Diez de febrero. En el mercado de Kuito

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Hoy fui al mercado a por avituallamiento, que se decía en el cuartel.  Cómo marca haber sido un soldado.  No solo te deja el morral lleno de palabras, algunas de poco uso, como avituallamiento, o de menos, como furriel, o de nombres vanos, como Ensaladilla Imperial, sino que también te enseña a valorar el tiempo a cuenta de habértelo hecho perder tanto. Y eso que yo solo fui tres meses.  Un curso acelerado de milicia.   Suficiente como para celebrar que la vida no sea la milicia tan aburrida e inútil como aquella. Que horror!  Que pecado haber escrito esta frase aquí en kuito.   Donde la vida sí es lucha, esfuerzo, derrota, quebranto  y más.  En países como este cada una de estas palabras hay que entenderla en toda la dimensión posible de su significado.  Uno de los trabajadores de People in Need, aquí en la ciudad, fue reclutado como soldado a los 12 años.  Cuando la UNITA y el MPLA llegaron al acuerdo de retirar a los niños de la guerra, a él ya no le tocó, tenía veinte.

Mercado de Kuito

Mercado de Kuito

Hoy fui al mercado, decía.  He comprado 20 naranjas, 29 tomates, creo que me tangaron uno, tres cebollas, seis aguacates, no, cinco que eran de dos clases diferentes, 30 patatas y…y…  A ver Josefa, qué compraste?  Que así decía Josefa para reclamarle agilidad a su memoria, cuando le hacía las cuentas de la plaza a mi abuela Carmen.  Y mi abuela, toda ingenuidad, iba apuntando en un libro de notas los gastos de cada día. Siendo pequeño yo estuve presente muchas veces en esas declaraciones, que se registraban siempre en la cocina y que no eran diferentes de las que presencie mucho tiempo después cuando ya estaba en edad de fumar; a los 15, me imagino.  Que fue cuando empecé a agradecer la habilidad de Josefa para aumentar el precio de la merluza, del café o del arroz, con el fin de que yo tuviera, sin perturbar a nadie, lo suficiente para mis cafés y mis cigarrillos.  Digo sin perturbar, porque cuando necesitaba dinero acostumbraba a conseguirlo por insistencia.  La víctima aflojaba antes de perecer por agotamiento.  Mi madre decía que era un sinapismo.  En algunas ocasiones busque el significado que le daba el diccionario, pero lo olvidaba al instante, me gustaba más considerar que era la forma mas cariñosa con que mi madre me podía llamar pesado.

Pues bien, hoy he ido al mercado, decía.  Y me encontré que todo se vende por pieza o por pequeños montoncitos de piezas.  Al principio creí que era porque la comida está muy cara para la mayoría de la población, como así es, hoy pagué por todo eso 17 dólares.  Pero después me di cuenta de que había dos razones mas.  No había básculas.  Así que no se puede vender al peso.  Y la segunda razón es que es muy posible que a muchísima gente le sea difícil contar mas allá de los dedos de la mano.  Solo Roque tiene esa habilidad.

El día que Roque nos sorprendió a todos al sumar 14 y 14, tal como le había pedido su prima, cuando estábamos a solas él y yo, y sabiendo que todavía en el colegio no habían empezado a enseñarles a sumar, le pregunté, intentando mostrar el mínimo interés, Roque, cómo hiciste?  Conté por los dedos, me dijo, y cuando los acabé seguí por el aire.  Hoy pensé que a lo mejor no todo el mundo tiene esa capacidad y por eso los montones de la plaza tienen tan pocas piezas.

Mercado de Kuito

Mercado de Kuito

El mercado es un galpón en el que hay dos áreas claramente diferenciadas.  La de las mujeres que venden los productos de su huerta y los de las vecinas, poca cosa, como veis en las fotos, y la otra zona donde está a la venta la alta tecnología importada de china, las chucherías y otras cosas menores.  Allí me compré yo el primer día una maquinilla de cortar el pelo, para que la barba no me fuera poniendo cara de misionero, y el día que la probé comprendí que me había equivocado, aquello no cortaba, arrancaba.  Pero la verdad es que me pasa lo mismo con las cosas que compro en Santiago en las tiendas de los chinos.  Cuando busco algo que no se quién lo puede tener a la venta, voy a los chinos.  Casi siempre lo encuentro y casi siempre lamento haberlo comprado.  Pues aquí todo viene de china.  Terrible.

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En el mercado, no es que me hartara de hacer fotos, pero hice las suficientes como para abrumaros en el día de hoy.  A las mujeres que me vendieron  sus productos y a otros de diferentes puestos y también a personas que pasaban por allí los retraté sin impedimento, aunque eso si, después de haber hecho la compra.

Vendedores del Mercado de Kuito

Vendedores del Mercado de Kuito

A la salida, ya cargado con las bolsas me pasé por la panadería, que me quedaba de camino, para comprar cuatro bollos de pan, que también se venden de cuatro en cuatro.  No se si os lo conté, pero el primer día que fui a por pan pregunté por el precio de un bollo y me dijeron, cuatro, cincuenta.  Y yo entendí, cuatro cincuenta.  Hice mis cálculos y pedí ocho bollos y me cobraron cien kwanzas.  Pagué y me marché malhumorado creyendo que me habían cobrado 100 en vez de las 36 kwanzas que correspondían.  Al llegar a casa fue el Cooperante quien me sacó de mi error.  Son cuatro bollos, 50 Kawanzas, y no un bollo cuatro con cincuenta.  Aquí todo se vende en pequeñas cantidades, a excepción de los huevos que los puedes comprar de uno en uno.

Vendedora de aguacate

Vendedora de aguacate

Cuando iba a entrar en la panadería tuve que dejar salir a una mujer que con disimulo dejó caer una pieza de pan en la mano útil de un manco que estaba sentado en el suelo.  Era la primera vez que veía un gesto de apoyo y ayuda y me alegré.  A la salida también yo, en versión ruin, le di algo al pobre.  Le dejé las monedas y los billetes que por su escaso valor siempre me entorpecen las cuentas.

Vendedora en el Mercado de Kuito

Vendedora en el Mercado de Kuito

Pedí las cuatro piezas de pan y viéndome la panadera que iba cargado con las bolsas del mercado, me preguntó si no tenía mujer.  Retardé la respuesta esperando alguna señal más por su parte.  Qué quería saber realmente y para qué quería saberlo.  Se me iba a ofrecer de ayudanta, de amante, de esposa, de cocinera?  Pero como permaneció inexpresiva le dije que si, que tenía mujer pero que estaba lejos.  En Brasil?, me preguntó.  Y ya quedé totalmente desconcertado.

Muchacho en la calle

Muchacho en la calle

Camino de casa tuve que hacer un descanso.  Elegí un muro ancho que separa la Plaza Espello da Agua de la Avenida  y sobre el que suelen colocar, los domingos, una mesa y un par de sillas donde se sienta gente  a dar charlas o a vender algo muy oficial.  Lo curioso es que no lo hacen mirando a la plaza que es donde está la gente, sino que lo hacen dándole la espalda, mirando hacia el palacio del Gobierno Regional de Bié.  A lo que no encuentro razón.  Apoyé las bolsas y comprobé que los surcos que me estaban haciendo en los dedos no eran todavía de gravedad.  Fue una torpeza mía pararme allí, en aquella plaza, portando cuatro bolsas con comida.  Una mujer coja, que se apoyaba en una muleta  se me acercó en seguida para pedir que le diera algo.  Qué hacer?  Dárselo todo y decirle después a los cooperantes de Kuemba que hicieran ayuno por los negritos de Africa como nos enseñaban las monjas?  En el colegio de Las Huérfanas, donde yo estudié de los tres a los ocho años, todos los días hacia las doce, uno de los niños de la clase pasaba una hucha, que era la cabeza de un chino, pidiendo limosna para los negritos de África. El aula era grande y de techos muy altos y tenía en uno de sus laterales unas escaleras cuyos peldaños iban de pared a pared y casi alcanzaban el techo, eran las gradas.  Allí nos sentábamos para escuchar a una monja muy vieja que nos venía a contar La Historia Sagrada, los cuentos mas violentos y dramáticos que pudiera escuchar un niño.  El resto del aula, lo que dejaban libres las gradas, lo ocupábamos los parvilitos, todos los niños y niñas de entre tres y ocho años que íbamos a aquel colegio.  Así que el espacio libre era poco y cuando se pasaba la hucha había que andar con cuidado de no tropezar.  No se por qué, el día que me tocó a mi, se me calló de las manos  e hice añicos la cabeza del chino con la que se pedía dinero para los negritos de África.  Como consecuencia fui castigado y humillado y siempre creí que con exageración por haber roto una hucha, aunque a lo mejor lo fui por arruinar todo un esfuerzo interracial.  Un católico blanco pidiendo con la cabeza de un chino comunista dinero para un pagano negro.  La hucha se me calló por incomprensión.

Puesto de chanclas calljero en Kuito

Puesto de chanclas calljero en Kuito

Como la mujer insistía en que le diera algo, cogí un bollo de pan y se lo di.  Ni la miré, no por desprecio, que va!  Sino para que no me viera avergonzado llevando tanta comida en mis bolsas.

Vecina de la oficina de los cooperantes

Vecina de la oficina de los cooperantes

Al llegar a casa comprobé que seguíamos sin luz por séptimo día consecutivo.  Os imagináis lo que sería que os cortaran la luz durante una semana?  Os lo resumo brevemente.  Solo hay agua y siempre fría cuando la da el gobierno, pocas horas al día y no se sabe cuales. O al menos yo no lo sé. No hay lavadora, ni plancha, ni nevera, ni frigorífico y no hay donde recargar las baterías del móvil, el ordenador y la cámara.  Y por las noches, como no acabas de inventar la palmatoria adecuada,  las velas lo ponen todo perdido  y  su luz, cuando vas a lavarte los dientes, hacen que veas reflejado a un zombi en el espejo.  Te imaginas meterte en la cama con esa broma macabra de verte convertido en un zombi?  Entonces oyes al Cooperante que dice, no sé lo que acabo de pisar, dejaste un zapato en el pasillo?  Y entonces, que sabes que lo de ser un zombi era una broma,  te tocas  todo el cuerpo no fuera a ser, que a lo mejor, se te cayera un trozo al venir del cuarto de baño.    Y me preguntareis, Pero no teníais un generador?  Si y todavía lo tenemos, pero solo ha funcionado un día.

Sin luz en casa

Sin luz en casa

Hoy ha vuelto a decirme el Cooperante que es un desastre este blog, que está lleno de faltas, que la mitad de las frases no se entienden y que me repito mucho, que es una pesadez leer esto.  Y es una pena.  Si, le digo, pero mas pena es tener que releerlo.  Te imaginas que todas las noches al llegar a casa tuvieras que encender la televisión para revisar  todo lo que habías hecho y dicho en ese día.  Tu expediente iba a quedar niquelado!  Pero no me dirás que no es mucho más divertido verse dos capítulos de Boardwallk Empire o de Ray Donovan.  Pero insiste tanto que voy a tener que hacerlo.  Y la verdad, casi prefiero no escribirlo.

Marca china de motocarros

Marca china de motocarros

Cada vez que releo, como divago tanto, se me van abriendo tantos caminos que acabo contando el mismo día pero trufado de otra manera.  Y entonces, al acabar, tendría que volver a releerlo y otra vez de nuevo se me escaparía el hilo…  jajaja  ahora que digo hilo.  Sabéis lo que me pasa cuando me encuentro con esta palabra? Que me sale inmediatamente sedal.  De hilo me paso a sedal.  En ocasiones es como si se me disparara el diccionario de sinónimos.  Y cuando me escucho sedal, me viene a continuación Jara y Sedal que yo relacionaba con los hermanos Ansón, cuando Luis María era director del ABC y Rafael tenía una empresa de comunicación y relaciones públicas, y entre esta empresa y el periódico, decían, andaban los dos hermanos a la caza y pesca de víctimas de su ambición.    Ya veis lo que me pasaba a mi cuando escribía o decía hilo.  Y posiblemente la culpa la tendría una de sus presas, aquel que había sido Presidente de la Cruz Roja de España,   y que optaba a ser Presidente de la Junta de Andalucía y que fue apartado de esta lucha por unas revelaciones del ABC que resultaron una tontería, pero que a este personaje le costó su carrera política. Yo le di plantón a Rafael y su hermano Luís María me paso la factura, me contaba la víctima como quien cuenta algo sabido.  Y yo me quedaba impresionado hasta el extremo que durante muchos años cuando oía o escribía hilo, me salían los hermanos Ansón.  Ahora ya no.  Uno tiene que poner límite a sus desvaríos.  Así que cuando yo decía o escribía hilo, aplicaba la misma ensayada técnica de cuando reprimíamos los malos pensamientos tan perseguidos por los curas en nuestra pubertad, que siempre nos llevaba a tener unos pensamientos todavía mas gozosos.  Así que ahora cuando  aparece en mi la palabra hilo, si me dejo ir,  estoy enseguida de pesca por los arenales de Area Longa y o Carreiro, con Sara y con Miguel  esperando que pique un sardo mientras se hace de noche en Sálvora.  Desde aquí y ahora que se hace tarde en kuito, que dolorosamente lejos está todo.

Pues ya veis como es imposible que relea.  Como mucho echo la vista mientras no cambio de párrafo y aun así resulta inútil.  Quedaros con las fotos.  Que aun teniendo fallos son más fáciles de eludir sin perder el sentido del conjunto.

Cambio de rueda sin gato.  Carencias en kuito

Cambio de rueda sin gato. Carencias en kuito

Dios!  Como voy a releerlo todo si ya voy por el cuarto folio y aun tenía que contaros que ayer, ya al final de la tarde, cuando salí a pasear después de haber escrito el blog del día, me encontré haciendo fotos en un barrio de los que no están asfaltados, donde las casas están ocultas  detrás de unos muros y donde las mujeres están en la calle, de cinco en cinco o de dos en dos, vendiendo cualquier cosa como si lo de la venta fuera la disculpa para estar al aire libre de charloteo con las amigas.

Casi enfrente del Hospital de Kuito

Empezando mi paseo

Me dejé llevar como el agua de la lluvia por las torrenteras que se habían abierto en las calles.  Primero fui hasta el hospital que es un edificio de planta baja pintado de blanco con los bordes rojos, como pudiera ser el de cualquier película que habla de África.  Y allí, a su izquierda la amplia calle asfaltada por la que había ido se hizo de tierra y lo que venía a ser la parte de atrás del chalet donde está instalada la ONG People In Need, había una mujer envuelta en un toallón, bañando a sus hijos en una bañera.  Y a partir de ahí todo se fue precipitando.  Fue surgiendo la vida del barrio.  Era domingo y la gente que había desparecido, por ser festivo, del centro asfaltado, de la ciudad, como le llaman aquí, estaba aquí, en estas calles de la periferia.

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Hice muchas fotos.  Las primeras con disimulo, como que se las hacía a la calle entera, a nada ni a nadie.  Así hasta que fui viendo que por donde andaba no resultaba peligroso.  Después me detuve con unas mujeres que tenían unas cestas delante.  Que la verdad, no se ni de qué eran.  Tardaron en dejarme hacerles fotos pero al final si no me voy me traen a todo el barrio.  Incluso tuve que retratar al chino que estaba, todavía a esas horas y en domingo, encaramado al andamio.  Al chino, al chino, hágasela al chino.  Y el chino saludaba como si fuera un artista.

Un chino trabajando al anochecer del domingo

Un chino trabajando al anochecer del domingo

Después a un hombre que estaba asomado al ventanal de su salón de belleza.  Me sorprendió intentándosela robar y me gritó.  Venga ya!  Si es solo una foto.  Para vender, para vender. No, no.  Es para mi, para enseñársela a los amigos, a mi mujer, a mis hijos.  Vale, sáquela.

En el salón de belleza

En el salón de belleza

Después a una pareja que estaban en el interior de una caseta de chapas de metal rojas.  Ella amamantaba a un niño.  Al principio se escondía y él no sonreía.  Le hice dos desde lejos, con el zoon, y luego me acerqué a enseñárselas.  Les pedí mas y tuve que insistir.  Después hablamos y la foto pierde gracia al saber que son hermanos.  No sé por qué.  Quizá porque la foto tiene mas dramatismo si creemos que son pareja, porque están como distanciados.

Jóvenes de la Avda Lisboa en Kuito

Jóvenes de la Avda Lisboa en Kuito

Le hice fotos a muchos establecimientos comerciales, porque me hacían gracia sus nombres, el relieve que pretendían darle ajenos completamente a la pobreza que trasmiten.  También hice fotos a los establecimientos a los que pese a su pequeñez se les ve con claridad la puerta de entrada y la de salida.  Porque es algo que me hace mucha gracia, que los establecimientos tengan puerta de entrada y otra puerta de salida, sin importar su tamaño.

En la Avda. de Lisboa.  Kuito

En la Avda. de Lisboa. Kuito

En mi segundo día en Angola, cuando estábamos de viaje a Kuito, alguien de los que íbamos en el coche decidió que parásemos en un supermercado que hay a la entrada de la ciudad y a donde ahora vamos a menudo porque es el único que vende Coca Cola Light o Zero.  Un lujo!  Pues bien, yo con ánimo de estirar mis nerviosas piernas aproveché para bajar del coche y entrar a curiosear cómo era un súper en Kuito.  Al entrar oí una carcajada general  y la volví a escuchar cuando me iba, no le di importancia pues no pretendía enterarme de todo el primer día.  Fue cuando ya estábamos en el coche cuando todos comentaron con gracia mi despiste, había entrado por la salida y salido por la entrada.  Por eso esta foto, la norma llevada al extremo.

Avda de Lisbo- Kuito

Avda de Lisbo- Kuito

Después ya casi al final, cuando el sol ya estaba casi caído, me llamó un hombre que estaba subido a un montículo de arena.  Estaba vestido de rojo, con un pantalón de chándal y una camiseta de un equipo de fútbol.  Me dijo que a lo mejor mañana iba a querer que le hiciera una foto.  Le desanimé, le dije que yo era muy mal fotógrafo.  Entonces empezó a preguntarme de dónde era, que hacía en kuito, donde vivía, con quién había venido y yo dócilmente le fui contestando a todo.  pero insistió tanto en saber donde estaba viviendo que comencé a alarmarme ligeramente.  Al final sabía de mi casi todo, excepto donde dormía, pero sí que sabían de mi en People in Need, que al fin y al cabo eran los que me habían conseguido el visado.  Le dije adiós y me marché diciéndole que se hacía de noche.

Madre e hijo en un barrio de Kuito

Madre e hijo en un barrio de Kuito

Un poco más tarde, como unos doscientos metros mas lejos, un hombre se acercó a mi con palabras y gestos muy autoritarios, quería saber si yo tenía permiso para andar haciendo fotos.  Carnet de fotógrafo? le preguntaba yo.  Y el hombre insistía en que quería papeles, papeles.  Anochecía, yo acababa de hacerle una foto a una madre y a su hijo, que creí que podría haber quedado muy bien.  Así que si me quitaba al pesado de encima me iría para casa corriendo.  Pero el hombre insistía y como yo no le veía solución, le saludé muy educadamente y me fui alejando. Y no pasó nada, hasta que unos borrachos me llamaron para que me acercara, eran como quince y tendrían entre veinticinco y treinta y tantos años.  Todo va bien? me preguntaban unos.  Venga aquí, me decían otros haciendo gestos para que me acercara.  Acabé yendo a su lado.  Todo va bien?  me preguntaron cuatro o cinco veces más distintos muchachos.  Si, si, le decía yo.  Pero podía ir mucho mejor.  Ah! Si, si,  podía ir mucho mejor.  Les hice unas fotos de compromiso, se las enseñé y me marché.

Mujer de un barrio de Kuito

Mujer de un barrio de Kuito

Ya era imposible que me saliera una foto bien si no encontraba donde apoyar la cámara.  Así que aceleré el paso y traté de orientarme, de ir acercándome ya a nuestra casa.  No tenía ni idea de donde estaba.  Sabía que no podía estar lejos porque no hacía mucho había cruzado una calle asfaltada, posiblemente una carretera, así que si seguía dejándome caer hacia la izquierda estaría pronto en algún lugar reconocible.  Y pronto me orienté.  Me encontré en una casa bombardeada que está habitada por los más desheredados de Kuito, como si fueran los yonkis de la ciudad, y por donde yo había pasado hacía unos días.  El antiguo jardín de la casa me separaba de ellos unos diez metros así que pasé sin temor pero sin atreverme a disparar la cámara, lo hice al final de la parcela, cuando entre ellos y yo había , por lo menos, unos cincuenta metros.  Veréis que horror.

Chico en un barrio de Kuito

Chico en un barrio de Kuito

Como os dije este paseo por el barrio me lo di ayer, justo al terminar de escribir el blog del día.  Después, por la noche le comenté al cooperante el interrogatorio al que me había sometido el hombre que estaba encima de la montaña de arena vestido de rojo.  No le gustó nada.   A las cuatro de la mañana me desperté sobresaltado por la presencia de aquel hombre en mis sueños.  Cuando me levanté, a las seis, me puse a suavizar el texto que había escrito. Y aun así, una vez subido a la red, me quedé preocupado.

Barrio de Kuito

Barrio de Kuito

Bueno, aquí dejo este diez de febrero.  Mañana nos vamos a Kuemba, allí no hay luz nada más que tres horas al día.  Allí no hay bares, ni restaurantes, ni donde comprar nada de comer que no sea lo que nos pueda vender la gente del campo.  Tampoco hay agua caliente.  Para bañarse está el rio.  Los hombres corriente arriba del lugar donde se bañan las mujeres y lavan la ropa.  Los cocodrilos todavía mas lejos.  Y los leones también.  Es un municipio rural, a cinco horas por una carretera de baches profundos.  Un viaje de traqueteo agotador.  Un municipio muy grande que tiene uno de sus núcleos de población a casi doscientos kilómetros de la capital del municipio.  Posiblemente no podamos establecer contacto hasta el viernes o el sábado que viene.  No hay internet y tampoco funcionan los móviles.  Hay una cosa buena.  La que manda en el municipio es una mujer que está empeñada en que los ciudadanos de su ayuntamiento vivan una vida más justa.  Por eso le ha abierto la puerta a estas ONG para que le ayuden a mejorar.  Pero creo que lo primero que tengo que hacer es presentarme y pedirle permiso para hacer fotos.  Y si no me lo da?

Casa bombardeada  en Kuito

Casa bombardeada en Kuito

Vecina de un barrio en quito

Vecina de un barrio en quito

Vecina con un hijo en Kuito

Vecina con un hijo en Kuito

Vecina de un barrio de Kuito

Vecina de la Avda. Lisboa de Kuito

Avenida de Lisboa.  Kuito

Avenida de Lisboa. Kuito

9 pensamientos en “Diez de febrero. En el mercado de Kuito

  1. El mejor día de todos! No releas, me encantan tus rollos!!
    Me dejas preocupada cuando leo estas cosas… No salgas sólo al anochecer y no te alejes….
    La abuela del cooperante echa de menos a su sinapismo!! Le manda besos!!

  2. MANDA AL CUERNO AL COOPERANTE. SI TE QUIERE CENSURAR SE LAS VERA CONMIGO¡¡¡¡.
    COMO SEGUIDOR INCONDICIONAL, NO LE HAGAS CASO. FIATE DE TUS “FANS”.
    CUIDATE MUCHO
    ABRAZOS
    MR

  3. ESTÁ GENIAL TU BLOG!!! COMO ME HE REIDO Y ME PARECE MUY EDUCATIVO E INTERESANTE. ADEMÁS ME HAS DEJADO PARVA CON LA CALIDAD DE LAS FOTOGRAFÍAS. EL COMO TE MIRA LA GENTE. ESTÁN MOSTRÁNDOSE COMO SON. DALE MUCHOS BESOS A JAVI. YA SOY FAN!

  4. jajaja, no puedo parar de reír, con contar por el aire, desde el hilo hasta Ansón, hasta consigues que me ría de que llevéis siete días sin luz. Si yo estuviera ahí seguro que lloraría, pero no de risa, de miedo!! Haces que todo parezca genial, ahí y aquí. te echamos de menos. Muchps besos. Ah y me encantan las fotos las de las mujeres con los niños impresionantes!

  5. Buenas Javier y cooperante, a modo de aportación, te recomiendo para las velas, que uses garrafas de cinco litros de plástico, yo las uso para iluminar cuando duermo en playas, les haces una ventana, en un lateral, rellenas cuatro dedos de arena de playa(la que está cerca de la orilla) y pones una de esas velas blancas dentro, te vale tanto para tener dentro como fuera de casa, y además puedes llevarla de paseo. la vela no se apaga ya que no le entra viento(quitar tapón) si tienes dudas te mando una foto de como lo hago.
    Reitero, muy recomendable por que la luz se multiplica por el reflejo del plástico.
    muchas gracias por el blog!
    un abrazo!

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