Dos de febrero. Veraneando en Benguela

Calle de Benguela

El cooperante entró en el Supermercado Calmadito a comprar el periódico.  Eligió O País, que es un periódico angolano.  Lo digo por aclarar.  Le quisieron cobrar 500 Kwanzas, porque hoy venía con una revista, y como le pareció excesivo buscó el precio en la cabecera del periódico.  Y Oh!  Sorpresa!  Ponía exactamente:  “Precio: 2,50 Kwanzas incluida la revista.  No pague el doble”.  Y se lo leyó a la del kiosco del Calmadito.  Y después le dijo, lo ve, solo me puede cobrar 2,50 Kwanzas, lo dice aquí.  Y señaló con el índice donde venía escrito en la portada del periódico.  Pues a ese precio no se lo vendo, le dijo la señora.  Y nos quedamos sin leer la prensa del domingo.

Super Calmito

Le preguntamos a un policía uniformado, nos atrevimos a acercarnos a uno, que dónde estaba la estación de ferrocarril, que aquí llaman Estaçao de Comboios, y seguimos sus indicaciones caminando.  Pasamos calor. En la estación no había nadie, solo dos hombres jóvenes sentados en un banco, jugando con sus móviles.  Resultó que eran trabajadores d o Camiño de Ferro, los que tenían que estar en la ventanilla, pero debían de encontrarse mejor fuera jugando a ser viajeros que no van a ninguna parte.

Estación de Benguela

Fueron amables y nos contaron todo lo que queríamos saber, que para ir a Lobito solo teníamos un tren a las seis de la mañana y en una hora haríamos los 30 kilómetros que separan Benguela de Lobito.  Y si queríamos volver en tren a Kuito desde Lobito nos iba a llevar mucho tiempo, solo hasta Huambo había 11 horas de viaje  y de Huambo a Kuito no nos lo dijeron.  Debieron de ver la cara de terror que se nos ponía porque de esa segunda etapa del viaje ni hablaron.

Estación de Benguela

De la Estaçao de Comboios decidimos ir, también andando, hasta la estaçao de Macon, que es la empresa de autobuses que hace nuestro trayecto.  Allí la información fue un poco compleja. Aunque los autobuses que van a Kuito desde Benguela pasan por Lobito, no vendían billetes para ir solo hasta Lobito.  Nos aconsejaron que fuéramos en taxi.  Visto lo visto, le preguntamos si una vez en Lobito podríamos coger un autobús para Kuito o teníamos que venir a Benguela.  No, no, pueden subirse en Lobito.  Era por si acaso.

Cochera de los autobuses Macon en Benguela

Me interrumpe El Cooperante mi relato y me mete prisa para irnos a comer.  Y nos vamos.  Volvemos a la Playa Morena, le llaman así por el color de la arena que es un poco mas oscura que la de Bahía Azul o Bahía Blanca.  Caminamos hacia el sur como unos quinientos metros más allá que ayer, hasta donde se acaba el paseo, la calle que separa las casas de la playa.  Después hay astilleros, creo.  O por lo menos es zona de trabajo.

Comité Provincial de Benguela

Comimos en el restaurante de un blanco, que es, según me dijo El Cooperante, como la mayoría de los restaurantes de Namibia.   Una empalizada redonda de madera con un tejadillo que baja de los bordes al centro, donde queda al descubierto una zona circular mucho mas pequeña.  Es todo de madera y las columnas que en el centro soportan el tejadillo están labradas con detalles africanos.  En fin, como una churrasquería de las nuestras de fuerte sabor rural, decorada con ruedas de carro, sachos y otros aperos de labranza, pero en africano.  El dueño es blanco y no me extrañaría que fuera de Tras Os  Montes o del mismísimo Xinzo de Limia.

Jardines frente al Palacio del Comité Provincial de Benguela

Comimos bien un churrasco de pollo y unas costillatas de cerdo.  Yo, además, me excedí y tomé un bizcocho de chocolate que no fui capaz de acabar aunque estaba bueno.  Por tofos pagamos 4.050 Kwanzas.  40, 50 dólares.  Normal.

Jardines del Palacio del Comité Provincial de Benguela

La mayoría de los que estábamos comiendo éramos blancos.  Al Cooperante no le gustan los europeos.  Suelen ser muy estirados, muy exigentes y muy déspotas.  Posiblemente sea verdad.  El otro día, en el mercado de Kangala, vi como un hombre blanco y con bigote que se acababa de bajar de un todoterreno se acercaba a un puesto de verduras ante el que no había nadie y empezaba a dar voces.  Daba gritos de enfado como si estuviera riñéndole a todas las vendedoras del mercado.  Al poco se acercaron unas mujeres atemorizadas y se pusieron atemorizadas delante de las cestas de verduras.    Como la bronca parecía ir solo con ellas, vinieron mujeres y niñas de todas partes a ofrecerle a aquel señor que reñía tanto todas las verduras y frutas de África.

Valla en una calle de Benguela

Al señor blanco y de bigote lo volví a ver en Kuito tomándose unos güisquis  en la cafetería de la explanada.  Estaba con otros hombres blancos, posiblemente cubanos y con dos angolanos muy callados.  El gritón, en ese momento me pareció un pobre hombre que se crecía en las aldeas de la carretera que viene de Luanda.

Heladero en una calle de Benguela

Por supuesto que entré al trapo de El Cooperante para decirle que no, que no son los europeos así, que son todos los hombres inseguros e incultos los que adoptan ese comportamiento, pero que no tiene nada que ver el color de la piel ni su origen.  Que es el comportamiento típico del hombre que carece los valores… que patatín y que patatán.  y decidí cortarme pues me veía soltando uno de esos rollos de sobremesa que tanto temo a los borrachos.  Y yo ya llevaba dos Coca Colas.  Pero antes de enmudecer le dije:  fíjate que la mayoría lleva los brazos  tatuados.  O son ex  futbolistas o marineros.  Y me quedé tan tranquilo.  Y el Cooperante se pidió un café.

Chapuza callejera en Benguela

A la salida estaban unas mujeres angolanas sentándose a comer.  Iban muy ceñidas y muy exageradas en su acicalamiento  y tuve la mala percepción de que iban a la caza del blanco desbordante de espermatozoides.  Buscan al blanco rico, dije.  No te engañes, me dijo mi acompañante, aquí los ricos son los angolanos.  Y es verdad, le dije.

Casa en Benguela

Cruzamos la calle y nos fuimos a sentar al pequeño muro que la separaba de la arena.  Había miles de niños jugando.  Parece un hormiguero, le dije.  Y tuve la sensación de haber hecho un  chiste racista.  Y lo lamenté; pero estuve como media hora pensando que es así  la expresión en español ante un lugar atiborrado de gente sea cual sea el color de su piel.

Casa en Benguela

Como podéis ver no tengo fotos de la Playa Morena.  (Todas las que cuelgo son las que hice en el paseo matinal, cuando nos fuimos a preparar el viaje a Lobito) Me obligó el cooperante a dejar la máquina en el hotel.  Le dije que lo iba a poner aquí, que se lo iba a decir a todo el mundo.  Hazlo, me dijo, y dile lo pesado que eres, lo mucho que me avergüenzas.  Y me reí.  Porque estaba pensando en escribirlo todo, incluso lo que me dice siempre cuando vamos por ahí y no me dejo la máquina en el hotel:  a esa mujer no le hagas que la molestas, a esa casa no que te llevan a la cárcel, a ese edificio no que te están mirando los guardas; cuidado, cuidado que vienen los soldados hacia aquí … Que te fusilan!  Fue una pena porque de verdad que estaba para hacer fotos la Playa Morena.  Imaginaros: cuarenta grados y domingo por la tarde.  Estaba todo el pueblo.

Casa en Benguela

Por cierto que le pregunté a los cooperantes de Benguela y a la inglesa dueña del hotel en que nos alojamos por la Playa Morena.  Los cooperantes no dudaron en descalificarla por sucia, que a esa playa daba el barrio de las museque, que es así como le llaman a lo que nosotros decimos chabolas.  La gente aquí es muy sucia y tira todo al mar.  Como nosotros, pensé yo.  E hice recuento de las rías podridas que tenemos en Galicia, de las playas que la Xunta no cierra en verano pese al informe de los inspectores de sanidad y a la demanda de Europa sobre los dineros gastados que tenían que haberse invertido en depuradoras urbanas y en las vieiras.  En las vieiras! Siempre me avergüenza comer una vieira a la que hay que extirpar medio cuerpo para que no nos mate.  Y más vergüenza todavía me da el hecho de que una empresa tenga la exclusividad del extirpado. Un tangazo como el de las ITV, que la tiene una empresa en exclusiva. Y…  No sigo pero creo que los angolanos son unos ángeles comparados con nosotros.   Y si no estuvieran las máquinas en las mañana s de verano limpiando nuestras playas?

edificio de pisos en Benguela

La inglesa fue más comprensiva.  Es una playa que tiene fama de sucia, dijo, pero yo me baño de vez en cuando en ella.  No está mal.  De verdad que pueden bañarse.  Ella en este domingo de cuarenta grados se había ido a dar un chapuzón a Bahía Azul.  Pues ayer, le dije yo, estuvimos nosotros en la Caotinla y estaba muy sucia.  Es posible, me respondió, pero hoy el mar se lo había llevado todo.

Casa en Benguela

En algunos municipios del interior de Angola llaman chinos a todos los hombres de color claro, ya sean chinos, japoneses, tailandeses, americanos o europeos.  Yo, que tan solo tengo un poco mas de mundo, les llamo chinos a todos los orientales aun sabiendo las profundas diferencias que hay entre un chino y un japonés.  Pero es que, como a ellos, me cuesta diferenciar a un chino de un tailandés, por ejemplo.

Vestidos de domingo en Benguela

Y ayer, en el bajo banco corrido que separa la arena de la Playa Morena de la acera de la Avenida, estaban sentados unos chinos.  Y me extrañó que ellos también supieran de los sábados ingleses.  Os acordáis los mayores?  Que era como le llamábamos a los sábados en que empezaba a no trabajarse por la tarde.  Y también había “chinos”, creo que tailandeses, en la playa de Caotinha, que estaban allí comiendo y habían dejado la playa llena de porquería, ampliaré la foto.

Comida en la Playa de Caotinha

Y terminando con esto, deciros que los chinos de la China están haciéndose con toda áfrica.  Están invirtiendo un montón de esfuerzo y de dinero, corrompiendo, me imagino, y llevándose todas las obras públicas.  Dos ejemplos.  En Etiopía, la Unión Europea había concedido una cantidad de dinero para renovar toda la vía férrea del país, la que atraviesa de Addis Ababa hasta Jibuti.  El dinero lo ponían España e Italia, países tan transparentes ellos en su gestión pública, que dejaron en manos exclusiva de etíopes hacer la obra.  Levantaron la vía y se le acabó el presupuesto.  Fueron los chinos los que vinieron a solucionar el problema para que Etiopía no se quedara sin tren.   En Angola, son también los chinos quien están renovando os camiños de ferro.  Mirad la foto.  No me digáis que la estación de Huambo no parece un apeadero de Pekin.

Estación de Huambo

Por la tarde nos fuimos a la playa de Bahía Azul.  Los cooperantes de Benguela quedaron en pasar a buscarnos a las cinco.  se retrasaron e hicimos tiempo en la placita de delante del hotel viendo a los niños jugar al fútbol en la calle, como ocurría en España en los años cincuenta.  pero aquí, niños del centro, de estas casa que salen en las fotos, juegan sobre el asfalto descalzos o compartiendo un par de botas de fútbol.  es decir en un pie una chancla y en el otro una bota o, en el otro caso, en un pie una bota y el otro pié descalzo.

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Bahía Azul es la segunda playa de Benguela viajando hacia el sur.   Está en la misma bahía que Caota, digamos que es su continuación hacia el sur.  Hoy domingo resultaba una playa familiar pero cuando llegamos  ya estaban de recogidas.  Llegamos pasadas las cinco y media y el sol comenzaba a escaparse por detrás del acantilado a cuyo pié nos bañamos.  Además,  aquí se hace de noche sobre las siete menos cuarto de la tarde.  Fuimos casi los últimos en abandonarla.

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Como la de ayer, la Caotinha, esta también estaba cercada por las viviendas particulares de tal manera que solo había dos entradas a la playa que contaba con un amplio parking asfaltado.  Parecía una playa urbana en el medio del campo.  La calidad de la arena es buena, donde no ha sido sepultada por las de las obras de las viviendas que la cercan.  El agua templada, maravillosa, aunque algo turbia.  No se si por efecto del  movimiento del mar o por el color de la arena que me pareció tan morena como la del centro de Benguela.

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Antes de que construyeran hasta el borde mismo del arenal debió de ser una playa extraordinaria.  Ahora esta muy estropeada.  Es curioso lo que no consiguieron hacer en la ciudad lo han hecho con las playas de los alrededores.  Un poco de construcción indiscriminada acabó por  estropear unos paisajes preciosos.  Una pena.  Y, por supuesto, no los sacó de pobres.

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Benguela es una ciudad que se mantiene tal como se concibió en un tiempo en que no había, posiblemente otra intención que albergar a los que tenían posibilidades económicas que no eran muchos.  No hay mas que darse un paseo y ver los pocos edificios altos que se han construido y la cantidad de parques y jardines que tiene.  Es una ciudad que sorprende por la calidad de vida que parece que hay en ella.  No tiene nada que ver con las otras ciudades angoleñas.  Nada que ver con Huambo ni con Luanda y, por lo que me dicen, tampoco con Lobito a donde iremos mañana camino de Kuito.DSC_0241 Está claro que con buen tiempo las penas son mayores.  Benguela resulta una sorpresa dentro de Angola.

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