Veinte de febrero. Andulo y Nharea

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Nharea, me los crucé en la calle.

Nos pasamos el día en Nharea.  Como en Kuemba, se trataba de un curso para policías, militares y funcionarios sobre Derechos Humanos.  El asunto se las trae en un país donde el presidente es el que más años lleva en el poder de toda África.  Pero claro, una cosa son los derechos y otra su ejercicio.  Lo primero es lo primero, reconocer que esos derechos existen.  Que ya me parece un logro.  Angola ha firmado en la ONU el respeto a los Derechos Humanos, un gran paso en un país cuya constitución acaba de cumplir cuatro años, pero en el día a día el desconocimiento de esos derechos es total.

calle de Nharea

calle de Nharea

Habíamos quedado a las seis de la mañana con el conductor y los dos representantes de la ONG angolana socia de Rescate.  A las seis y media estábamos en el camino.  El viaje a Nharea no es tan duro como el de Kuemba, pero tampoco es fácil.  Hoy, a causa de las lluvias de hace dos días, tuvimos que coger un desvío que estaba destrozado, por un momento tuvimos que salirnos campo a través para poder superar una grieta de más de un metro de  profundidad que se había abierto en este camino alternativo.

Carretera a Nharea desde Kuito

Carretera a Nharea desde Kuito

 

Son tres horas de viaje.  Aquí los desplazamientos se miden por el tiempo que empleas en realizarlos, no por los kilómetros.  En ocasiones, tan solo treinta kilómetros te pueden llevar doce horas.

 

Desvio.  La general estaba peor

Desvio. La general estaba peor

A Nharea se hace la mitad del camino por carretera de tierra, la cuarta parte por carreta asfaltada rota y la otra cuarta parte por carretera casi en buen estado.  Este último tramo, que es el que va de Andulo hasta Nharea, forma parte de la carretera de Nharea a Luanda.  Lo que sorprende es que al llegar a Nharea, justo a doscientos metros del centro, se suspende el asfalto y queda al aire la tierra roja de esta provincia.

 

La general a Nharea desde Kuito

La general a Nharea desde Kuito

L ciudad de Nharea es una curva en una carretera de tierra.  Justo antes  y justo después de que la carretera se tuerza hay unos jardines.  Delante de los primeros está el ayuntamiento y la casa de salud y de los segundos está la iglesia, que está justo en la curva.  También jalonando estos últimos están las cantinas, la oficina de compra de diamantes y otros comercios de los que ya os hablé en primera visita.

Comercio en Nharea. Felipe II  también fue rey de Angola

Comercio en Nharea. Felipe II también fue rey de Angola

Lo primero que hice fue irme al cíber que está en la casa de la cultura, pagué doscientas kwanzas por una hora en la que no pude hacer nada.  Y me fui.

 

Jardines de Nharea

Jardines de Nharea

En los jardines de después de la curva estaban sentados dos sobas con sus respectivos acompañantes.  Eran viejos, muy viejos para lo que se lleva por aquí.  Les salude y estuve a punto de sentarme junto a ellos en el bordillo del parterre.  Pero me cohibí.  Además, estaba muy bajo el asiento para mi comodidad.  Así que me fui a un banco y estuve haciéndole fotos a una hilera de árboles, como ya le había hecho a una hilera en Andulo, cuando a primera hora nos paramos a reservar hotel y a tomar una sopa, que es lo que se toma aquí a primera hora de la mañana.    Bueno, nada extraño para los que tenemos unos años y tuvimos alguna relación con la gente de las aldeas.  El caldo era el desayuno acostumbrado.  José Penelas se tomaba un tazón grande de caldo cada mañana de desayuno.  Es verdad que para esa hora ya llevaba dos o tres chiquitas de caña, que apuraba en la primera tasca que abría en Villagarcía, una que estaba en la entrada del barrio de O Castro, en las inmediaciones de la plaza de abastos, donde el padre de Valle-Inclán dirigió un periódico y muy cerca de donde Don Adolfo Llovo tenía su almacén de coloniales. En el mismo barrio donde había una niña de diez años, los que tenía yo, que cobraba tres patacones  por un polvo.  Yo la conocía y me intimidaba.  Es vicio, decía él a punto de empujar el vasito con el aguardiente, como para justificarse y advertir que no era una necesidad.

El desayuno

El desayuno

Penelas me llevaba a mi unos cincuenta o sesenta años.  Nos llevábamos bien y a veces me contaba cosas.  Había trabajado en la construcción del ferrocarril cerca de León y antes de venir a Villagarcía lo hacía de aguador en una casa  a unos kilómetros de Verín.  Eso de aguador me sonaba extraño a mi.  Tener como empleo el sacar agua del pozo me parecía un oficio muy antiguo y muy aburrido, pensaba entonces.  Un día, ya había muerto mi abuelo, que era el que lo intimidaba y por el que iba a misa cada domingo, me dijo al escuchar las campanas de la parroquial, escucha, la llamada para los ignorantes.

 

Donde desayunamos

Donde desayunamos en Andulo

Parar en Andulo es una necesidad,  está una media hora larga antes de llegar a Nharea.  Y en Nharea no hay donde tomar algo consistente, salvo que lo encargues en una de las cantinas.  De no hacer esa parada llegaríamos al medio día, siete u ocho horas después de habernos levantado sin nada en el estómago.

Una calle de Andulo

Una calle de Andulo

Una hora después de estar en el banco de los jardines frente a las cantinas y por matar el tiempo, pese al calor que hacía, sobre unos 32 ó 35 grados al sol, decidí ir dando una vuelta hasta la casa donde estaban preparando la comida para los participantes en los cursos.  Un pequeño grupo de casas que pertenecen todas a una misma familia.  Al parecer muy habitual aquí.  El padre construye en su tierra una casa para cada uno de sus hijos y al final acaban convirtiendo la era familiar en una pequeña aldea.

O Quintal le llamó la dueña

O Quintal le llamó la dueña

Cuando llegué dos mujeres se dedicaban afanosamente a fregar los cacharros de la comida, los enjabonaban más que cuando friego yo.  Después de los saludos fui avanzando poco a poco con la cámara hasta que le hice fotos a todos los que había por allí.  Para empezar elegí la olla exprés, que de nuevo me llamó la atención, al encontrármela sobre un fuego tan primitivo.

Cocinando la comida del medio día.

Cocinando la comida del medio día.

Estaban cocinando arroz, gallina, frijoles y fuje, que es como puré de patata pero de mandioca y agua.  A mi lo único que no me gusta es el fuje, tampoco doy nada por el puré de patata.  Sin embargo, no es admisible que en una comida de este tipo no incluyas fuje en el menú.  Los concursantes protestarían.  Ya lo hicieron una vez, me dijo el Cooperante, que cree que uno de los mayores atractivos de los cursos es la comida con que se acompañan.  Y se le da gallina,  la carne mas apreciada.  Os confieso que yo no pude tomarla.  Imposible.

El palomar

El palomar

 

Además de retratar a las mujeres y a los  niños le hice fotos a un palomar, muy deteriorado, pero muy antiguo, que todavía se mantenía en pie.  Pero lo que me sorprendió más fue que todavía conservaran en uso los grandes cuencos de madera y los palos/mazos para machacar la mandioca.  Los veréis en una foto.

 

Niños junto a los morteros de la mandioca.

Niños junto a los morteros de la mandioca.

Cuando veo que puede ser la hora para que me llame el cooperante para hacerle la foto del curso me pongo en el camino de vuelta, poco más de un kilómetro por una franja ancha de arena.  Hace calor pero hay momentos geniales.  Me paro en una cantina y como no me atienden doy voces en el patio donde veo que hay gente.  Una mujer muy enjollada da un grito y un niño viene corriendo a atenderme.  Una gaseosa, le digo.  Y me toca de naranja.

El que me despachó la gaseosa

El que me despachó la gaseosa

Le hago fotos al niño y al rato aparece la madre.  Lleva un reloj de oro en la pulsera y un anillo también de oro muy grande, tanto que le debe hacer imposible doblar el dedo.  Hablamos.  Le señalo el muro que cierra una finca de unos siete mil metros en la que hay varias viviendas y le pregunto si es solo una casa.  Y me lo aclara.  En este quintal, dice, el padre ha construido una casa para cada uno de sus hijos y ahora estamos aquí viviendo todos, incluso los nietos y pronto algún viznieto.   Y antes de que yo le pregunte nada, va y me dice que ella es la mujer de ese padre y que esos chicos que hay por ahí son sus hijos.

Niños en la calle.  Nharea

Niños en la calle. Nharea

Seguimos hablando.  Y en Nharea es inevitable el tema de los diamantes, las minas están a unas dos horas.  Me dice que cuando quiera me lleva.  Estoy a punto de comprometerme para el día siguiente ya que el curso va a durar dos días.  Pero aplazo la decisión a  ver por donde tira esta mujer.  Es grande, fuerte y habla con resolución.  Si voy con ella y no le compro un par de piedras me deja allí, pienso.  Y le sigo dando carrete.  Yo le compro a las campesinas las piedras que encuentran en sus tierras y que tienen guardadas en unas garrafitas, me cuenta.  Y sigue didiendo, claro que hay que analizarlas porque no todas son diamantes, muchas son, y me dice una palabra que no retengo.  Que novedad! Nunca retengo una palabra nueva.

Una de las cocineras

Una de las cocineras

Y seguimos.  Y le pregunto si hay libertad para comprar y vender diamantes y me dice que si, pero no se por qué no me quedo muy convencido.  Hay mil historias y muchas terminan  en la cárcel.  Y una cárcel en Angola, tiene que ser terrible, si ya resulta mortal vivir fuera en muchas ocasiones. Entonces me llama el cooperante qué donde estoy, que si puedo acercarme a la sala de reuniones del ayuntamiento a hacerle la foto al curso.  Acabo mi gaseosa y me voy pitando.  Hace un calor de un maravilloso  agosto.-  Cuando llego soy un charco.

La otra cocinera

La otra cocinera

El curso es intensivo y la comida se retrasa hasta mitad de la tarde.  Da igual cuando la comemos nos abrasamos.  Yo tengo que dejar enfriar el arroz y los frijoles.

Esperando para servirnos la comida

Esperando para servirnos la comida

Cuando acaba el día nos vamos a Andulo, en Nharea no hay donde dormir.  En Andulo tampoco.  El hotel en el que habitualmente pernoctan se ha quedado sin luz eléctrica, al parecer se quedaron hace diez días y no pueden darnos alojamiento.  Nos da igual, insiste el Cooperante, compramos velas.  Imposible, se niegan.  Acabamos en una, en una, en una… no se como llamarle.  Pero yo que he dormido en la playa, en pajares, en las traseras de un camión, en cuevas, en cobertizos y en la calle, en la puñetera calle, nunca lo hice en un lugar tan espantoso.

El sitio de mi lavabo

El sitio de mi lavabo

Buscamos por todo Andulo, pero no encontramos nada.  Ni en la funeraria, que se anunciaba como hospedería.  La definitiva, pensé.  Pues ni ahí.   Después de aceptar que en ese lugar pasaríamos la noche nos fuimos a comprar el matabichos mas criminal que encontramos.  Tomamos posesión de los cuartos, en los que el del cooperante y el mío, ya habían sido abiertos alguna vez a patadas, y nos fuimos a la calle.  Terminaba el día.   Cuando salimos el conductor nos dijo que se iba al río a lavar el coche.  Nos pareció una idea genial, porque en aquel lugar no nos lavaríamos nunca.  Cogimos las toallas que había a los pies de la cama y nos fuimos con el sr. Gomes.

 

El rio de Nharea

El rio de Andulo

Medio pueblo se había dado cita allí para lavar sus motos.  Cuando llegamos nos salieron al paso cinco o seis jóvenes ofreciéndonos, por poco precio, dejarnos el coche como nuevo. Mientras el Sr. Gomes arreglaba ese asunto nosotros nos fuimos hasta la orilla.  Bañarse allí sería como hacerlo en una de las alcantarillas de Manhatan ( es que son las que conozco por las pelis).  Si sobrevivíamos al chapuzón quedaríamos indemnes para siempre.  Pero no nos atrevimos a la prueba, sobrevivir nos parecía imposible.  Sin embargo, cuatro niños se chapuzaban, mientras un hombre sacaba arena del agua con una pala que después, un poco mas arriba, ponía a la venta para la construcción.

Sacando arena del rio.  Nharea

Sacando arena del rio. Andulo

Lavado el coche nos volvimos, fue entonces cuando fuimos a comprar el insecticida y a gastar el tubo en nuestras habitaciones. En la del Sr. Gomes también, lo invitamos.  Se hacía de noche, había que cenar.  Me habían asegurado que a donde íbamos se cenaba bien.  Pero ya se lo que significa bien para un cooperante.  Una sopa es un festín.  Y un calamar, una boda.

En una calle de Nharea

En una calle de Nharea

Niños de un barrio de Nharea

Niños de un barrio de Nharea

La del bar del Ayuntamiento.  la nevera que está detrás.

La del bar del Ayuntamiento. la nevera que está detrás.

El Soba y su ayudante.  Nharea

El Soba y su ayudante. Nharea

Vendedoras en Nharea

Vendedoras en Nharea

Los motoristas de Nharea esperando clientes.  la parada de taxis.

Los motoristas de Nharea esperando clientes. la parada de taxis.

La funeraria de Nharea

La funeraria de Nharea

Niños en Andulo.  En donde compramos el insecticida

Niños en Andulo. En donde compramos el insecticida

Calle de Andulo

Calle de Andulo

Vendedora en la calle en Andulo

Vendedora en la calle en Andulo

La puerta de la habitación .Andulo

La puerta de la habitación .Andulo

 

El hotel en Andulo

El hotel en Andulo

El carro de bolas y la ropaEn el rio en Andulo

El carro de bolas y la ropaEn el rio en Andulo

 

Después del baño.  Andulo

Después del baño. Andulo

En el rio de Andulo

En el rio de Andulo

 

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