Veintidos de enero. Vísperas

Hoy fue día de despedidas y de templar gaitas. Seguro que ya algún sabio, como hizo Arquímides con el volumen, ha formulado la energía que se desprende de cualquier desplazamiento.  Me gustaría saberla para calcular exactamente cual es el esfuerzo que tengo que realizar para contrarrestar la que se produce con estas marchas mías a África. Al final parece que todo quedó en nada pero hubo conatos de incendios.

Mi madre que, en ocasiones,  modera su optimismo natural con  fuertes dosis de realidad, me decía hoy mismo,  es verdad que cuesta mucho morirse.  Tenía fiebre, posiblemente fruto de un resfriado.  Que me vaya tanto tiempo, ella cree que son tres semanas, le parece un periodo demasiado prolongado para estar tan lejos.  En tres semanas todo se puede desatar, piensa.  Ella que no se atreve a reservar vez en la peluquería de un día para otro, para no provocar.  A mi edad ya tan solo puedo vivir al día, ya no puedo hacer planes, me dijo en alguna ocasión.  Le parece que esperar veinte días para verme es todo un desafío.  Y de alguna manera me acompaña en este viaje cierta congoja al dejarla preocupada  por mi y con fiebre.

Mj se quedó con la casa levantada y los pintores esperando instrucciones para dejar los muebles en su sitio.  Su hija Ca ha quedado en ayudarle.  Esperemos que todo termine antes que la combinación explote.

Cuando me acuesto todo está en su sitio, las tormentas han remitido.  Solo me dan la lata las cervicales.

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