entonces el Cooperante todavía se lanzó más.  Se ve que esto va, que el país avanza.  Y luego no habrá por ahí el pasaporte del hombre este? Preguntó finalmente.  Y no hubo mas, el guardia fue al cajón de su mesa y sacó mi pasaporte.  Aquí está, dijo todavía lleno de orgullo.  Y yo tuve que agradecérselo como si me hubiera hecho un favor.

En un descanso

En un descanso

Ya en la calle me olvidé de hablarle de su táctica al Cooperante porque, le verdad, me había temido que no me iban a dar ni el visado ni el pasaporte  a tiempo para poder marcharme el viernes.  Iba contento, además también llevaba el billete del vuelo a Luanda.  Finalmente me había decidido por ir a Huambo, la ciudad que se iba a llamar Nueva Lisboa, y que nunca llegó a tener ese nombre aunque lo viésemos escrito en  Andulo, en una señal de tráfico en la que se indicaban los kilómetros que separaban a ambas ciudades. 

El centro de Andulo.  Con la indicación a Nueva Lisboa

El centro de Andulo. Con la indicación a Nueva Lisboa

Según las primeras indicaciones de la azafata de las oficinas de TAAG, el vuelo iba directo de Huambo a Luanda y salía a las once y cuarto.  Pero el cooperante me dijo que no, que si era el vuelo de las once hacía escala en no se qué ciudad.  Entonces le pregunté a la azafata y me dijo que no, que iba directo.  Pero el cooperante hablando en un rápido castellano insistió en que hacía escala, pero que estas nunca se enteran.  Entonces le volví a preguntar si estaba segura de que iba directo.  Y me dijo que si, que no me preocupara.  El Cooperante ya me había pisado dos veces e insistía en que me callara, que la iba aliar y me iban a mandar a otra ciudad.  Me acojoné y le dije a la azafata, a pesar de los colpes de El cooperante.  Pero está usted segura de que es un vuelo directo de Huambo a Luanda? La azfata me miró quietamente unos segundos y después empezó a concentrarse en el ordenador.  Poco después me dijo, el vuelo sale a las once y cuarto del día 28 de febrero de Huambo y con destino a Luanda haciendo escala en no se donde. Y me volvió a mirar como diciéndome, se entera usted de una vez?  Entonces el cooperante, muy templado, me dijo, espera a ver el billete.

Oficinas de TAAG en Kuito

Oficinas de TAAG en Kuito

El billete solo pone que sale de Huambo a la hora señalada y que llega a Luanda tres horas mas tarde.    Y ahora, un último consejo.  En Huambo, antes de subir al avión, verás que todas las maletas están en la pista, junto al aparato, no te olvides de decirle al hombre que esté por allí cual es la tuya y que vas para Luanda.  Sino haces eso despídete de la maleta.  No te olvides que te quedas sin ella.

La neverita de los helados en Kuito

La neverita de los helados en Kuito

Como veis tener el billete y el pasaporte con el visado en la mano es para celebrarlo.  Así que yo iba contento.  Y de repente veo una pequeña banqueta, muy pequeña, con una nevera pequeña encima, también muy pequeña.  Espera, le dije al cooperante.  Ahí tiene que haber un heladero muy pequeño.  Hice la foto y ya oí las protestas del Cooperante, yo me voy.  Me oyes, yo me voy.  Y apareció el heladero, un niño, que me opidió una foto y cuando le enfoqué se puso en pose, tan estirado y con la cabeza tan hacia atrás que creí que se caía.  Y cuando ya le gritaba al cooperante, ya  voy, ya voy, vinieron unas colegialas pidiéndome que las retratara  y al enfocarlas se pusieron seductoras en plan Lolita.

La adolescência empieza antes en Angola

La adolescência empieza antes en Angola

Nos fuimos y poco más tarde nos separamos.  Él se volvía a su escritorio, que es vomo se le llama aquí al despacho o a la oficina y yo me iba para casa dando una vuelta.  Es verano, hace calor, pero sin llegar al agobio de los treinta y tantos.  Estoy en camiseta de manga corta desde las seis de la mañana en que me vestí.  Por lo tanto es un placer dar un paseo por esta ciudad que parece tan ajardinada al estar incorporados a las calles los jardines delanteros de las casas, gracias a la transparencia de sus cierres.

Parte de atras del Gabinete de apoyo a los diputados

Parte de atras de la sede del gabinete de apoyo a los diputados

Claro, que viendo la ciudad, que así le llaman al centro los Kuitenses, uno no se imagina como son los barrios, cómo puede haber tanto contraste, tanta diferencia, tanta desigualdad.  Por un lado me fastidia transmitiros esta imagen de un Kuito encantador y ajardinado.  Pero lo voy a hacer.  Creo que en conjunto habréis visto los contrastes que existen, las grandes diferencias.  Angola no está entre los países pobres de la tierra sin embargo la miseria alcanza los mismos extremos que en Etiopía.  Ayer mismo, vi como un hombre se acuclillaba en el borde de una acera y bebía el agua de la lluvia que se había encharcado allí.  Bueno, y en una de estas páginas hay una niña bebiendo el agua de un charco en la cochera de Macon en Huambo.  Hace dos días, le pregunté a un trabajador si él tenía casa propia.  Si, si tengo una casa en la que vivo con mi mujer y mis tres hijos.  Y tienes agua corriente?  No, no tengo; pero le pago a una mujer 50 kwanzas, lo que valen cuatro bollos de pan muy ligeros o una lata de coca cola en un súper grande, por traerme cada día 25 litros de agua.  Y me sorprende que es mayoría la gente limpia y con la ropa muy aseada.

En la calle

En la calle

Pues bien, estábamos en que hace una tarde de verano maravillosa, que yo estaba feliz porque tenía ya billete, pasaporte y visado.  Habíamos comido suficientemente bien.  Yo, un finísimo bistec algo duro y un huevo blancuzco y casi seco con un cuenco de arroz, un puñado de patatas fritas, tres rodajas de tomate verde, diez aros de cebolla y una hoja de lechuga troceada en doce o catorce trozos, quizá menos, lo que las cartas llaman Bitoque.  Por su parte el cooperante se había atrevido con un buen trozo de bacalao.  Y por primera vez, en estos treinta y un días, había postre.  Lo supimos porque se lo vimos comer a una persona que estaba con él cuando nos sentamos.  Era una mus de chocolate.  Una para dos y lo celebramos.

El camareiro de hoy

El camareiro de hoy

Tarde muy agradable, con la satisfacción del trabajo bien hecho, paseando una casi buena comida y de repente me encuentro en los jardines que hay en la parte de atrás del edificio del gabinete de apoyo de los diputados en la Asamblea Nacional.  Y estaban llenos de niños jugando sobre la hierba.  Como es normal a su edad, las niñas en sus corros y los niños en los suyos o jugando al futbol.  Solo había una persona adulta, ni guardias ni nada, era una mujer que vendía huevos cocidos y una salsa que llevaba cebolla y tomate, por lo menos, que los niños que compraban un huevo tenían derecho a echarle.

Y un huevo duro

Y un huevo duro

Cualquiera diría que este es un país idílico, pero eso ocurría esta tarde a ciento cincuenta metros de mi casa.  A setenta y cinco tan solo, de un grupo de mujeres que sentadas en la acera esperaba a vender pescado seco, el salado bacalao y los de agua dulce bagre y filepe.

Bagre e filepe

Hablé con ellas, les hice fotos y pronto se pararon con nosotros un niño vendedor de escobas y un chico que llevaba no se qué, lo veré en las fotos.  Ah y dos mujeres que se reían de mi, porque decía repetidamente en voz alta bagre, pilepe, bagre, filepe, bagre, filepe.  Total, para tener que parar a una mujer justo delante de mi casa para preguntarle como se llamaba un pescado reseco de agua dulce que vendían las mujeres por la calle.  Bacalao, me dijo.  No, no, uno como rojizo que es de agua dulce.  Ah!  Bagre, se le llama bagre.  Y entré en casa repitiendo el nombre hasta escribirlo en el ordenador.

Pescadera de la acera

Pescadera de la acera

Hace muchos años que me pasa esto.  Nunca puedo presentar a nadie diciendo sus nombres porque me olvido de todos. Y bagre y filepe son como si lo fueran.  Incluso me olvidé una vez de cómo se llamaba el director general de la empresa en la que trabajaba.  A mi tía María Teresa le pasaba lo mismo,  un día me preguntó un nombre y le dije que no me acordaba, que sabía a quién se refería pero que no era capaz de memorizar ningún nombre propio.  Ay! No te preocupes que a mi me pasa lo mismo, de toda la vida.  Pues que bién, pensé.  Asi que ya sabeis, si alguna vez no os llamo por vuestro nombre o no lo digo cuando debo, pensad que soy desmemoriado con licencia.  Que bien! Verdad? Quedarse tan contento con esa disculpa, cuando es muy posible que este deterioro mental vaya en aumento..

 

Pescaderas de la acera

Pescaderas de la acera

Cuando llegué a la puerta de casa, justo antes de preguntarle a la mujer por el nombre del bagre, me encontré a unos niños que iban camino del colegio con sus sillitas.  Les hice mil fotos porque fue muy divertido, se dejaban fotografiar muy serios como si fueran modelos.  Después vino un tercero, pero no se estaba quieto estaba pendiente de unos compañeros que venían rezagados y él quería que entraran en la foto.  Pero me cansé.

Sentados en sus sillitas

Sentados en sus sillitas

Van a dar las cuatro, hace mas de una hora que estoy con esto, en dos horas empezará anochecer y aunque en estos momentos parece imposible, a lo mejor llueve.  Tengo que estar pendiente.  Me había olvidado que había puesto una lavadora y ahora está la ropa a secar en el porche.  Extendida sobre un tendedero de esos que venden en los chinos, que se pliegan y se guardan incluso en el lateral de una nevera, entre el frigoríco y la pared.  A lo mejor desde el mango se desprende una de sus frutas que caen cuando están pasadas y la manchan.  Si eso ocurre, cuando me vaya les dejo el mango talado.

La esquina de nuestra calle

La esquina de nuestra calle

Qué le voy a hacer, son reacciones que se aprehenden viajando.  Ayer mismo, que no os conté,  después de hacerle una foto a una especie de tienda de campaña cuadrada que había delante de una casa y en la que colgaban postizos de pelo, que en el interior le colocan a las mujeres, salió un hombre dando voces.  Me di la vuelta y vi que me llamaba, que me acercara, decía.  Como paso por delante todos los días decidí hacerle caso.  Dime, le dije, qué quieres?  Usted le ha hecho una foto a la tienda?  Si, le dije.  Pues tiene usted que pagarme.  Si?  Si.  Pues no voy a hacerlo.  Pues tiene usted que hacerlo o borrar la foto, porque lo que usted ha hecho es un crimen, es violar mi intimidad.  Que imbécil eres, pensaba yo. Pero le decía, no hombre, no.  Un escaparate es todo lo contrario a algo íntimo.  No, no, no.  Eso es mío y usted no puede fotografiarlo sin permiso, insistía el comerciante.  De buena gana lo hubiera desintegrado allí mismo.  Pero me dio pereza.  Mire, voy a borrar la foto.  Y le mostré su tienda de campaña con los postizos colgando en la puerta.  Parece la de un jefe apache, pensé.  Y me eché a reír a la vez que le borraba su tienda en mi cámara.  Ya está, le dije harto, ya ha recuperado usted la intimidad de su escaparate.  Y se marchó triunfante.  Me ha pasado siempre, me cansan mucho los tontos.  Una vez, había un recomendado de ese director general del cuyo nombre me olvidaba y le dije que tenía que echarlo, que lo sentía mucho, pero que tenía que echar a su recomendado.  Pero por qué? Me preguntaba y cuando acabé de darle explicaciones le dije y además, es que es tonto.  Ah!  Y ahí se agarró él con un discurso que nunca había oído.  Tonto es el 90 por ciento del personal, pero justo ahí es donde se demuestra nuestra capacidad, al hacer que todo funcione contando con estas fuerzas.  La verdad que él era el hombre más brillante que había visto en mi vida y era tan listo como cruel.  En un principio me sentí elogiado, pero a la semana cuando mi ego volvió a su sitio, despedí a su recomendado.  No os cuento lo que sucedió después, solo que sobreviví por milagro.

El vendedor de escobas

El vendedor de escobas

 Un poco mas tarde y porque la vida, a veces, se empeña en ser bella, no me resistí a fotografiar otra tienda en la que una mujer dándome la espalda miraba la ropa que colgaba en su exterior.  De nuevo salió de su interior su propietario y me llamó.  Qué paciencia, pensaba yo.  Pero para mi sorpresa me invitaba al interior de la tienda de lona y me hacía que fotografiase a él, a la mercancía y a las tres clientas que se prestaron encantadas a salir en la foto.  Una fiesta.  Después fue cuando me encontré ccon unas vendedoras de chanclas y otra de plátanos que salieron anotadas en el día de ayer.

La tienda de lona

La tienda de lona

Mañana es jueves, mi último día en kuito.  Cada vez me voy convenciendo mas que a estos países les salva el sol.  Un rayo de este sol, tan solo un rayito,  te reconforta tanto como para desear seguir viviendo a pesar de todo lo que te rodea.

El joven heladero

El joven heladero de kuito

Un vecino

Un vecino

una barrendera

una barrendera

comprando chuches a la salida del colegio

Comprando chuches a la salida del colegio

Jugando junto a sus instituciones

Jugando junto a sus instituciones

Jugando junto a sus instituciones

Jugando junto a sus instituciones

Jugando  junto a sus instituciones

Jugando junto a sus instituciones

Comendo un huevo

Comendo un huevo

En la calle

En la calle

Las pescaderas de la acera

Las pescaderas de la acera

Una pescadera y su hija

Una pescadera y su hija

 

 

Un pensamiento en “Veintiseis de febrero. Bagre, filepe o bacalhão

  1. Me encantan tus blogs!
    Y es q me se la mitad de las historias pero me sigo riendo a carcajadas!
    Q don tiene el cooperante para hacer q te incendies con una chispa…
    Y con el del puesto de postizos…. Si estuvieses en una película se iba a enterar!

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