Diecisiete de febrero. De nuevo en Kuito

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Delante de mi nueva casa

No está nada mal eso de llamarle al lunes segunda feira.  Es un nombre mucho más positivo.  Cuando oyes o dices lunes estás pensando en el primer día de la semana, en el comienzo.  E, inevitablemente, en tu interior se está produciendo una alarma.  En el subconsciente  cuando se oye esa palabra, hay un instante inicial de pavor, de urgencia, de toque de generala.  Cada uno a sus puestos!  se oye gritar a las neuronas y hay apurones por alcanzar en el menor tiempo posible el puesto de trabajo de los lunes. Porque todos sabemos que en el inicio de algo, al comienzo es cuando mayor energía necesitas para vencer la inercia.  Dices lunes y estás diciendo, empezamos.  En cambio, cuanto mas relajado es decir segunda feira.  Dilo.  Ya verás como no sientes ninguna prisa en tu interior.  Segunda feira, yo puedo pronunciar estas palabras mil veces y no sentir ninguna inquietud.  El segundo siempre es menos agresivo, ha perdido esa condición de punta de lanza, de vanguardia.

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Empezando sin agobios

Por eso se le ve aquí a la gente mucho más relajada.  No es lo mismo empezar la semana una segunda feira que un lunes.  Y vosotros diréis, bueno pero ellos sentirán esa precipitación interior, ese desasosiego, en la primeira feira.  Pues no, porque no tienen.  La han suprimido.  Así se han quitado ese estrés que sufrimos nosotros.  Son más relajados.  Ayer mismo, fuimos el Cooperante y yo a tomar un bitoque, que es lo que ahí llamaríamos un plato combinado de bistec, huevo frito, patatas y ensalada y nos lo sirvieron sin prisas, muy relajadamente.  Primero nos pusieron una cosa, después otra.  Como a los treinta minutos teníamos la mesa puesta y aun tardó en venir el bitoque.   El cooperante, como todos los cooperantes incluidos los portugueses, se desesperan.  Cómo es posible?  Se pregunta siempre el cooperante.  Y yo se lo digo siempre, es porque no tienen lunes.  Y ahí empezamos una de esas discusiones que con él son imposibles.

La alegria de una segunda feira

La alegria de una segunda feira

Esta mañana me he levantado como si fuera segunda feira y no lunes y todo ha salido rodado.  Me di una ducha de agua caliente, que en la casa de las chicas sí hay, y me fui a comprar lo necesario para hacer la comida, que el Cooperante hoy quiere comer en casa.  Y quiere arroz con garbanzos y pollo.  Plato que me afianza en la idea que estos cooperantes viven como estudiantes.  Pero con las responsabilidades de altos ejecutivos.  Ya hablaré de sus esfuerzos y de sus sufrimientos, que son tantos y tan variados que no se cómo les compensa. Si no es por el bien qué intentan hacer.

Ni las segundas feiras se libran del futbol

Fui al super, al más equipado, a ese que un día tenía manzanas, que forma parte de una cadena que tiene nombre de flor o de color que además sirve como nombre de mujer, algo así como gardenia o violeta.  Bueno, es igual, ya me acordaré.  Esta cadena tiene empresas muy variadas, tiene hasta una farmacia; pero, a lo que iba, el súper estaba cerrado, abría a las ocho y todavía faltaba algo más de una hora.  Así que me fui a dar una vuelta para ver  si me hacía con alguna foto que poner en el blog, que cada día que paso en esta ciudad me voy haciendo más ella y  sus peculiaridades van dejando de llamarme la atención.  Aunque hay algunas que hacen que me lleve la cámara a la cara en un movimiento automático.   Cuando veo a alguien lavar el coche en la calle mi reacción es hacerle una foto.  Ellos no lo entienden.  Qué fotografía? Se preguntan.  Se ponen de pié, miran para todas partes a ver que se están perdiendo, incluso miran debajo del coche.  No entienden que me llame la atención que un hombre se entregue con tanta fruición a dejar un coche tan brillante  y tan limpio, le lavan hasta las ruedas, teniendo unas casas tan deterioradas y tan faltas de cuidado.  Sin embargo ya es una foto que me niego a hacer, tengo veinte, por lo menos. A no ser que vea que lo hace una mujer.  Todavía no vi a ninguna y eso que ya vi a varias conduciendo.  Esta mañana precisamente a dos en un cruce.   Y ayer, una mujer fuerte, de cara redonda, de labios gruesos, que iba subida a un todoterreno poderoso y alto, le gritaba a una pareja que iba en un utilitario mas bajito con las ventanillas tintadas, baja la ventanilla, cobarde!.  Como diría el Cooperante, buscaba confusión.  Que es el estado perfecto de los angolanos.  Confusao, muita confusao.

Camino del trabajo

Camino del trabajo

Y para hacer tiempo me fui a casa a desayunar unas tostadas con aceite y una zero con mucho hielo; pero me fui dando un rodeo y se me fue ocurriendo ir haciéndole fotos a los niños que ya iban camino del colegio.

Camino del colegio

Camino del colegio

También le hice a unas barrenderas y a dos mujeres a las que saludé y que poco después, al darme la vuelta para fotografiarlas,  me di cuenta que habían cruzado de acera.  Entre lo que se habían rezagado y el cruce de una calle tan ancha estaban un poco lejos para una foto.  Pero se la hice igual pues llevaba el teleobjetivo que me viene bien para estas ocasiones.  Sin embargo después de dispararles me quedé sorprendido por lo que había hecho.  Al final del día, cuando me encuentro con cientos de fotos en la cámara, a veces más de mil, me acuerdo siempre del fotógrafo de Nathinal Fotografic que decía, que en muchas ocasiones te encuentras con fotos que no sabías que habías hecho.  Ahora mismo yo acababa de adelantar la sorpresa al instante siguiente de haber hecho la foto.  Qué he hecho, me dije.  Le acababa de disparar a dos mujeres contra la valla del cementerio.  Os cuento.

Contra la valla...

Contra la valla…

Yo soy amigo de Luis Pasín Liñares, un hombre que al oferecerle una vez un Trinaranjus de manzana, me dijo que las manzanas eran malas para el reuma.  Luis, que debe de andar ahora en los ochenta años,  era nieto del viejo Pasín, que fue como él, concejal en el ayuntamiento de Santiago  en donde ejerció de teniente alcalde.  El viejo Pasín, entonces ya era mayor,  era sobre todo un hombre honesto y fiel a sus principios republicanos y en aquella época ya se había ganado el respeto y la admiración de los ciudadanos, sobre todo, de sus vecinos del barrio de Conxo.   Tenía varios hijos y al menos tres de ellos militaban en las mismas ideas republicanas que su padre, y esos tres fueron elegidos para integrar el comité de defensa de la ciudad de Santiago el día que Franco inició el llamado Alzamiento Nacional.   Poco hicieron los tres pasines, ni un tal Carnero, que después de la guerra fue farmacéutico en Rianxo, ni los otros siete que integraban el comité por defender la ciudad.   A los pocos días fueron detenidos y  diez de ellos, a Carnero lo salvó su tío, un hermano de su madre que era general, fueron fusilados en Boisaca, contra la valla del cementerio.

Con alguna prisa

Con alguna prisa

Yo sé todo esto, porque una vez, hace muchos, muchos años, Luis Pasín me pasó la autobiografía de su abuelo, que el viejo militante republicano había escrito, creo recordar que a lápiz, un poco antes de morir.  Quería que yo se la reescribiera, que le diera forma… Pero el tiempo, ese caballo desbocado que nos lleva…  Un dato, solo uno más sobre ese viejo y dolorido Pasín.  Murió en los años cincuenta y dejó escrito como querían que lo enterrasen, con sobriedad y sin curas.  Y así se hizo bajo la estrechísima vigilancia de las fuerzas del orden, siguiendo instrucciones del entonces Gobernador Civil, a quién la familia, me contaba Luís, le había rechazado su oferta de que el Cardenal de Santiago oficiara los funerales en la catedral.

Repartiendo mazorcas de maiz

Repartiendo mazorcas de maiz

Ha pasado el tiempo, ese drama tan doloroso y próximo se ha ido convirtiendo en una estampa que podemos manejar sin que nos duela, incluso traerla aquí, evocándola en un momento tan banal como el de esta foto.  Son jugadas que nos hace la mente.  Os cuento otra, que no sabe nadie pero que viene a cuento, cuando yo trabajé para Treball, que era el periódico del Psuc catalán, allá por los finales setenta, yo firmaba como Lois Liñares, en homenaje íntimo y secreto a los Pasín, que eran cuñados de la Liñares.  Retorcido que es uno.

Algo hay para ler en kuito

Algo hay para leer en kuito

Cuando estaba con las tostadas.  Mejor dicho estaban ellas quemándose en la sartén que yo estaba agenciándome el hielo, apareció una de las mujeres que vive en la casa.  En pijama, claro, como es normal a esas horas y le ofrecí parte de mi pequeño almuerzo, como me aportugueso!, pero dijo que prefería hacer las tostadas con su pan.  Muy bien le dije y me mantuve expectante para ver cual era el pan que ella utilizaba.  Me sorprendió, era igual que el que yo le había ofrecido.  Por qué? Le pregunté  porque si no se echa a perder, me dijo.  Que pretencioso somos, verdad?  Creer que una cosa gana si nos la comemos.

Ejecutivos

Ejecutivos

Desayunamos juntos, ella sus tostadas con nosequé y su café y yo mi pan con aceite y mi zero.  Me dijo que era de Braga y que también había desayunado muchas veces pan con aceite, pero solo en España.  También me dijo que se iba a un pueblo, a Andulo a trabajar hasta mañana.  Ya lo conozco, le dije, estuve allí camino de Nharea.  Andulo es muy pequeño, pero mucho mayor que Nharea, tengo fotos, le dije.  Yo no conozco Nharea, me respondió.  No vayas, son dos calles sin asfalto.  Andulo es mucho más importante, le dije.  Importante si que es, me dijo ella, porque allí nació  uno de los líderes de la Unita.  Creo que es el único ayuntamiento en poder de este partido.  Y entonces me acordé de la única gorra de la Unita que vi y fotografié desde que estoy en Angola, y se la enseñé.

El cazador de Kuemba

El cazador de Kuemba

Cuando me pareció la hora oportuna me fui al Súper, y sigo sin darle con el nombre, porque tampoco es Hortensia, pero ya me vendrá.  Compré pechugas de pollo a pesar de que la dependienta estaba empeñada en leer en la etiqueta lo que decía, “Peru completo” y en decirme que eso no era pollo, que era Peru, otro animal.  Y está rico?  Si, si, me respondió.  Pero cómo es el Peru.  Ay, no lo se, nunca vi ninguno.  Pues estmos listos, le dije.  Mire, a mi me parecen pechugas de pollo, no sé porque dicen Peru Completo, pero me parecen pechugas de pollo.  Así que me las voy a llevar.  Si, insistió la carnicera, pero no es pollo es peru.  Las compré y nos las comimos a la plancha y una vez en el plato tenían el mismo color y el mismo sabor que las pechugas de pollo.  Ya preguntaré lo que coño significa Peru Completo.  Por cierto, baratas no fueron, no llegaban a medio kilo y pague 640 kawanzas, 6,4$.  Claro que venian congeladas desde Braga, en Portugal.

Mi carnicera

Mi carnicera

Cuando llego a la caja estaba la cajera durmiendo estirada encima del pequeño mostrador, Ay ¡Que sueño hace! le digo y me responde, no, sueño no, es que no hay clientes.  Pues aquí tienes uno.  Le pagué y al darme la vuelta me dijo impasible.  Como no tengo cambio le dejo a deber 60 kawanzas.  Pues no, mejor deme algo, unos chicles u otra cosa.  Pues no se me ocurre, me dice.  Pues como usted a mi a lo mejor no me localiza para devolvérmelos, mejor le dejo a deber yo a usted 40 kwanzas.   Qué le parece? Ay, no.  Eso no puede ser. Y esa fue mi compra de hoy. Además de unas manzanas., he comprado pechugas de un animal desconocido y encima le he prestado dinero al súper, una superpotencia económica local.

Este era el nombre que no recordaba

Este era el nombre que no recordaba

El resto de la mañana me lo pasé en la calle e intentando subirt el día 13 y 14 al blog.  Me resultó imposible.  No había internet ni en el cíber ni en el despacho de los cooperantes.  De camino me encontré a una mujer que vendía trajes de niña, de trajes de a diario y de princesita, como de boda o de primera comunión, que llevaba en una bañera en la cabeza y colgados de los brazos.  Le hice un par de fotos y me fui buscando el detalle de la ropa.  Me dijo que no, que de ninguna manera que a ella no le hacía fotos.  Le dije que solo quería hacérselas a los trajes y siguió negándose.  De pronto la llamron dos posibles clientas desde el portal de una casa y me acerqué a decirles a ellas que la convvencieran de dejarme hacer las fotos.  Cogieron ellas los trajes en la mano y aproveché para fotografiárlos.  Me parecieron muy planchados y de fiesta para llevarlos en una bañera en la cabeza y venderlos por la calle.  Pero aquí se lleva la venta ambulante.  Por cierto, que la mujer se empeñó en que le enseñara todas las fotos que había hecho y le enseñé todas menos aquellas en que salía ella.  Se quedó muy tranquila.

La vendedora de trajes

La vendedora de trajes

El cooperante llegó desfallecido a las doce.  Y la comida sin hacer!  Como ama de casa soy garrafal.  Atiende las patatas que voy en un salto a la panadería. Compré pan y un bollo dulce, que son como los bollos dulces de ahí.   Y como en la puerta estaba el manco del otro día al que una señora le había dado una pieza de pan, pues se me ocurrió hacerlo mismo.  A la salida le di un pan todavía calentito y cuando lo cogió me dijo en un perfecto castellano, gracias.  Mira, a lo mejor es español.  Con la crisis emigran hasta los pobres.  A lo mejor no es mal sitio para pedir la puerta de una panadería.  Y me acordé de algo que me pasó en el tiempo en que vivíamos en Ferrol.  Hacía poco que habíamos cumplido los treinta años, teníamos cuatro hijos, y por primera vez nos íbamos a vivir fuera de casa.  Una chica joven, que había empezado en verano a trabajar en casa, se vino con nosotros para echarnos una mano.  Sus cualidades eran escasas, pero por esas cosas de la vida se fue enredando en nuestro ajetreo y se vino con las maletas y los niños a vivir también a Ferrol.  Mi tío trabaja en la catedral, me dijo un día, no se si lo conoce.  Pues no sé, le respondí, mientras pensaba, si fuera canónigo o deán no diría que trabaja, diría que es, o sea que ha de ser un trabajador, un operario seglar.  De tiraboleiro? le pregunté. Y cuando le iba a proponer, de músico?  Me respondió toda orgullosa, no, trabaja en la Puerta de las Platerías.  Buen puesto, le aseguré. Muy bueno, me respondió.  Y por eso hoy me acordé de ella y de su tío.  Porque me pregunté si el manco también le dirá a su sobrina que trabaja en la panadería?

En la calle , en Kuito

En la calle , en Kuito

Comimos y mientras lo hacíamos cayó el diluvio y después salió el sol.  Internet siguió sin funcionar durante todo el día.  Y en un charco que se forma en la esquina anterior a la de la cafetería La Esplanada, había un hombre lavando su moto.  La obsesión por limpieza me llama la atención pues hasta los que no tienen agua en casa llevan siempre impecable la ropa.  Y es difícil ver a una persona con zapatos que no los lleve relucientes.  Empezando por los soldados claro, pero en eso aquí, como en España, es una de las funciones principales de la tropa, llevarb las botas limpias.  Otra es obedecer ciegamente a sus superiores aunque sean tan ineptos y criminales como el Ministro del Interior que hay en España.  Me enteré ayer de la muerte de los inmigrantes en Ceuta.  Y No se le condenará por asesinato?

Amigos de la calle

Amigos de la calle

Termino el día intentando renovar mi permiso de residencia, mi visado, que me lo dieron para treinta días y me he venido 34.   Tengo que pagar las tasas en un banco, hacer fotocopias en color de tres páginas del pasaporte, entregar tres fotos mías y escribir en un papel las razones por las que quiero prolongar mi estancia.  Y no vale decir que tengo el billete para el 28.

Los trajes

Los trajes

Camino del colegio

Camino del colegio

Comprando chuches a la puerta del colegio

Comprando chuches a la puerta del colegio

Companheras

Companheiras

Descando para un tentempie

Descando para un tentempie

Con un muneco blanco

Con un muneco blanco

En una calle de Kuito

En una calle de Kuito

2 pensamientos en “Diecisiete de febrero. De nuevo en Kuito

  1. Te puedes creer q ni me di cuenta q era blanco el muñeco?
    Le pedí al cooperante q les trajese a sus dos sobrinas un muñeco angolano y me dice q no hay….? Será q no hay?

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