Veinticinco de febrero. Viso, no Viso

Cuadro de mandos de mi ciber

CUADROELECTRICO DE MI CIBER

Coincidí con tres monjas angoleñas en una esquina tomando los cuatro la misma dirección.  Una de ellas llevaba una gallina en una mano, le llevaba cogida por debajo de las alas, como se cogen las gallinas. Las saludé y les pregunté si podía retratarlas y me dijeron que no, por supuesto. Entonces le dije que solo me interesaba la de una monja con una gallina en la mano  y por la calle.  Y la de la gallina se echó a reír y me dijo que no y, porque yo insistí como si nada, me preguntó si yo era padre y esta vez entendí enseguida.  No, no, padre no soy.  Aunque soy de Santiago de Compostela y de un tiempo en que la catedral lo ocupaba todo.  Ah! Santiago, me dijo.  Yo conozco Santiago, yo estuve allí.  Si?  y de que orden son ustedes?, le pregunté y me dijo una.  Y no se me ocurrió mas aproximación que decirles que yo había estudiado en un colegio de monjas, pero ya no me acordaba de la orden, la de Las Huérfanas le dije.  Ah! Si, dijo.  Yo creo que tratando de disimular su ignorancia, mucho mas leve que la mía. Y como noté que se me iban hice un último lance, la de San Vicente Paul.  Pero nada, no teníamos mucho más que decirnos y les dije adiós.  Además, estábamos justo a la puerta del cíber, donde unos niños se balanceaban en una barra que hay delante que, a lo mejor, en otro tiempo sirvió para atar a los caballos, pensé.

 

A la puerta del ciber

A la puerta del ciber

Ya en el cíber mientras esperé a que el muchacho le pasara a limpio un documento a una señora que estaba sentada a su lado.  Si, lo que me parecía un documento, había imitado en la pantalla la hoja rayada en que estaba escrito.  Y se me dio por pensar que tipo de falsificación estarían realizando.  Hice muchas cábalas con las que comencé muchas historias pero ninguna me llevó a ninguna parte.  Y mientras seguía esperando, me di cuenta que aquella barra, en la que se balanceaban los niños, no se había puesto para atar a los caballos, porque en Angola, en la provincia do Bié, no hay caballos.  Cosa extraña.  No hay caballos, ni burros y apenas he visto pájaros. Si exceptuamos los que a mi me parecen garzas y a ellos cigoñas y las palomas del palomar que fotografié en Nharea.

 

El ciego com su larzarillo

El ciego com su larzarillo

Pero estaba en estas ensimismaciones tan profundas cuando veo pasar a un ciego son su lazarillo, aunque en este caso era mayor el lazarillo que el ciego.  No esperé y le disparé a través del ventanal en un contraluz casi sin sentido.   Salí y corrí hasta ponerme a su altura para poder cogerles a los dos.  Lo conseguí.  Jo! Lo narro como si fuera una proeza cinegética. Pero es que es una imagen que nos indica cómo están los ciegos en angola.  Todavía con lazarillo!  Seguirán en el resto como en la edad media?  Pues seguramente.  Con lo bien organizados que están en España. Mira que biuen trabajo para una ONG.  Seguro que ya la ONCE ha organizado  algo en este sentido.

 

El ciego y su lazarillo

El ciego y su lazarillo

Internet no va, así que me acerco a las oficinas de inmigración.  Mi visado no está, dicen que espere hasta mañana.  Pero mire que me voy mañana.  Pues yo no puedo hacer nada.  Vuelva usted mañana a las 14 o a las 15.  Está bien.  Bajo las escaleras, salgo a la Avenida y vuelvo a subir.  Mire usted que me urge, que me voy mañana.  Ya, ya me dijo.  Pero es que me voy sin visado, que eso me da igual, ya lo arreglaré, pagaré la multa que sea, pero mañana sin falta necesito el pasaporte.  Mañana a las doce estoy aquí.  No, a las doce no, a las 15 horas.  Me voy y mucho mas tarde me entero que a las 15 horas cierran todas las dependencias oficiales en Kuito.  Le he mentido, es verdad, no me voy hoy, pero hoy era el límite porque estaba previsto que saliéramos mañana, jueves, a las seis de la mañana.  Pero hubo cambios.  El Cooperante ya no tiene que ir a Luanda y el viaje es ya solamente cosa mía.  Así que tengo que buscar alternativas y solo hay dos.  Ir en autobús el mismo día, que serían doce horas de viaje, seis horas de aeropuerto. ocho horas de avión, y cinco horas y media de tren, si me da tiempo a recoger el equipaje, pasar la aduana y llegar a la estación de Chamartñin en hora y media. Si no, llegaría a Santiago a las seite de la tarde.  O salir el jueves a las seis de la tarde, dormir en Huambo y volar el viernes durante menos de una hora para llegar a Luanda.  Pasarme el día en la capital y coger el vuelo de las 23.30 a Madrid.  Estoy en esas dudas.

 

Vendedoras de tuppers

Vendedoras de tuppers

Lo del avión parece lo más adecuado.  No puedo meterme ocho horas sentado en un avión después de haber estado sentado doce horas en un autobús de Macon.  Pero es que TAAG, que es la compañía aérea de Angola, se las trae. Hoy mismo entramos en su página web para ver si había billete y nos encontramos que en su calendario, para elegir la fecha del viaje, aparece febrero con 31 días.  Carcajada general.  Menos a mi que se me congela la sonrisa.  Y pienso en la web de Renfe donde he estado cinco horas tratando de imprimir el billete de tren y me ha sido imposible. 

Lluvia de verano de temporada en kuito

Lluvia de verano de temporada en kuito

 Han vuelto las lluvias.  Hace unos días que por las tardes llueve.  Al atardecer exactamente.  El Cooperante dice que está harto de tanta agua.  Yo me rio y pienso en la que me espera cuando llegue a casa.  Todavía lloverá hasta junio?  Probablemente los niños que ahora empiezan a tener memoria, dirán dentro de veinte o treinta años.  Antes si que llovía.  Cuando éramos pequeños los inviernos eran larguísimos, muy oscuros y muy húmedos.  Como nos pasó a nosotros.  También en nuestra infancia llovía tanto que a mediodía, al llegar del colegio, nos teníamos que cambiar la ropa.  Es verdad que sabiendo eso, en muchas ocasiones jugábamos a meternos debajo de las cataratas que se creaban en algunas casas al atascarse las bajantes del tejado.  Pero si que llovía entonces, por lo menos como ahora.

 

Vendedor de pendientes

Vendedor de pendientes

En un momento que voy por la calle veo pasar un todo terreno con seis personas sentadas en la caja trasera, tres a cada lado.  No sé, hay algo que me llama la atención.  Van como muy ordenadas.  Suelen ir todas juntas y mirando para adelante.  Estas van de lado y como mirando al centro.  Cojo la cámara por si acaso y es lo que no me imaginaba.  Hay una cuarta mujer echada sobre un ataúd, se le ecuchan los gritos.  Pero disparo sin resultado.  Se han ido.  He visto  dos o tres entierros pero todos tumultuosos.  Este es el primero con una soledad tan grande. Solo los gritos de la mujer deshacían la intimidad.

 

Comitiva funebre

Comitiva funebre

Mas tarde intento retratar a un camión abarrotado de personas pero se me escapa.  Pero  unos segundos después pasa otro y lo atrapo.  Es la hora de volver a casa, pero ahora cuando escribo esto me doy cuenta que eran parte de la comitiva de un entierro.  Habían cogido por la calle del Hospital en vez  seguir recto.  En esa dirección solo se va al centro médico o al cementerio.  Aquí puede ser una dualidad inevitable.  No, usted ya no pare que no tiene remedio, siga recto y espere un par de días que ya se queda.  El diagnóstico lo puede hacer el de la puerta.  Como hacía Camba en Echeverri.  Si quiere que lo vea el doctor, entonces tendremos que avisar a la policía.  Sino se lo hago yo en un momentito.  Y fue el propio Camba el que le metió tres o cuatro grapas en la mano a Luis.  Eran las tres de la mañana y, efectivamente, nos había estado persiguiendo la policía por el ensanche, todavía en obras, de Santiago.  Nos habíamos escondido en la manzana de detrás de Galuresa.  Habíamos saltado la tapia de madera y a Luis se le desgarró una mano con un clavo o con una astilla.  No habíamos echo nada, pero eran tiempos en que cuatro jóvenes por la calle a las dos o tres de la madrugada no pintaba bien. 

La chica del super despues de quitarse la bata

La chica del super despues de quitarse la bata

Perdonadme que me enrolle un poco más, pero hablando de centros médicos y de cementerios me resulta inevitable recordar a mi amiga Celina, la mujer de Lelo.  Son mis vecinos en Meis, mis queridos vecinos, que ya pasan de los ochenta años.  Y ella, siempre que va al médico, siempre viene quejándose de lo bruto que es.  Como nos ve mayores, como te quejes mucho, te dice mirando por la ventana, desde donde se ve el cementerio de San Martiño, a usted para lo que le queda.

Vendedoras de chanclas

Vendedoras de chanclas

Pues ayer tuve la oportunidad de retratar la sala de espera de una clínica privada de aquí, de Kuito.  En otra ocasión ya había retratado otra que daba pavor.  Y eso que solo era la fotografía de la entrada y del anuncio que colgaba al comienzo del callejón donde está ubicada.  Bueno, en esta foto se ve la sala de espera y la mesa de la consulta.  Por la ventana se ve parte de la camilla, la persiana baja justo hasta ella dejando al aire el forro de plástico reventado, saliéndole la espuma amarilleada ya por el sol.  Es una clínica que siempre tiene mucha gente, debe de ser una especie de ambulatorio, no creo que operen.  Aunque de vez en cuando por la ventana se ve alguna percha con botes de suero.  Bueno, en los cincuenta se operaba en la pensión santiaguesa, La Arzuana, de la calle del Franco.  Los jueves, que era día de feria se operaba mucho en las casas de la calle del Franco.  Todavía  viven los hijos de aquellos médicos que lo pueden contar.

La clinica

La clinica

Llego a casa, los niños de la casa de al lado han decidido que somos amigos y se empeñan en que les haga unas fotos, incluso el mayor, no tendrá cinco años, quiere hacer una foto, le pongo la cámara en automático y se la hace a su hermano pequeño.  Y resulta mucho mejor que las mías.  Es esta que, para terminar,  os pongo a continuación.

La foto que mi vecino le hizo a su hermano

La foto que mi vecino le hizo a su hermano

Mis vecinos

Mis vecinos

La clinica outra vez

La clinica outra vez

Haciendo los deberes antes de entrar en el colegio

Haciendo los deberes antes de entrar en el colegio

La compradora de pendientes

La compradora de pendientes

En la calle

En la calle

En la calle

En la calle

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